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sábado, 26 de diciembre de 2015

Final de paliativos

Y al final pasaron las 5 semanas.
Cuanto tiempo, cuantas horas, cuantas mañanas deseando que llegase este momento.
Al final terminamos el mes y medio de prácticas, y con él ya damos por listo el primer semestre, a la espera, claro, de los exámenes.
Pero realmente han sido unas semanas duras.

Es el primer contacto que tenemos en nuestra vida con el mundo laboral (al menos para mí), y entramos de lleno en un horario de funcionarios, que te descoloca, por no decir que te amarga la vida.
La primera semana te la tomas de prueba, a ver como te sienta eso de entrar a las 8 y salir a las 3.
Y es malo.
No hay anuncios de gente feliz desayunando a oscuras ni películas con gente disfrutando de un buen zumo a la luz de la luna. Porque antes de que salga el sol la felicidad no existe.
Sé que he repetido en numerosas ocasiones lo horrible que es madrugar, pero no os podéis hacer una idea si no os tenéis que levantar antes de las 7 de la mañana. Toda tu vida se ve alterada, desestructurada. Al principio crees que podrás sobrellevarlo, pero cada vez que suena el despertador te quita las ganas de vivir. Probablemente si la gente guardase cuchillos en la mesa de noche el índice de suicidios aumentaría drásticamente.

Lo peor de todo es que se convierte en el centro absoluto de tu vida. Es lo único en lo que puedes pensar. Llegas a mediodía a tú casa y al terminar de comer ya piensas en hacer todo lo que tengas que hacer rápido para luego irte a dormir y que puedas disfrutar de que el despertador te marque más de 6 horas de sueño. Claro que para las personas que en su rutina diaria no llegan a casa hasta las 23.30 lo de intentar acostarse pronto es misión imposible.

Por muy maravilloso, gratificante y divertido que sea lo que hagas en el trabajo (que no lo es tanto), el tener que madrugar le quita todo el esplendor. En el momento en el que el los rayos de sol dejan de entrar por tu ventana se apodera de ti un mal humor inusual, y cualquier ser vivo que se te acerque corre el riesgo de ser espantado a gritos.
A pesar de todo, del sueño, el cansancio, todo el pesimismo (que ha sido mucho) y esos ataques de estrés (que también han sido muchos) en los que solo querías dejarlo todo y volver a la comodidad de tu hogar, ha sido una buena experiencia. Por mucho que cueste hacerse a toda esa rutina es algo que hay que hacer en la vida, porque por desgracia no nos ha tocado la lotería. Y hay que llevarlo bien. En el trabajo vas a conocer a gente, unos mejores, otros peores, pero que por lo general te ayudarán a sobrellevar tu día a día. Y al final acabarás pasando momentos divertidos, ganando experiencia y viviendo muchas, muchas anécdotas que contar.

Antes de empezar a trabajar en paliativos me parecía que difícilmente podría haberme tocado una unidad más complicada. No tanto por el trabajo, si no por lo que supone una unidad de cuidados paliativos. Para que os hagáis una idea estos son los pacientes que han salido de la unidad desde que yo empecé las prácticas:


Con esto quiero mostrar el por qué de mi alegría cuando mandábamos a alguien de alta para su casa. Al principio se hace difícil el estar rodeado de este ambiente, en el que tus pacientes mueren sin que puedas hacer nada por evitarlo, pero es algo con lo que aprendes a vivir.
Tras 5 semanas, conseguí evitar que paliativos se apoderase de mí y yo mismo me apoderé de paliativos. Ahora toca disfrutar de un más que merecido descanso, y quién sabe dónde iremos a parar en las próximas prácticas. Solo espero poder pasarlo igual de bien y tener (bastante) menos sueño.
Hasta entonces, ha sido un placer (sobre todo acabar, para que mentir).

sábado, 19 de diciembre de 2015

Vida o muerte

Algo evidente en una unidad de cuidados paliativos es que tarde o temprano casi todos los pacientes terminan muriendo. Puede que no allí, puede que no en un mes, pero mueren.
Si están allí es porque padecen algún tipo de enfermedad que irreversiblemente les va a llevar a la muerte. Es triste, es desconsolador, pero es así.
Muchas veces te deprimes pensando en que el azar puede hacer que tus familiares, tus amigos o tú mismo acabes así. Pero la mañana es demasiado corta como pararse a pensar en esas cosas, así que lo dejas y sigues con lo tuyo.

A pesar de que sabes que los pacientes pueden morir en cualquier momento hay determinados signos que te indican que se acerca el momento. Durante su enfermedad sufren innumerables signos y síntomas, pero hay 3 específicamente que cuando aparecen juntos, simultáneamente, son indicativo de lo que a mí me gusta llamar TRIADA DE LA MUERTE PALIATIVA.

Pueden ser unos signos clínicos, que nos explicó amablemente el médico de la unidad, unos signos ambientales, que describo muy acertadamente yo, o un factor determinante que puede acelerarlo.



Primero los signos clínicos. Si lo piensas tienen bastante sentido. Primero la fiebre. Tener fiebre siempre indica que algo falla, no sabes qué puede ser, puede no ser nada grave, pero algo va mal.
Luego la anuria, o ausencia casi total de producción de orina. Esto es un indicativo evidente de que los riñones no están haciendo lo que deberían, y eso ya sí que supone un problema.
Por último tenemos la apnea, que no es más que la interrupción transitoria de la respiración, que se recupera después de unos instantes.

Por separado pueden ser incluso inofensivas, pero juntas son indicación importante de que los órganos están empezando a fallar. Y en un paciente paliativo eso ya es premonitorio.


Luego yo, en mi infinita sabiduría y experiencia, he descrito 3 signos que son indicativo de que al paciente en concreto no le espera más de una semana de vida. De momento es infalible.


El primer signo que aparece es en la medicación, más concretamente en si se les pauta o no un infusor. Un infusor es un instrumento que se utiliza para que se administre medicación de forma continua durante un periodo de tiempo que puede variar. En nuestro caso se cambian cada 24 horas. En ellos se administra la morfina, junto con otros sedantes, analgésicos, antipsicóticos, diuréticos... todo ello diluido en suero para que el efecto no sea tan drástico.


El segundo signo en aparecer es la mudez, o la incapacidad de comunicarse verbalmente. Porque no pueden, no tienen fuerza o no están conscientes para hacerlo, la cuestión es que dejan de hablar. Y eso ya es importante.

El último signo, fundamental, drástico, trascendental, es el determinante de la situación que se avecina. Es, efectivamente, el cambio de habitación.
Dado el nivel de gravedad que implica algunos pacientes pasan directamente al fallecimiento sin sufrir el cambio de habitación.
Bueno lo explico porque suena un poco absurdo.
Las habitaciones del hospital son casi todas dobles, así que tanto pacientes como familiares comparten habitación. Ya es malo perder a un familiar en un hospital, pero tener que hacerlo con un paciente y su familia al lado es bastante incómodo. Más aún si el paciente de al lado está consciente y se entera de que su compañero acaba de morir. Tener que ver como lo pasan por delante suya... un poco raro, vaya.

Así que el cambio de habitación generalmente (no siempre) implica que el paciente va a fallecer próximamente y se le mueve a una habitación individual (si las hay disponibles) para que tenga más intimidad y sea menos incómodo para las otras familias y pacientes.

Así que cuando ves a un paciente que está siendo trasladado a una habitación individual ya sabes lo que le espera. Tú y todo el personal. Así que todos lo miran y piensan lo mismo. Es básicamente el paseo de la muerte.

Aunque estos signos suelen aparecer en una triada para ser definitorios, el más importante de ellos es el cambio de habitación, que puede ocurrir sin que los otros hayan tenido lugar, y tiene el mismo o más significado.

Pero al margen de estas dos triadas, existe algo que puede ser fatal para los pacientes. Algo mucho más horrible, grave y premonitorio. Se trata de la visita del "Ángel de la muerte".


No es superstición, ni espiritismos ni nada parecido.
Emulando a los sucesos de Anatomía de Grey, tenemos a nuestro propio 007 (licencia para matar) de la planta. Eso si es caché.
Se parece a estas noticias que hablan de gatos que entran en la habitación de un paciente que va a morir próximamente.
Nuestro Ángel de la muerte hace lo opuesto: su presencia en la habitación de un paciente desencadena la muerte de este. No es nada que haga o deje de hacer. Su mera presencia es suficiente. Incluso va por los pasillos con una capa negra y una guadaña. Bueno esto último es mentira (no como todo lo demás). Hay que decir que el vacile es importante.

Dejando de lado el humor es realmente impactante cuando tras pasar varias semanas en el hospital ves como los pacientes sufren un empeoramiento repentino y, pasando por las mismas etapas, llegan a su irremediable destino.

See heaven's got a plan for you

Comenzamos fuerte el día. Otro fallecido al que había que hacerle un electro, pero creo que esta vez me impresionó más. Porque a esa misma persona el día anterior le estábamos haciendo las curas y no tenía mala pinta, esa pinta de que se va a ir de un momento a otro. Y es chocante, tal y como ya os expliqué anteriormente, esa fina y tan traspasable línea que nos separa de pasar al otro barrio. Es raro cuando vives tan cerca de la muerte, más que raro tal vez irónico. Y difícil. Más que difícil. Más todavía cuando tienes conocimiento de que esa persona ya no tiene salvación, de que sabes que va a allí para que no sufra, porque todo se vuelve frágil. La gente va a la universidad y les enseñan a construir casas, grandes edificios. Les enseñan matemáticas, idiomas, las leyes de la física o millones de reacciones químicas. Te explican cómo funciona una central eléctrica o cómo es capaz de volar un avión. Pero ninguna universidad te explica a cómo sobrellevar una muerte. Cuanto más sobrellevar más de una muerte por día. Porque vale que no son familiares, ni amigos, pero sí que se podrían considerar como conocidos. Pasas 7 horas al día con ellos, los acabas incluso conociendo, sabiendo de qué pie cojean, sabiendo si se quejan de vicio o porque realmente les duele algo. Y te choca. Como una señora mayor que llamó al timbre y fui a ver qué quería. Al parecer solo quería que la levantasen un poco de cama, y digo al parecer porque cuando acabé de ayudarla me agarró del brazo y me empezó a hablar. Lo que realmente quería era a alguien con quién hablar. Una señora super maja y muy amable que me llegó a preguntar por mi edad, pero no es la mía la que importa, era la suya. Noventa y cuatro años. Con la cabeza bien amueblada... "Para qué queres chegar a miña idade, para estar así tiradiña nunha cama", me dijo. Pero realmente es todo un logro tener esa edad y saber hablar razonadamente, o simplemente poder hablar. Que uno nunca está tan mal como se cree, que te puedes quejar de que tu vida es un asco pero siempre va a haber una peor. Esa señora pude comprobar más adelante que realmente es super positiva, que como todos los humanos tenemos un punto de flaqueza en el que nos dejamos llevar por la tristeza, por así decirlo, y así como conmigo se mostró como "apagada", al día siguiente fuimos los de prácticas a hacerle un electro y fue una persona muy diferente. O cambió de opinión sobre la vida o sabe fingir cuando hay más gente, que como dice mi madre muchas veces: "la procesión va por dentro". 

Aprendes a valorar a la gente, a ayudarla, porque la enfermería es más bien una universidad de la calle, autodidacta. Aprendes de otros enfermeros, de otros compañeros, pero también aprendes de miles de seres humanos que, tal vez, estén en el peor momento de sus vidas. Aprendes la diversidad de comportamientos humanos, aprendes a saber cómo tratar a cada persona. Aprendes que la vida es una oportunidad, y no hay más, y tú decides cómo aprovecharla. Pero eso sí, que nadie te robe el humor ni la oportunidad de continuar sonriendo. 


sábado, 12 de diciembre de 2015

Pacientes e impacientes

Cuando estás en una unidad de cuidados paliativos ocurre algo curioso, y es que a pesar de estar en una unidad de hospitalización puedes marcharte un fin de semana (o un puente) y volver la semana siguiente encontrándote con que en casi todas las habitaciones hay pacientes nuevos.

Obviamente no te preguntas qué ha pasado con esos pacientes, ya te haces una idea aproximada, así que te dispones a ir conociendo a los nuevos.
Por lo general cuando hay ingresos conoces más a los familiares que a los pacientes, ya que estos suelen llegar ligeramente inconscientes, y lo único que puedes hacer es mirar para ellos y pensar "llegando así poco va a aguantar...".

Pero al cabo de unos días te sorprendes al ver que empiezan a mejorar y cuando van recuperando un poco de vida vas empezando a conocerlos. Algunos son gente realmente amable y simpática, que te agradecen todo lo que haces y siempre tienen una sonrisa para ti. Otros, bueno, no tanto...
A pesar de que cada paciente es un mundo y no he podido diferenciar una gran diversidad voy a hablaros de los tipos de pacientes con los que me he encontrado durante estas 3 semanas de prácticas.

  • El que está, pero no está: dentro de esta categoría se incluyen la mayoría de pacientes que hay en paliativos. Son los que están allí tumbados, casi sin moverse. Ya los reconoces por el número de habitación en el que están desde que tú llegaste. Nunca has escuchado ninguna palabra, al menos entera y en español, que haya salido de sus bocas. A pesar de ser los pacientes menos activos son los que más actividad exigen. Es sorprendente la capacidad que tiene alguno para absorber chutes de estupefacientes que dejarían en coma a un elefante. Y aunque hay días que parece que están fatal siguen aguantando con toda la fuerza que les queda. Son como esos abuelos que todas las navidades te dicen que esa va a ser su última y al final acabarán enterrándonos a todos...
  • El paciente, paciente: este tipo de paciente suele ingresar con un estado general bastante deteriorado, pero con el paso de los días va mejorando bastante. Son los que cuando pasas por la mañana te saludan, los que te vacilan, y con los que te diviertes. También son esos que siempre que pueden preguntan cuando podrán irse a casa, y tú casi que deseas que puedan irse, pero es muy, muy, muy difícil. El mejor momento es ese en el que finalmente le dan el alta, y tú vas a su habitación a despejarlos de todo lo que tienen enganchado o pinchado. Ahí sufres por si les haces una masacre y les obligas a quedarse allí más tiempo.

  • El paciente, impaciente: este es un grupo exclusivo de pacientes. No están inconscientes, pero en muchos momentos desearías que sí. A veces tú y tu mente perversa planeáis sedarlo para que deje de darte el coñazo. Es el paciente que empieza a pulsar el timbre como si no hubiese un mañana para decirte que los 10 litros de aire que le estás pasando por la mascarilla no le están llegando. Tú, precavido, lo compruebas y descubres que no solo sí le llega el oxígeno sino que tiene más concentración que tú, que tienes 50 años menos. Así que le dices que no se preocupe que no hay ningún problema. Pero te hace volver a la habitación, a ti y a 5 personas más con sus gritos, solo para decirte que sois una pandilla de incompetentes. Tú piensas como puede ser que una persona tan vulnerable tenga tanta fuerza para quejarse, así que sonríes y piensas que en vez de sedarlo vas a meterle un poco de cianuro potásico en el colacao de mañana.
  • El paciente doctor: le han diagnosticado una enfermedad, y para ponerse en situación se ha leído la Wikipedia. Todo perfecto, pero no se ha quedado ahí. También se ha visto enteras House y Anatomía de Grey, y entonces ahora se toma la libertad, no solo de comentar, sino de cuestionar todo lo que se le hace. Sugiere "amablemente" que deberíamos hacer lo que él propone porque ya sabe muy bien todo lo que le pasa y cómo solucionarlo y no necesita que nosotros aportemos ideas con nuestros conocimientos absurdos. Básicamente se ríe de lo que todo el personal ha estudiado y decide que leer 3 páginas de internet es más efectivo. Lo más rápido es darle la razón pero hacer lo que a ti te de la gana.

  • El paciente curioso: este no tuvo tiempo de leer la Wikipedia ni de ver la televisión después de que le diagnosticasen la enfermerdad, así que ahora se preocupa por conocer su estado de salud. Si tiene fiebre, lo quiere saber. Si no, también. Y cada vez que se le enchufa medicación quiere saber qué es y para qué sirve. Esto te pone en un aprieto a ti, que te cargan con bolsas de líquidos diversos y tú sin tener ni idea de qué son vas repartiendo por toda la planta. Cuando te preguntan qué le hace lo que le estás poniendo, tú tiras de genéricos y le sueltas un "esto es <<introducir el primer nombre que leas en la bolsa>>, que va bien 'pá todo', así en general".

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Mismo problema, distinta reflexión.

Parece que hoy no es un gran día, Esther no es la única que ha perdido un paciente. Por desgracia puedo incluirme en esta lista. 
En mi caso no fui a la habitación cuando el paciente ya había muerto sin estar avisada, sino que fuimos a ver por qué el paciente tenía obstruida la sonda, cuando nos dimos cuenta de que algo no marchaba bien. Se murió delante de mí, y pude ver como daba su último aliento. Totalmente literal. 

Mi enfermera me dejó un rato a solas con mi paciente mientras avisaba al médico. Fue poco tiempo, pero me sirvió para pensar en muchas cosas. No me planteé la muerte, porque era un paciente muy mayor, sino la vida. Pensé en que no somos nada. En que no somos nadie. 
Un día estamos y al siguiente no, y las pocas personas que nos recuerden al poco tiempo tampoco estarán. Qué es una de nuestras vidas al lado de toda la eternidad? Por qué nos importa tanto lo que nos pasa? Por qué lloramos, por qué sufrimos por pequeñas tonterías... si todo se acaba olvidando? Cuántas veces habremos jurado que sería el peor día de nuestras vidas, y luego ha pasado y no era para tanto... (¡Que mal lo pasé en Selectividad! Y ahora, aunque lo recuerde como un día malo, no me influye para nada en mi vida). Y cuántas veces habremos pensado que el amor de nuestras vidas nos había dejado, hasta que encontramos a alguien y nos damos cuenta de que habíamos estado sufriendo por alguien que no valía la pena? 

Todos los problemas son tan grandes cómo los queramos hacer, por eso creo que no deberían importarnos tanto las adversidades que nos encontremos, porque sean cuales sean, somos nosotros quienes decidimos cómo afrontarlas.
Vale, sí, me leéis y parezco un libro de autoayuda. No es mi intención, porque para poder dar un consejo hay que saber aplicárselo a uno mismo. Es tan sólo una reflexión. 
Nuestros actos deberían estar encaminados a que el poco tiempo que tenemos merezca la pena, en ser capaces de ser felices y hacer lo posible por conseguir que el resto de la gente haga lo mismo.

Cómo me enseñó una vez alguien que ya tampoco está: 

"Todo lo que somos es polvo en el viento".


Electrocardiogramas con sorpresas.

Os contaré esta anécdota pero con todos mis respetos, como siempre. 
El día transcurrió sin mayor complicación. Ya casi era la hora de marchar cuando la chica que está conmigo de prácticas me dijo si quería acompañarla a hacer un electro. Hasta ahí todo bien, ya os lo tengo contado en otras ocasiones, pero este electro no fue normal. Llegamos a la puerta de la habitación y se trataba de un aislado, por lo tanto nos protegimos adecuadamente. Entramos los tres de prácticas más la enfermera, yo solo obsevaba mientras ellos colocaban los electrodos. Me di cuenta entonces del tono de la piel del señor, aparte que estaba con los ojos cerrados, la boca abierta y ni se movía... Efectivamente, mis sospechas de que yacía muerto se confirmaron cuando el electrocardiograma tan solo era una línea recta. Yo entré allí, tan campante como si nada, sin saber que el señor ya estaba muerto, por lo que al salir, cuando ya llegamos al control  y los familiares del paciente no podían escucharme, le dije a la de prácticas que me había invitado a acompañarles: oye.. podías haber avisado y no me llevaba la sorpresa de que estuviese ya el señor muerto.



Sí, fue así, tal cual toda una sorpresa. 
Siempre es complicado ver cómo una cosa que siempre hace como "montañitas", en un momento dado como ese, no haga nada. Nada. Esas curvas se convierten en la más perfecta línea recta que puedas ver, y la única línea recta que es capaz de hacer que personas lloren o se conmuevan, o que te hagan pasarte media hora pensando miles de cuestiones filosóficas: si nacemos con algún propósito, si realmente merece la pena luchar tanto para acabar como todos sabemos que vamos a acabar, si habrá alguien a nuestro lado en el último tramo de nuestras vidas, y eso todo si es que llegamos a viejos. 
En parte, este trabajo me ha hecho replantearme muchas cuestiones de mi vida, de mi futuro, pero también de mi presente. Aprendes a valorar la salud, a valorar a otras personas y sobre todo, valorarte a ti mismo. Te das cuenta que la vida son realmente dos días, que no sabes dónde ni cómo estarás mañana, que lo que importa es el hoy, el presente, que tenían razón con el dichoso carpe diem: "aprovecha el momento". 

Saborear los buenos momentos, vivir más en calma y disfrutar siempre es ahora mi forma de vida, porque realmente no sé cuánto viviré, nadie lo sabe, pero lo que sí sé es que quiero pasármelo bien, quiero llegar a vieja y haber vivido realmente, no arrepentirme de no haber hecho tal cosa. Y disfrutar de tu trabajo creo que es una frase que pocas personas pueden decir. Por suerte, yo puedo.

sábado, 28 de noviembre de 2015

The scientist

Es fin de semana, parece (al menos a mí) que el Sol brilla más, los días son más largos y hace más calor - claro que las estufas ayudan en esto último.
He dormido esta noche lo mismo que los dos últimos días de la semana juntos. Y aún así tengo sueño.
Tras dos semanas haciendo prácticas parece que el horario de funcionario se ha apoderado de mí sistema nervioso y ya me he acostumbrado a entrar a trabajar a las 8 de la mañana.
Y todavía quedan otras 3 semanas. Esto hace que me replantee seriamente mi ciclo del sueño para que en fin de año no tenga que acostarme a las 10 y media de la noche.
Esto es la felicidad.

Pero bueno, el caso es que después de esta semana he decidido recapitular sobre todo lo que he presenciado en estos pocos pero largos días en el hospital.
En general puedo sacar una cosa en claro, algo que tenía claro antes, pero ahora todavía más.
El cáncer es una verdadera mierda.

Para que luego nos quejemos...
Cada día salen noticias y artículos sobre avances en los tratamientos del cáncer y el aumento de la supervivencia de los pacientes. Y eso nos llena de esperanza e ilusión.
Nada más lejos de la realidad.
Todos los avances que se logran en algún laboratorio a más de 5000 km de distancia poca repercusión tiene aquí en el futuro inmediato. El cáncer sigue avanzando, la gente sigue muriendo y esto no va a cambiar en los próximos años.
A pesar de todas esas noticias que las televisiones publican orgullosas (que parece que han descubierto 27 veces la cura contra el cáncer, pero no) los profesores no se cansan de decir que la mayoría de nosotros vamos a tener cáncer por la genética y el estilo de vida. Según el día también puede ser diabetes, esto ya depende del tema por el que vayan.
Claro que los que hemos perdido a la mitad de nuestra familia por cáncer vemos el tema ese de la influencia genética como algo que vale la pena escuchar. Y entonces ya te empiezas a creer eso de que vas a tener cáncer.

Probablemente si se dedicase el dinero a lo que se tiene que dedicar podrían haber encontrado una cura, o al menos haber mejorado los tratamientos. Pero en los temas mafiosos económicos de la sanidad mejor no entrar porque eso da para un grado entero. De 5 años concretamente.

Yo paso mis mañanas en una unidad de cuidados paliativos. Ya sé que no es precisamente el lugar más idóneo para hacer una evaluación sobre el pronóstico de una enfermedad pero es lo que más cerca tengo.
Allí muchos pacientes están ingresados por cáncer. Pero no es solo cáncer. Es cáncer en estadío IV con metástasis en páncreas, hígado, pelo y corazón derecho. Y los hay que tienen más de un cáncer. Ya solo leyendo los diagnósticos te entra un bajón importante, pero con un poco de morfina lo solucionas. Y algo para el paciente también.

Pero no es solo la imagen demacrada que muestran estos pacientes, y el dolor que manifiestan, no solo con el cuerpo sino también con los ojos. Es ver que cada día están peor que el anterior, que ellos también se den cuenta y se lamenten.
Con cada suspiro parece que pierden un poco más las ganas de seguir luchando una batalla que ya saben que no pueden ganar. Porque realmente es así. No es el eslogan de una campaña de recaudación ni de un mensaje en Facebook.
Es que el cáncer va a seguir avanzando, cada día, cada minuto. Y no hay nada que se pueda hacer más que minimizar el dolor y esperar a que termine por provocar un fallo en el organismo que acabe con su funcionamiento.

No es posible imaginar lo que debe ser sufrir eso todos los días sabiendo que lo único que puedes esperar de la vida es que se termine. Llegas a casa sintiéndote un poco imbécil por quejarte de tus problemas, pero es que la vida no es justa. Ni para ti ni para nadie.
Y es todavía menos justa para esos más de 14 millones, sí, millones, de casos nuevos de cáncer que se diagnostican cada año de acuerdo a los datos de la OMS. Según una noticia reciente del periódico "El Mundo", casi la mitad se curan... ¿A qué esperamos para celebrarlo? Casi 7 millones de personas se curan de cáncer cada año y vosotros os quedáis en casa sin lanzar fuegos artificiales ni nada. Ah, pero que las otras 7 millones mueren. Pues vaya.

Mortalidad por tipo de cáncer y sexo en España en 2013 (OMS)


¿Y contra todo esto que puedes hacer? Rezar. O más bien nada (tanto monta, monta tanto). Porque ahora no fumas, no bebes, no comes carnes rojas (solo las amarillas), haces ejercicio todos los días... y te aparece un cáncer. Y por mucho factor de riesgo que se evite nadie está a salvo de tenerlo. Además es probable que muchos factores de riesgo para la aparición de cáncer aún no se hayan descubierto (no olvidemos que el tabaco en su día era considerado bueno para la salud).

Personalmente no creo que evitar TODOS los factores de riesgo para el cáncer sea una buena opción (más que nada porque mi dieta diaria se basa en pasta y carnes rojas, con un 0% de materia vegetal y frutal).
Más bien todo lo contrario, olvidarse de todo eso que se considera factor de riesgo, siempre intentando tener un estilo de vida relativamente sano. Porque si empiezas a vivir evitando todos los riesgos, te habrás olvidado de vivir.


jueves, 19 de noviembre de 2015

Siempre nos quedará el humor

Cuando trabajas o haces prácticas en una unidad de paliativos lo único que no debes hacer jamás es dejar que te afecte tu entorno.
Es triste y sombrío, y a veces puede parecer que falta vida en los pasillos, que solo hay almas errantes que pasean sin saber muy bien hacia dónde ir.
Luego estás tú, que apareces riéndote escandalosamente y sales a ese pasillo lleno de caras tristes y compungidas. Y a veces hasta te sientes mal. Pero el momento en el que pierdas el humor trabajando en un sitio así será también el momento en el que tengas que empezar sesiones de terapia, porque muchas veces la risa es lo único que te mantiene con ganas de seguir haciendo lo que haces.

Y es que es imposible no reírte cuando te dispones a pinchar una palomita subcutánea y estás con un paciente  tan delgado que poco más atraviesa la piel. Cuando por fin consigues colocarla bien se produce la fatídica casualidad de que la enganchas con la manga, y segundos después ves que sale volando por encima del cuerpo del paciente, que en un sueño profundo se mantiene ajeno al horror de que te arranquen una de estas pequeñas.
En momentos como ese das gracias porque los familiares hayan salido a tomar un café porque a ti te es imposible quedarte serio ante tal esperpento. Que te hacen eso a ti y el grito que te sale se escucha en media España, que a la otra media le llega por ultrasonidos.

Claro que estar en un hospital no significa perder la alegría. Tanto pacientes como familiares están al tanto de esto e intentan mantener esa alegría lo máximo posible, pero puedes encontrarte pacientes que van más allá...
Cuando te encuentras en este tipo de unidades el hospital llega a ser tu nueva casa, y algunos se toman esto muy en serio. Tanto, que montan la república independiente de su casa al más puro estilo Ikea y deciden que en su casa ellos hacen lo que quieran. Y si no quieren perder la alegría no la pierden. Y si tampoco quieren perder las ganas de desatar sus impulsos sexuales, pues los desatan. Y si tienen otro pacientes en la cama de al lado pues que se aguante. Para que luego digan que los hospitales son aburridos...

En muchos casos das con pacientes en los que ya ves venir que se acerca el final. Pero sorprendentemente no llega. Y sigue sin llegar. Y tú sigues esperando. Y ellos se amarran a la vida como un universitario se amarra a la mesa de un profesor en la revisión de su 4,9. Y hacen bien, que para algo solo tenemos una vida (que yo sepa claro, mi memoria no da para recordar posibles vidas pasadas).









Con estos pacientes vas con miedo. Miedo de que les tomes la tensión y te marque todo 0. Y tú con el familiar allí delante, que a ver que le sueltas... "pues mire usted, a su madre le ha salido la tensión redonda".

Llega un momento en el que casi prefieres que la agonía termine. Para el paciente, para la familia y para ti. Porque tú ya lo ves venir, todos los médicos, enfermeros, auxiliares... lo ven venir, y la familia lo ve venir, y al final solo queda esperar a lo inevitable...
Pero no en tu turno, que vaya marrón.
Así que dedicas tus 7 horas de trabajo diario a cuidar al paciente y esperar que llegue con vida al final de tu turno. Es como jugar a la patata caliente en el Grand Prix. Sin olvidar, claro, que como te explote la patata vas a tener que desconectar lo que ya se considera un muerto de innumerables vías y sondas. Y eso impone un poco. Así que mejor que no te toque a ti.

La risa forma parte de la vida, es algo natural y no debemos dejar de reírnos solo por estar en un sitio así. Es una forma sana de abstraerse de la tristeza que te rodea. Y cuando te estás riendo en el pasillo de una unidad de paliativos no te estás riendo de un paciente, un familiar o un compañero. Te estás riendo de la vida, porque es algo que mientras puedas, tienes que celebrar.