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martes, 22 de diciembre de 2015

El gordo

22 de diciembre.
Muchas cosas pasan el 22 de diciembre.
Para nosotros, era nuestro último día de prácticas. El último día de las primeras prácticas de nuestra vida.
Había sido un mes y medio complicado, con muchas idas y venidas, muchos subidones y muchos (muchísimos) bajones.
Así que siendo este nuestro último día esperábamos que el único gordo que nos tocase fuese uno que pudiese mandarnos a unas buenas vacaciones de "invierano" a Australia.
Cuan equivocados estábamos...

Llegamos al hospital dispuestos a tener un día relajado, de despedida, divertido... Nada más lejos de la realidad. Al pasar los controles a primera hora de la mañana te encuentras con pacientes con fiebre, nada fuera de lo normal, así que a un paciente se le medica para que le baje la fiebre. 15 minutos después ya no había paciente.

¿Muerto? Pero... ¿qué?
Tras más de un mes consiguiendo que todos mis pacientes sobreviviesen a mi turno el último día se me muere uno. Es un palo importante, sobre todo para la familia que ni siquiera se había enterado (en algunos pacientes la diferencia es prácticamente nula).
Así que toca, primero, comerse el marrón de ir a la habitación a hablar con los familiares y segundo, desmantelar al paciente (que técnicamente ya es un cadáver) y toda la habitación. Muy turbio todo.

Luego te olvidas del tema y sigues con lo tuyo, que lo que sobra son cosas que hacer.

A media mañana por fin puedes disfrutar de tu descanso, pero recuerdas que los resultados de las analíticas te esperan en preventiva así que vas. Todo esto, claro, sin haber tenido un triste minuto libre para comerte una galleta o algo, así que sigues en ayunas.


Al llegar a preventiva (sin cita, como debe ser) nos dicen que esperemos un "minutito" que en seguida nos atienden. Sí, un minutito. Pero en unidades del sistema internacional no, ese minutito venía en unidades de publicidad de Antena 3.

Una hora y media allí esperando nos tuvieron los muy desalmados. Y nosotros que estábamos en un supuesto descanso de 30 minutos. El último día y escaqueando más que en todo el mes.
Para cuando se dignan a hacernos caso resulta que lo que creíamos que era ir a ver unos simples resultados se convirtió también en lo que podríamos llamar "excursión a (des)preventiva 2.0". 
Primero vimos los resultados. Nunca, repito, nunca jamás, tendrás tanto miedo de un positivo o un negativo y lo que puedan significar. En cuanto aparece tu historia en la pantalla buscas desesperado los resultados. Rubeola... me da igual. Sarampión... ya lo pasé. VHC, VIH... todas las V... bueno, parece que salimos vivos de las primeras prácticas.
Pero, sorpresa, el tener que memorizar tanta información en los últimos años ha hecho que te olvides de tu inmunidad a las hepatitis. Bueno a lo mejor no es por eso, pero el caso es que tienes que volver a vacunarte. Y vas a empezar hoy, para qué esperar.
Cuando te ponen una vacuna no te duele la aguja, eso casi no lo sientes. Lo que te duele es la vacuna mientras va pasando. Sobre todo si te la pasan rápido (incluyo aquí mi agradecimiento especial). Así que ahí estás tú en tu último día sufriendo el dolor, viviendo esa típica escena:

La imagen es cruel, lo sé.



- Aguanta, vamos, no me dejes!

- Y pensar que solo me quedaba un día para retirarme...





Al terminar volvemos a la unidad con dos horas de retraso y un dolor en el deltoides importante. No hace falta decir que nuestra ausencia se ha sentido y nos la echan en cara. Justo el último día. Para que se acuerden de nuestra vagancia al poner las notas (lo nuestro es mala suerte).
Para cuando llegamos ya ha salido el gordo. Y le ha tocado enterito a un pobre paciente que va a terminar la mañana atacado por todas partes, Análisis, dos tomas de hemocultivos, muestras de mucosas en orificios que prefiero no nombrar y gasometrías. Además tiene fiebre. Está claro que cuando viene lo malo, viene todo junto. Tras dejarlo vacío de sangre damos por terminada la mañana.

Toca despedirse, después de más de un mes allí. En el fondo es más bien un hasta luego, teniendo en cuenta que ellas van yendo para dónde les lleve la vida y no me extrañaría que volviésemos a coincidir en otra unidad. Hasta entonces, ha sido un placer, aunque no pienso volver a pisar un hospital hasta el semestre que viene así me desangre en la calle.

domingo, 20 de diciembre de 2015

Diferentes tipos de venas

Como digestivo va de coger vías, lo importante es saber encontrar la vena, y pincharla bien, para ello lo primero es diferenciarla, y en esta entrada os relataré un poco los diferentes tipos de venas que existen.

En primer lugar están las venas de la gente del gimnasio, esas de las que te enamoras en cuanto las ves porque sabes que acertarás a la primera.


Una variante son las venas por falta de masa muscular, las cuales también ves, aunque aquí lo que te preocupa es no romperle el brazo a la persona mientras le pones la vía.

También están las "venas varilla", que son las finitas que casi ni ves, y rezas para que sobresalgan al poner el compresor.


También tenemos las invisibles, que son las que sientes, y sabes que están ahí porque la notas, pero que es experta jugando al escondite, ya que ni con el compresor sobresale para que la veas. Este tipo de venas se siente con la práctica.


Otras son las "venas bailarinas o bailonas" esas que bailan más que yo saliendo un sábado y que al intentar clavarles la aguja, se ponen a bailar bachata y se desvían. Un consejo, cuando sientas unas así, avisa a la enfermera experta.


Y si en el brazo no encuentras ninguna, siempre nos quedará el dorso de la mano, aunque esas venas serán un poco más dolorosas.

sábado, 19 de diciembre de 2015

Preventiva en consulta.

En preventiva también se encargan de detectar la tuberculosis, o por lo menos de detectar nuevos casos. Para hacerlo te mandan a la consulta del piso de arriba, y allá vas tú de un lado para otro, buscando la puerta que es y preguntando a cualquier alma caritativa que se te cruza en el camino. Lo intentas primero con gente de pijama uniformada, pero como casi no ves a nadie te tenes que resignar, bajar tu orgullo y preguntarle al primero que ves, a ver si por suerte alguien sabe el lugar.


La tuberculosis es según la OMS: Una enfermedad infecciosa y una de las principales causas de mortalidad a nivel mundial. Aunque parece una cosa terrible y muy grave, esta enfermedad es prevenible y curable. Se transmite a través del aire, cuando la persona infectada y contagiosa tose, estornuda o escupe; pero aunque una persona se infecte, la bacteria puede permanecer latente (inactiva) durante años. También es importante saber que las personas con mayor riesgo de enfermar de tuberculosis son los ancianos, los bebés y las personas inmunodeprimidas (VIH, quimioterapia, etc.).

En la consulta lo que se hace es el Mantoux y extracciones de sangre para el IGRA. Ambas son pruebas para detectar la tuberculosis. El Mantoux consiste en una inyección intradérmica de PPD, con la que se pretende detectar si la persona tuvo contacto con la bacteria que produce la tuberculosis, aunque en su defecto también puede dar reacción a las personas que pusieron la vacuna, llamada BCG. El IGRA es un análisis de sangre de la persona con riesgo de infección, una prueba mucho más exacta que el Mantoux.


Lo mejor de todo es cuando te dejan poner un Mantoux por primera vez, porque no sabes como se administra, y lo que haces es inclinar de más la aguja, por lo que en vez de intradérmica es subcutánea, y en ese momento quieres desaparecer. Tienes el consuelo de que a esa persona en particular le iba a dar negativo, según lo que te dice la enfermera que es la que tiene experiencia, así que, sin preocupaciones, aunque eso sí, la próxima vez tienes mucho más cuidado.


sábado, 12 de diciembre de 2015

Vamos de paseo

Aparte de estar en la consulta esperando, también está el momento de "visita a pacientes", y realmente es algo que agradeces. Porque estar allí abajo en la -1, mirando continuamente el reloj deseando que pasen las horas mientras no llega nadie, es desesperante. Y de repente llega la maravillosa hora en la que la enfermera se levanta, te mira y dice: "Venga, vamos a planta", y claramente te levantas corriendo, con los ojos iluminados y tropezando con todo (porque allí mucho espacio no hay).


Todo el mundo os saluda al pasar, y tú saludas y sonríes (en realidad la saludan a ella, y a ti por educación, pero tú te sigues sintiendo importante). Vamos directamente a las habitaciones indicadas (varían dependiendo de las personas que lo necesiten) sabiendo exactamente quién está en ella, en qué cama, y qué le ocurre y ocurrió durante su hospitalización. Por lo menos, ella lo sabe, tú lo miraste abajo en la consulta pero ya se te olvidó justo cuando ibais a visitar al 3º paciente y no sabías si llamarle Antonio, Fernando o Carmen, así que al entrar rezabas para que la enfermera no solo dijera un "Hola, ¿que tal todo?" y que mencionara en algún momento su nombre.

Luego está el curioso caso de los privilegios del hospital, hay gente con camisón y gente con pijama. Mientras estás visitando al recién operado, te pide que si le puedes dar un pijama, porque seguramente al día siguiente pueda levantarse y pasear y claro, con el camisón o eres un exhibicionista o no se puede. Entonces tú, con tu alma bondadosa y compasiva, te apiadas del pobre señor y se lo pides a una enfermera, pero no llegarás a descubrir si se le concedió ese privilegio hasta el siguiente día que vuelves, porque las visitas son más rápidas que las del médico.


También está el privilegio del soporte del suero, que eso ya no es ir subiendo en la escala de buen paciente del hospital, eso es la suerte que tengas. Uno chirría, a otro le falta un trozo de una rueda... y eso no lo sabes hasta que lo tienes que usar. Lo mejor de todo es cuando le preguntas a una enfermera si te lo puede cambiar, en ese momento hay diferentes respuestas emocionales, unas se ríen, otras ponen los ojos en blanco, otras se entristeces y luego están las que se enfadan; pero la respuesta será la misma: "lo siento pero no hay más que esos". Así va sobreviviendo la sanidad española.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Excursión a (des)preventiva

Hoy es uno de esos días en los que ya te despiertas con ganas de no hacer nada en todo el día. Y así serías feliz.
Porque un puente de 4 días no es suficiente y que la semana haya empezado un miércoles no significa que tú tengas que salir de casa a las tantas de la mañana con ganas de comerte el mundo.
Así que, cuando te dan la oportunidad de escoger un día para ir a preventiva, escoges uno en el que ya sabes que vas a dar gracias por no tener que ir a las 8 a las prácticas. Y escoges hoy.


Con casi una hora más de sueño nos dirigimos hacia la unidad de medicina preventiva. Si nunca has estado, es físicamente imposible que seas capaz de encontrarla. Puede que ellos tampoco quieran ser encontrados... quién sabe. La cuestión es que habitan un pasillo sellado por puertas que cualquiera confundiría con un "solo personal autorizado". También es cierto que vestidos con un pijama blanco ya se nos considera personal autorizado...


Ya nada más llegar nos explican que lo único que vamos a hacer hoy es sacarnos sangre, y ya cuando lleguen los resultados veremos si hay que vacunarse o si tenemos alguna divertida enfermedad escondida. Lo más curioso de todo es que el control vacunal se hace para las prácticas, pero los resultados de los análisis llegan el día que se acaban las prácticas. Sanidad pública, eficiente y de calidad. Eso siempre.


Así pues, una vez atendidos nos llevan a hacer las analíticas. Y claro, como somos de prácticas pues ya nos pinchamos entre nosotros. Ya he comentado anteriormente que yo y los pinchazos en vena no somos muy amigos, así que el tener que pincharnos entre nosotros no me pareció la idea del año precisamente.
Para mejorar el panorama tuve que pinchar a mi compañera, sí, la que se dejó las venas en su casa. Pero no en su casa de aquí. No. Las dejó en una casa que tiene allá por las antípodas.
Si no tuviese pulso probablemente pensarías que es un brazo de simulación para laboratorio. Pero había que pinchar, así que con un poco de palpación (y mucha imaginación) encontré una supuesta vena. La suerte quiso que esa supuesta vena fuese realmente una vena, porque el desastre podría haber sido épico (y tenemos camas libres en paliativos para este tipo de desastres).
Mi sistema nervioso decidió en ese momento llenarme de inspiración para que el sudor, los mareos y la triple visión no hiciesen acto de presencia, pudiendo así sacar sangre (de forma normal).
El problema vendría cuando me sacaron sangre a mí.


La gente se queja cuando tienen las venas muy profundas, o que no se les ven bien. Yo tengo un mapa callejero de Ciudad Venal Real en los brazos. Nadie parece hablar del problema que supone tener las venas superficiales. Es un trauma vivir así. Podéis tomároslo a broma pero con este problema subsistente en la población cualquier esquina de una mesa es potencialmente mortal.
Y cualquier aguja duele, mucho. El que solo hubiese que llenar dos tubos lo hizo menos angustioso, pero eso más que tubos parecían camiones cisterna... que lento pasa el tiempo cuando tienes un aguja dentro de ti. Que no hubiese que ir en ayunas también facilitó el que no me desmayase por un bajón de fuerza vital espontáneo, aunque espero que no analicen el colesterol, que mis desayunos son bien consistentes.
Ahora toca esperar por los resultados, que nunca se sabe quién se puede ir a las navidades con un VIH de regalo.

Bisturí y a lo loco

Por si aún no se os ha revuelto mucho el estómago, seguiré hablando de ostomías, que estos días es lo que toca. Pero tranquilos que no habrá muchas entradas más, ya que a pesar de ser un tema interesante (sí, después de una semana allí te acaba interesando y todo, que no es lo mismo que gustar) es un tanto repetitivo, así que me dará para una o un par de entradas más.


Resulta importante conocer también algún tipo de operación quirúrgica para entender un poco el porqué de la ostomía, así que hoy os introduciré en el mágico mundo de las operaciones (algunas si que parecen verdaderos milagros).

Lo más común en cuanto a las urostomías (o por lo menos la semana que estuve yo allí), son las ureteroileostomía tipo Bricker, que suelen llevarse a cabo después de una extracción de vejiga. Consisten en aislar primero un trozo de intestino delgado y limpiarlo, para luego unirlo a los uréteres, convirtiéndose así en la salida de la orina al exterior. Finalmente se reconstruye de nuevo el resto del intestino delgado para que siga realizando sus funciones.

Antes de comenzar a hablar de las demás intervenciones, hay que tener clara una cosa: si existe un tumor (o algo que se debe extirpar) en el recto o a menos de 4 cm de él, este órgano se debe extraer; sin embargo si supera los 4 cm de proximidad no es necesaria su extracción y puede volver a ser unido con e intestino grueso pasado el tiempo de recuperación.

Sabiendo eso, en primer lugar está la amputación abdominoperineal o intervención de Miles, consistente en la extirpación de la parte final del colon, del ano y del recto (de la que os hablaba antes). Por lo que el resultado será una colostomía permanente.


Luego tenemos la intervención de Hartmann, que es el procedimiento quirúrgico que elimina la sección afectada del intestino grueso cuando ésta supera los 4 cm de distancia al recto. El recto se conserva por lo tanto y puede volver a ser unido luego de un período suficiente de recuperación, por lo tanto se realiza una colostomía provisional.


Después viene la resección anterior baja de recto, que es parecida a la de Hartmann pero en ella sólo se extrae la parte dañada del recto, no del intestino grueso. Luego se suturan los extremos y se realiza una ileostomía, una abertura en el intestino delgado, en la parte en la que se une al grueso, para así dejar reposar y sanar bien a la parte recién unida y evitar futuras complicaciones. Es lo que se llama ileostomía provisional.
Finalmente, hablar de la colectomía total, en la cual se extirpa el intestino grueso completo. Como el recto permanece en el cuerpo, es posible unirlo al intestino delgado unos meses después de la operación. Mientras tanto lo que se realiza es una ileostomía provisional.


Existen más operaciones, técnica y demás que se realizan, pero no es mi intención que dejéis de leer el blog, así que creo que con estas es más que suficiente.

Las catacumbas del hospital

De todos es sabido que el hospital tiene sus plantas inferiores, y que en ella guarda los horrores, y no me refiero a las operaciones macabras y casi imposibles que se pueden realizar en los quirófanos, hablo de la consulta de ostomías. A medida que caminas por el pasillo en dirección a esa consulta, te cruzas con ancianos dementes que tiemblan y te miran raro (y es entonces cuando lees neurología en un cartel del techo, pero aún así no te relajas) y a cada paso que das, más frío hace (considerando que estás en la -1 y que alguien se ha dejado la puerta que da a la calle abierta, tan raro no es, pero te sigue dando igual). Finalmente llegas a la puerta, entras, te sientas, te dan el "libro guía", y se te quita el hambre.

¿Qué es una ostomía? Os estaréis preguntando, pues bien la definición mayoritaria que se encuentra en todos los sitios en los que busquéis, dice así:

"Una ostomía es una operación quirúrgica en la que se practica una abertura en la pared abdominal (llamada estoma en términos sanitarios) que dará salida a una víscera al exterior (tracto intestinal o uréteres)".

Existen 3 tipos de ostomías dependiendo de la parte en la que se realice el estoma: colostomía, ileostomía y urostomía. Como podemos deducir por sus nombres, las partes que se canalizan al exterior son el colon (intestino grueso), el íleon (parte del intestino delgado) y los uréteres, respectivamente.

Según el "Estudio Impacto" en España este tipo de cirugía, ya sea permanente o provisional (de más de 6 meses) tiene sus porcentajes según el tipo de ostomía que sea, siendo de 55% las colostomias, de 35% las ileostomías y de 10% las urostomías


Como digo anteriormente, pueden ser permanentes o provisionales, dependiendo del tipo de operación que se tenga que realizar. Así resumiendo, las permanentes suelen ser por la extracción completa del recto, mientras que las temporales son debidas a operaciones en el colon que deben curar bien antes de que el órgano pueda volver a funcionar. Del mismo modo ocurre con las urostomías, dependiendo de si se realiza la extracción completa de la vejiga o de si la realización es debido a una enfermedad, pero luego es posible que los órganos vuelvan a funcionar correctamente.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Rumbo a lo desconocido

Te levantas ilusionada, sabiendo que en estos momentos las enfermeras podrían irse tranquilamente a vagar por los pasillos del hospital, porque ya lo sabes hacer todo (prácticamente), y eres feliz porque ya no te sientes "la de prácticas", no, ya te sientes una enfermera más.

Ya de camino, te das cuenta que esta semana cambias de lugar, ya no sigues en trauma, sino que te cambian para otro lado, en este caso te marchas para ostomías, lo que hace que toda esa felicidad acumulada anteriormente se te escape como el calor que mantenías en el piso mientras vas caminando a las 7:30 de la mañana de un lunes mucho más frío de lo normal.


Para ser sincera, algo de ilusión sí que me hacía lo de cambiar y ver mundo hospitalario, pero cuando una está ya acomodada, sabe llegar perfectamente a la consulta y se lleva con las enfermeras de allí...volver a comenzar de nuevo se ve como una odisea. Además sobra decir que todo eso conlleva llegar a un lugar en el que no tienes ni la más remota idea de lo que se hace en él y, menos aún lo que tú harás en él.

Para terminar, decir que lo poco de entusiasmo que quedaba se esfuma cuando realmente entiendes lo que se hace en ostomías al leer los folletos que te dan para que te vayas acostumbrado a lo que vas a tener delante durante otra larga semana, antes de que te vuelvan a cambiar (que si en esta vida hay que ser optimistas, por lo menos vamos aprendiendo lo que es la vida de un enfermero que estudia para sacar las oposiciones y va de un lado a otro).


miércoles, 25 de noviembre de 2015

Querido fin de semana: estás tardando en llegar.

Tengo muy presente que aún es miércoles, que faltan otros dos días para volver al esperado descanso del fin de semana (que para ser sinceros, a mucho no llega). Pero se merece ser mencionado por lo menos en alguna entrada.

Aunque al principio me quejaba de estar solo mirando, una vez que empiezas a aprender a hacer las cosas y te dejan sola te acabas cansando. La verdad es que no es nada malo, ya que al final de la jornada sientes que hiciste algo productivo y estás mucho más animada, a pesar de que estés empapada en sudor, de que el yeso te llegue a todos lados, con algo de betadine de alguna gasa y, sobre todo, con muchísimo sueño y cansancio acumulado (y algunas veces también con ganas de acabar de una vez con algún paciente insufrible que tiene que volver 3 días después).


Llegado este punto de la semana, no sabes si reír o llorar, si pensar que aun queda mucho o que ya llevas la mitad (algo así como el vaso medio lleno o medio vacío)...Sea como sea, hay una cosa en la que todo el mundo piensa aunque no lo diga, el fin de semana. Vas planeando que harás, con quien quedarás, a donde iréis, etc. Todo eso para finalmente quedarte en casa durmiendo las horas perdidas y saliendo solamente un poco el sábado para diferenciar unos días de otros, pero sobre todo, porque te van a buscar y a sacar de tu casa, que el teléfono ya lo apagaste a la quinta llamada.

A pesar de todo, luego de todo este tiempo en prácticas, te das cuenta de que cuando te dicen que enfermería es la profesión más bonita del mundo, tienen razón, porque tú ya no ves tu vida igual sin que alguien salga dándote las gracias por todo, sin distraer a un niño y hacerlo reír mientras otra enfermera le quita las vendas, e incluso, sin toda esa gente que tiene mil historias que contarte y que debes guardar. Así que debemos ser felices o, por lo menos intentar poner buena cara a pesar del madrugón, y esperar ansiosos ese fin de semana en el que podremos relajarnos, disfrutar, y dejar a un lado el mundo hospitalario, que buena falta hace de vez en cuando.


martes, 24 de noviembre de 2015

Traumatología y su fauna

En esta entrada os relataremos un poco la clase de gente que uno se puede encontrar en trauma. Está claro que cualquiera puede caerse y necesitar un vendaje o un yeso, pero será de las "típicas" personas que podrías encontrarte en todos lados y que, por supuesto, también están presentes aquí de las que hablaremos.

Puede entrarte por la puerta el que entiende las cosas del revés (o quiere entenderlas así) y, por ejemplo, le dices que tiene que poner la mano de una manera para inmovilizarla correctamente y lo hace a la suya, que normalmente es una posición mucho más cómoda de la que tú le habías dicho.


Una variante es la persona a la que le dices que no puede hacer algo y protesta y se queja. Se da mucho cuando le dices a una señora mayor que no puede andar en 2 días para que el yeso tome la consistencia necesaria, y ella te contesta con un "pero eu teño que ir a leira" (que es entonces cuando piensas que menudas fiestas tienen que hacer las señoras en los huertos para decírtelo con esas ansias que sobrepasan la necesidad de supervivencia).


O por el contrario al que se lo dices, no protesta, pero ya intuyes por la cara que pone que te va a hacer menos caso que a la mujer mientras está mirando el partido de fútbol.


No nos podemos olvidar de las personas que no sabes cómo son capaces de andar con eses temblores de terror les recorren todo el cuerpo nada más entrar en el hospital mismo (y que unas simples tijeras pueden hacer que caigan redondos por el pánico).


También tenemos a los que se quejan por todo, y una mañana así con sólo pacientes de este tipo sería el peor día que tendrías en tu vida. Hagas lo que hagas, digas lo que digas, van a quejarse aunque no les duela o lo hayas hecho perfectamente. Normalmente la culpa nunca recaerá en ellos, siempre dirán que es por cualquier otra cosa o persona.


Y aunque puede pasar que todas estas personas se junten en la sala de espera para ir viniendo uno detrás de otro como si fuera un plan del universo para castigarte por aquel trozo de tarta que le robaste a tu hermano hace 10 años, siempre habrá alguien en el medio de todas estas personas que te alegre la mañana y con quien puedes trabajar a gusto. Así que si por algún casual ocurre que no llega la calma después de toda esa tormenta, solo queda ser amable, intentar sonreír y guardarte las anécdotas para poder al menos reírte más tarde.


lunes, 23 de noviembre de 2015

Lo bueno tarda en llegar

Llegas a casa después de las prácticas, te tiras en el sofá muerta de sueño, te das cuenta de que mañana es otro día, que tocará volver al hospital, y quieres desaparecer poco a poco. Pero al día siguiente sucede algo increíble, insólito, inaudito...te mandan hacer algo (aunque sea porque no hay nadie más que le pueda ayudar e ese momento de urgencia). A partir de ahí ya te van dejando hacer más y más, y tus ganas de madrugar, no se puede decir que sean muchas, pero aumentan considerablemente.

En mi caso, tuve que abrir gasas, compresas, pasar pinzas y demás para drenar así un considerable hematoma, que esta vez no era lo que comúnmente se conoce como "moratón", sino que se trataba de una acumulación de sangre bajo la superficie de la piel debido a la extirpación de tejido por herida quirúrgica. Para hacernos una idea, después de la extirpación de un tumor el hueco que queda puede llenarse de sangre y coágulos, y el problema viene cuando estos coágulos no son capaces de reabsorberse, ya que no permiten que el tejido subyacente crezca y se regenere.
Algunos consejos para reducir el riesgo de hematoma son: evitar masajear, golpear o comprimir la zona, evitar los medicamentos antiinflamatorios (los más conocidos son la aspirina y el ibuprofeno) y y aplicar una compresa caliente sobre la zona (favoreciendo la reabsorción de la sangre).

Unas horas más tarde, cuando llegó el momento de poner un yeso, pude ayudar y terminarlo, porque para hacer bien el principio está claro que se necesita mucha más práctica que simplemente 2 días.
Para empezar se pone una media especial en la zona a enyesar (si es el antebrazo se corta un trozo para el dedo gordo) y luego se cubre con algodón ya preparado para vendar. Finalmente se coloca el yeso luego de mojarlo en agua a una temperatura de más o menos 25ºC y se le da forma, ya que no puede quedar simplemente como un cilindro, sino que tiene que amoldarse al paciente para realizar una buena sujeción, En el caso de una bota de yeso también se tiene que poner una "plantilla" (trozo grueso de yeso que cubre la planta del pie y parte posterior del tobillo) para reforzarlo.

Aquí os dejo un vídeo, que siempre ilustra más que simplemente explicando.


Traumatología: Falsas esperanzas

Lo único y principal que pasa por tu cabeza es querer hacer cosas, ya sea, pinchar, sacar grapas o, simplemente, cambiar un apósito. Es por eso que el primer día llegas con ganas de comerte el mundo, animada y con una sonrisa de oreja a oreja esperando impaciente el momento en el que te digan que tienes que hacer algo. Pasan las horas y tu cambias lo de esperar por desesperar, porque van pasando las horas y sigues mirando, es entonces cuando te vienen a a cabeza tus prácticas de fundamentos con muñecos en las que pensabas que no hacías nada y las recuerdas con anhelo.

Después de este período de impotencia y desilusión, viene la etapa en la que te planteas gritar a los cuatro vientos que sabes hacer cosas, que puedes y que quieres, aunque sea abrir un paquete de gasas.



Pero te traicionan los nervios y el miedo (siempre lo tendrás aunque intentes aparentarlo). Te armas de valor, te preparas para preguntar...y llaman a la puerta, Así que ahí estas tú, con tus ansias tiradas por el suelo mientras ves entrar a estudiantes de medicina que también se suman a observar, y simplemente observar, qué se hace en una consulta de traumatología. Lo bueno de esto es que por lo menos alguien te comprende y sufre por lo mismo.

Llega entonces la media mañana, la consulta se paraliza y las enfermeras te ofrecen la posibilidad de tomarte un descanso que aceptas encantada con tal de salir del encierro en el que te encuentras. Los futuros médicos hablan de las posibilidades de ir a quirófano al día siguiente, y tú los empiezas a odiar un poco, mientras rezas para que al día siguiente en la consulta te dejen hacer algo más que mirar.

De vuelta en la consulta te percatas de que toda la gente que se aglomeraba esperando fuera por la mañana podría perfectamente ir viniendo más tarde y aprovechar horas de sueño (que tu ya las ves como un bien escaso), porque no hay absolutamente nadie, y no os podéis ni imaginar lo aburrido que es eso. Los privilegiados que están a esas horas van viniendo a cuentagotas.

A pesar de todo, algo bueno tenían que tener las consultas, y es que en cuanto tú terminas con los que tienes citados, y los médicos acaban de pasar a los suyos, el trabajo se termina y puedes marcharte. Aunque insistas en quedarte para demostrar que tienes interés (o para conseguir una buena nota de prácticas) no te servirá de nada, porque no vas a ver más de lo que se presentó en la consulta ese día.

jueves, 19 de noviembre de 2015

Traumatología: Toma de contacto

En cuanto abres la puerta de traumatología, lo primero que piensas es que te has equivocado de lugar, o que los obreros se olvidaron del instrumental en cuanto acabaron el edificio, y menos mal que entras a primera hora de la mañana y no cuando todo está manchado de yeso.

Hablando un poco del material, os explicaré un poco el más utilizado:


  • Pinzas de Wolf o Pico de pato (arriba izquierda): utilizadas para separar la escayola de la piel y evitar así las molestias que tenga el paciente.

  • Tijeras de Brawn (izquierda): Se usan para cortar yeso, ya que no cortan en algodón o tela.

  • Tijeras de Esmarch o Lister (medio): Son las usadas en el algodón o los vendajes o, simplemente, para cortar apósitos.

  • Diastasador (derecha): Este aparato permite separar la escayola una vez hecho un surco en ella con la sierra eléctrica. Se debe tener mucho cuidado, ya que se necesita mucha fuerza y puede escaparnos de las manos y acabar dañando al paciente o a nosotros mismos.

Me faltan aparatos como el cortafríos para cortar alambres o hierro, la sierra eléctrica para abrir una brecha en el yeso, y más cosas que pueden hacer que se te resbale la escayola que quieres sacar sólo con el sudor frío que te recorre el cuerpo al verlos (aunque al final no hagan daño). Así que mejor andaros con cuidado y mirad de vuestros hijos, sobrinos y demás niños; porque ellos son los más susceptibles de gritar y no aguantarse el miedo, y luego te viene la enfermera de reumatología asustada preguntando que a quién estamos torturando.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Enfermera en prácticas

Y llega el gran momento, ese que llevas esperando con ilusión desde que empiezas la carrera, eso que se escucha por los pasillos de la facultad y por lo que te envidian estudiantes de 2º de medicina que siguen teniendo que estudiar columnas de apuntes (y me quedo corta), llega el periodo de "enfermera en prácticas".


Para haceros una idea de lo importante que es el primer día de prácticas deberíais saber que cada vez que un alumno de primero mantiene una conversación, por mínima que sea, con un estudiante de enfermería de cursos más avanzados, las dos preguntas imprescindibles son: ¿Cómo son los exámenes de (insertar asignatura o profesor)? y preguntar por las prácticas (ya sea por el primer día, por qué se hace, si te tratan bien, si te dejan hacer cosas, y un largo etc.).

Así que, como nosotras no íbamos a ser menos, nos fuimos informamos a lo largo del curso, y lo que se rumoreaba no era malo. Se dice que las enfermeras son majas y que no sólo vas a estar mirando lo que ella hace o que, por el contrario, no harás todo su trabajo. Pero aunque es todo lo que un estudiante de enfermería quiere y desea, los nervios primerizos no se te van.

Llegado el día, te despiertas temprano para no llegar tarde (cosa imposible, teniendo en cuenta que si no te pierdes de camino al hospital, te pierdes dentro de él buscando, en mi caso, consultas externas o medicina preventiva), y tienes intenciones de prepararte un buen desayuno para no desfallecer en toda la mañana, aunque siendo realistas ni te da tiempo a hacerlo, ni tienes ansias de comer nada a semejantes horas de la mañana. Finalmente, cuando por fin estás en el sitio correcto a una hora más o menos decente, tienes esa ilusión y esas ganas de querer hacer algo productivo esa mañana, pero te lo adelanto, la cosa más interesante que harás será como mucho abrir paquetes de gasas.

La verdad es que no quiero desanimaros, ya que no todo es así de malo, las cosas cambiarán en los próximos días en cuanto la confianza aumente, tú te vayas interesando por cosas, y las enfermeras vean que pueden estar seguras de que no harás ninguna tontería (o que por lo menos lo harás lo mejor que puedas), así que, resumiendo, tu vida se irá volviendo un poco más feliz.