Mostrando entradas con la etiqueta cuidados. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cuidados. Mostrar todas las entradas

sábado, 12 de diciembre de 2015

Todo lo bueno se acaba

¡Al fin es viernes, chicos! El tan esperado día de la semana por todos los estudiantes e incluso por algunos trabajadores, aunque pensándolo bien, no es una alegría tan grata como hace unos meses, pues se aproximan a la par los exámenes...



Solo nos queda la siguiente semana y dos días más de prácticas, o sea, 7 días en total. Es algo que me alegra y me entristece a la vez. Me alegra porque aunque tenga que seguir levantándome temprano para estudiar, no será tan temprano como las 6:30, pero por otra parte me entristece porque es divertido, porque ahora pienso que sí, seguiré teniendo más prácticas, pero ya no serán en el mismo sitio, ni con las mismas enfermeras, ni con los mismos compañeros de prácticas, que después de pasar seis horas como mínimo diarias con ellos, les acabas cogiendo cariño, aparte de todas las experiencias que vives con ellos/as, sobretodo por mi parte, ya que era la primera vez que pisaba un hospital sin ser yo la paciente. Son historias que me llevo, pacientes a los que solo yo pondré cara, algunos de los cuales sé que no me olvidaré nunca y otros que supongo se me irán olvidando a lo largo de los años... Aquella primera gasometría en la habitación 219/2, la segunda en la 220/1, cosas que se me van a quedar marcadas. De todas las vías que saqué siempre recordaré aquella en la que casi un paciente se me desangra y yo con toda la calma del mundo poniendo gasas, una encima de otra, no podía mostrarme agitada o asustada porque igual entonces al señor en vez de darle el alta le daba un "patatús". Aprendes pequeñas cosas que no te enseñan en clase, como por qué a veces los sueros no gotean, en tal caso debes recurrir siempre a la primera opción que es comprobar que la vía esté  en sus sitio y si lo está, igual lo que debes hacer es limpiársela, con una jeringa de 5ml llenarla de suero y limpiar así la vía, ya verás que luego sí que gotea. 

Y lo mejor de todo es esa sensación de haberte sentido realizada por primera vez, o cuando un paciente te da las gracias por todo lo que haces, o hasta el punto de que un acompañante te diga esto de su padre (el que estaba ingresado): "debéis cuidarlo muy bien, que él ni marchar quiere". Son cosas bonitas, que gustan cuando las escuchas, que mi paga semanal son esas palabras de agradecimiento, a veces, incluso, de afecto.

sábado, 5 de diciembre de 2015

Vías imposibles, corrección de fármacos y curas.

Bueno, si en mi anterior entrada os hablaba de una enfermera que no era muy cariñosa conmigo, la que tuve hoy es que vive enamorada de mí. No solo por cómo me trata, sino hasta por cómo me mira. A veces creo que piensa que soy como su hija o su nieta o yo qué sé. Pero no es normal... "Qué pelo tan bonito tienes", "qué guapiña me eres" o "mira que eres lista, eh" son de las frases que más me suele decir y yo creo que a veces llega un punto tal que hasta  me debo sonrojar, porque las dice y se queda mirándome con esos ojitos de aprobación o de orgullo que me pueden. Cada día me esfuerzo por hacer bien todo lo que hago, pero con esa enfermera da igual si me equivoco en algo porque sé que me va a seguir queriendo. Es increíble su actitud. 


La principal dificultad del día fue poner una vía a una señora, ya que la que tenía se encontraba en la flexura del brazo izquierdo (lugar horrible para colocar una vía, ya que si la persona dobla el brazo, ya se estropea la vía). Mientras yo se la quitaba, la enfermera iba viendo dónde se le podría poner la otra. La única opción era en el otro brazo y la zona de la flexura estaba descartada. También la mano izquierda estaba descartada ya que tenía un parche allí (debía tener una herida o algo). Ya que la señora tampoco es que fuera muy delgada, la única zona viable era la mano derecha. Tras diez minutos, sin exagerar, intentando buscarle una buena vena (referible a que no fuese muy fina para que no rompiese, ni muy curva ya que entonces la vía no continuaría a la vena), nos rendimos y llamamos a la supervisora, la cual se encontraba en el control atendiendo a todas las llamadas, y también tras varios minutos, ya sea por experiencia o por suerte, ella fue capaz de ponerle la dichosa vía en la mano. Acabamos tardísimo de repartir la medicación por ese incidente, lo que también supuso salir bastante tarde. Realmente, si no fuera porque fui haciendo yo sola los cartones de medicación, seguramente no hubiese salido de allí hasta las 15h o más. Que también... ojo a cómo estaban los cartones. Encontré como 3 errores de la enfermera del turno anterior, ya que había medicamentos que estaban pautados por el médico y que la enfermera no los había puesto a la hora que les correspondía, la mayor  parte de ellos correspondían a la medicación de las 12h, por lo que mientras yo iba haciendo los cartones y descubriendo los errores, mi enfermera fue dando la medicación esa que no había sido dada ya que no estaba marcada. Seguramente si hubiese sido yo la que hubiera cometido esos fallos ya me habrían crucificado... pero bueno, hay que aguantarse, somos humanos y todos cometemos errores. Tampoco es que fueran fármacos super importantes de administrar, por eso no hubo mayor problema. 



Por último, me tocó hacer una cura en un tobillo, la cual consistía en lavar la herida con sulfato de cobre y luego ponerle iruxol mono, una pomada que se utiliza para el desbridamiento de los tejidos necrosados en úlceras cutáneas. Un par de compresas por encima cubriendo la zona y un vendaje para que quedasen sujetas y no rozase con las sábanas. Para que os hagáis una idea, os dejo una imagen, que sé que os gustan.



"He aquí el bello arte de las úlceras por presión".

lunes, 30 de noviembre de 2015

Cuando te clavan "una aguja" por la espalda

¿Cuántas veces hemos escuchado esa expresión? Ninguna, sin embargo, ¿cuántas veces escuchamos "te clavan un puñal por la espalda"? Demasiadas como para contarlas. Pues veréis, yo llegué a la conclusión de que ésta última fue sacada a raíz de la primera, y si alguien me lo quiere rebatir primero que vea la aguja de una toracocentesis. Estoy casi segura de que es más grande la aguja, y aún por encima es peor porque tienes el conocimiento de que te van a pinchar algo y te empiezas a poner tenso porque escuchas el ruido de cuando van abriendo las cosas y preparándolas, dejándolo todo listo, exponiendo tu dulce y bella espalda a la intemperie de aquel monstruo que coge esa aguja-puñal-espada y te la clava sin sentir pena alguna. No, en serio, debe doler bastante. 

Una toracocentesis se basa en una punción quirúrgica para evacuar por aspiración el líquido que se acumuló en la cavidad pleural, es decir, el espacio que queda entre el revestimiento externo de los pulmones y la pared torácica. No necesita preparación especial, simplemente no toser ni respirar profundamente durante la punción, ya que se pueden realizar daños al pulmón. El proceso es el siguiente:





1. Sentado en el borde de una cama o silla. los brazos apoyados en una superficie a la altura de su pecho y descansando la cabeza sobre ellos (1ª imagen). 

2. Se limpia la zona donde va a ser realizada la punción y se inyecta un anestésico local.

3. Procedemos a la punción hasta el espacio pleural.

4. Extracción del líquido con aguja y jeringa (2ª imagen), que podrá ser enviado a laboratorio para su análisis. 

En la última imagen podemos ver la diferencia en una radiografía de cómo se encuentran los pulmones antes y después de una toracocentesis. Se realiza básicamente porque el exceso de líquido en esa cavidad pleural puede provocar dificultad respiratoria, ya que ejerce presión sobre los pulmones impidiendo así su expansión mientras respiramos.


Bibliografía: 

lunes, 23 de noviembre de 2015

Al fin viernes...

Tampoco os voy a mentir, no es fácil estar en un hospital la primera vez. Es duro acostumbrarse al trato con personas que no conoces de nada, personas que quizá jamás vuelvas a ver y la verdad es que te cambia la vida. Te vas de compras un día y piensas en tus pacientes, los que todavía siguen en esas camas, algunos más en el otro mundo que en este y te haces cuestionarte muchas cosas sobre la vida, si realmente uno vive como quiere o vive como puede o, en otras palabras, si uno vive o solo intenta sobrevivir. Te das cuenta de la suerte que tienes de tener dos piernas o dos brazos, de poder comer o incluso ir al baño por tu cuenta, sin sondas o segundas personas que te ayuden. Y eso si tienes a alguien que te ayude, alguien que esté allí apoyándote, porque he de decir que la mayoría están acompañados, ya sea por su mujer, marido, hijo/a, madre, padre, amigo/a… pero lo realmente triste es ver a alguien que no tiene a nadie a su lado. Éstos son a los que siempre intento tratarlos mejor y darles lo que les falta, un punto de confianza, de ayuda e incluso "cariño" (entendiendo esa palabra como el mejor trato posible).

Parece una tontería, pero el trato con el paciente lo eliges tú. Es algo humano. Algo que no te enseñan en clase, simplemente te sale de dentro, porque sí. Nos repitieron mil veces que hay que ser amables, pero no a todo el mundo se le da bien serlo. Yo creo que de momento eso lo llevo bien, supongo que todos tenemos nuestros días de más cachondeo o de menos, aunque intento dejarme los problemas personales con mi ropa, abajo, en la taquilla. Y lo mismo hago con los problemas en el hospital, cuando me quito el uniforme de trabajo-pijama, todo eso se queda con él. Es como llevar una doble vida. 



En esta primera semana he tenido estas y más reflexiones que quería compartir con vosotros, porque también hay que recordar que la gente que está ingresada no lo está porque quiere, pero sí que es cierto que no por estar allí hay que amargarse o enfadarse. Por eso quería, digamos, dedicar esta entrada a todas esas personas que hasta el momento me han hecho ver que en los hospitales no todo son lágrimas y llantos, que si ellos padeciendo la enfermedad que padezcan son capaces de sonreír, ¿por qué yo no? Si ellos no pierden el ánimo, yo jamás lo perderé. Por ellos, que me han enseñado esta gran lección de vida, y porque ha sido una primera semana fantástica, tanto enfermeras/os, como otros alumnos de tercero-cuarto que también me han enseñado mucho, y como no a vosotros seguidores, solo quiero decir: gracias.