Mostrando entradas con la etiqueta medicación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta medicación. Mostrar todas las entradas

sábado, 19 de diciembre de 2015

Vida o muerte

Algo evidente en una unidad de cuidados paliativos es que tarde o temprano casi todos los pacientes terminan muriendo. Puede que no allí, puede que no en un mes, pero mueren.
Si están allí es porque padecen algún tipo de enfermedad que irreversiblemente les va a llevar a la muerte. Es triste, es desconsolador, pero es así.
Muchas veces te deprimes pensando en que el azar puede hacer que tus familiares, tus amigos o tú mismo acabes así. Pero la mañana es demasiado corta como pararse a pensar en esas cosas, así que lo dejas y sigues con lo tuyo.

A pesar de que sabes que los pacientes pueden morir en cualquier momento hay determinados signos que te indican que se acerca el momento. Durante su enfermedad sufren innumerables signos y síntomas, pero hay 3 específicamente que cuando aparecen juntos, simultáneamente, son indicativo de lo que a mí me gusta llamar TRIADA DE LA MUERTE PALIATIVA.

Pueden ser unos signos clínicos, que nos explicó amablemente el médico de la unidad, unos signos ambientales, que describo muy acertadamente yo, o un factor determinante que puede acelerarlo.



Primero los signos clínicos. Si lo piensas tienen bastante sentido. Primero la fiebre. Tener fiebre siempre indica que algo falla, no sabes qué puede ser, puede no ser nada grave, pero algo va mal.
Luego la anuria, o ausencia casi total de producción de orina. Esto es un indicativo evidente de que los riñones no están haciendo lo que deberían, y eso ya sí que supone un problema.
Por último tenemos la apnea, que no es más que la interrupción transitoria de la respiración, que se recupera después de unos instantes.

Por separado pueden ser incluso inofensivas, pero juntas son indicación importante de que los órganos están empezando a fallar. Y en un paciente paliativo eso ya es premonitorio.


Luego yo, en mi infinita sabiduría y experiencia, he descrito 3 signos que son indicativo de que al paciente en concreto no le espera más de una semana de vida. De momento es infalible.


El primer signo que aparece es en la medicación, más concretamente en si se les pauta o no un infusor. Un infusor es un instrumento que se utiliza para que se administre medicación de forma continua durante un periodo de tiempo que puede variar. En nuestro caso se cambian cada 24 horas. En ellos se administra la morfina, junto con otros sedantes, analgésicos, antipsicóticos, diuréticos... todo ello diluido en suero para que el efecto no sea tan drástico.


El segundo signo en aparecer es la mudez, o la incapacidad de comunicarse verbalmente. Porque no pueden, no tienen fuerza o no están conscientes para hacerlo, la cuestión es que dejan de hablar. Y eso ya es importante.

El último signo, fundamental, drástico, trascendental, es el determinante de la situación que se avecina. Es, efectivamente, el cambio de habitación.
Dado el nivel de gravedad que implica algunos pacientes pasan directamente al fallecimiento sin sufrir el cambio de habitación.
Bueno lo explico porque suena un poco absurdo.
Las habitaciones del hospital son casi todas dobles, así que tanto pacientes como familiares comparten habitación. Ya es malo perder a un familiar en un hospital, pero tener que hacerlo con un paciente y su familia al lado es bastante incómodo. Más aún si el paciente de al lado está consciente y se entera de que su compañero acaba de morir. Tener que ver como lo pasan por delante suya... un poco raro, vaya.

Así que el cambio de habitación generalmente (no siempre) implica que el paciente va a fallecer próximamente y se le mueve a una habitación individual (si las hay disponibles) para que tenga más intimidad y sea menos incómodo para las otras familias y pacientes.

Así que cuando ves a un paciente que está siendo trasladado a una habitación individual ya sabes lo que le espera. Tú y todo el personal. Así que todos lo miran y piensan lo mismo. Es básicamente el paseo de la muerte.

Aunque estos signos suelen aparecer en una triada para ser definitorios, el más importante de ellos es el cambio de habitación, que puede ocurrir sin que los otros hayan tenido lugar, y tiene el mismo o más significado.

Pero al margen de estas dos triadas, existe algo que puede ser fatal para los pacientes. Algo mucho más horrible, grave y premonitorio. Se trata de la visita del "Ángel de la muerte".


No es superstición, ni espiritismos ni nada parecido.
Emulando a los sucesos de Anatomía de Grey, tenemos a nuestro propio 007 (licencia para matar) de la planta. Eso si es caché.
Se parece a estas noticias que hablan de gatos que entran en la habitación de un paciente que va a morir próximamente.
Nuestro Ángel de la muerte hace lo opuesto: su presencia en la habitación de un paciente desencadena la muerte de este. No es nada que haga o deje de hacer. Su mera presencia es suficiente. Incluso va por los pasillos con una capa negra y una guadaña. Bueno esto último es mentira (no como todo lo demás). Hay que decir que el vacile es importante.

Dejando de lado el humor es realmente impactante cuando tras pasar varias semanas en el hospital ves como los pacientes sufren un empeoramiento repentino y, pasando por las mismas etapas, llegan a su irremediable destino.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Comienza la cuenta atrás

Llevo unos días más agotadores últimamente, que me sorprende siquiera que sea capaz de atinar pinchando. 

Último miércoles de estas prácticas y nada más llegar vemos mi compañera y yo que en el carro de paradas estaba el desfibrilador (o sea, que lo habían tenido que utilizar) y ya nos ves a ambas: 

Whaaaaaat, aquí ha pasado algo y nos lo hemos perdido :(

Y efectivamente, nada más entrar en el control nos contó un enfermero que hubo que realizar hasta una traqueotomía y que el paciente recién había bajado a UCI. Fue una pena no haber llegado antes y haberlo presenciado, porque también son cosas que hay que aprender, pero nunca sabes cuándo van a pasar.


Tomé todas mis tensiones y temperaturas y más incluso, después saqué toda la medicación y la dejé toda lista. Al acabar fui a ver cómo se hacían unas curas y a pinchar una analítica (que realmente la hizo la enfermera, porque el señor seguía durmiendo mientras se la hacíamos, yo sujetándole la mano para que no la moviese... trabajo en equipo). Al acabar, bajamos a la cafetería, pues ya era hora de nuestro descanso. Al volver, como siempre, repartimos toda la medicación y después hice las glucemias. Hubo que ponerle una vía nueva al señor que justo ingresó hoy, ya que la que tenía le estaba provocando flebitis, la cual consiste en la inflamación de las venas y suele ir acompañada de formación de coágulos de sangre en su interior. 

Luego fui sacando los sueros que se habían acabado, y me encuentro con una paciente (con la cual tenía un muy buen trato y siempre estaba ella toda sonriente) que estaba vestida ya de calle. Le pregunté si se iba ya, y me dijo que en cuanto le quitasen "esto" (refiriéndose a la vía). "Ya te lo vendré a quitar luego, que yo hasta que me den órdenes no hago nada", dije. Se rió y me fui. Al llegar al control la enfermera justo me mandó ir a quitársela y allí fui. "Ahora sí que me dieron órdenes". Quizá lo más doloroso de una vía no sea ponerla, sino quitarla, y con quitarla me refiero a despegarla. Todos los pacientes me ponen una cara de dolor... y la verdad es que te queda una bonita depilación. 
-"Está bien pegado", me dijo.
-"Es para que no se escape... la vía, no usted, eh", le contesté.
La señora soltó una carcajada, tal vez porque le hizo gracia, tal vez porque ya se iba a ir del hospital y eso siempre contenta a uno. Pero lo realmente humano fue cuando me dijo "ven aquí que te voy a dar un abrazo". Y me acerqué y me lo dio, con beso incluido, pero de estos abrazos que sabes que son de agradecimiento. A otros les llevan regalos, y a mi me regalan abrazos. La verdad es que no puedo pedir más. 

Tras eso, realicé la segunda toma de hemocultivos a una de mis pacientes (todo un éxito, o la suerte del principiante tal vez). Y ya cuando volví al control toda satisfecha, me dijo la super: "Esther, ¿tienes algo importante que hacer por ahí?". Pues no, no tenía más que hacer, así que me mandó ir de camarera por todo el pasillo preguntando el menú que preferían los pacientes para mañana. Es trabajo que suelen hacer las auxiliares, pero allí todos nos ayudamos y así adelantamos tareas. Aparte que tampoco fue tan aburrido como suena. Muchos eran indecisos, otros cambiaban de opinión porque el acompañante le sugería como mejor plato el otro... Aún me reí en ocasiones cuando cambiaban al otro plato. O del "listillo" que me dijo que quería las dos opciones. 

martes, 15 de diciembre de 2015

Solo ante el peligro

Comenzando ya la que podemos considerar como última semana de prácticas con un cansancio acumulado que empieza a alcanzar niveles preocupantes.
Aún habiéndonos acostumbrado a la rutina de todos los días el lunes sigue siendo lunes, con todo lo malo que ello conlleva.
Hoy descubrimos que el fin de semana fue de gran actividad en lo que a altas se refiere. Todo tipo de altas, claro. Vas analizando paciente por paciente para saber si se han ido a su casa... o si no.

Así que con un pasillo bastante más vacío de lo normal empezamos la jornada. A pesar de todo se agradece que se vacíen un poco las habitaciones (sí, aún sabiendo lo que significa que se vacíen) para no estar toda la mañana al límite. Al menos no hay retenciones de familiares en el pasillo ni tropiezos mientras vas cargado con medicación.



Tras la rutina de primera hora me entero de que mi enfermera (que hoy resultó ser la profesora tras muchas semanas sin saber nada de ella) iba a marcharse y me dejaba solo, indefenso, desprotegido, teniendo al cargo a sus pacientes.

Al preparar la medicación no supone un problema estar solo. Básicamente es jugar con un ordenador y sacar lo que haya que sacar. El programa no es precisamente el Super Mario, más bien diría que se quedó en un nivel de complejidad similar al snake.
Aún así hay que estar atentos, cualquier error en la medicación puede (aunque no suele) tener consecuencias catastróficas. Tanto para el paciente como para ti. Aunque mirándolo desde un lado positivo, de la cárcel se sale. Del cementerio no.

Ya una vez listas las drogas, pasas la visita. Solo. Siendo constantemente atacado con preguntas sobre los pacientes que por lo general, no sabes responder. Y claro, eso supone un problema. Así que tiramos de inventiva y aquí no pasa nada.
También tienes que acordarte de todo lo que se diga. Porque luego confundes el paciente al que se le va a poner una vía central con el del enema y no sé yo quién sale más perjudicado. Y ya si entramos en temas de fármacos sí que nos perdemos... "al paciente de la 24 se le quita la brfsffr...".

Luego deberías tener un momento para poder respirar y escabullirte a la sala de descanso a picar lo primero que te encuentres. Y lo segundo también. Pero empiezan a llamar para hacer curas y repartir apósitos a punta pala. Yo no me explico qué leches hace la gente con sus familiares en sus casas para que tengan una úlcera del tamaño de una tartera y no se hayan enterado. Prefiero no pensarlo.
Así que ahí tienes que ir tú a meter la mano (el brazo y el hombro) dentro de un paciente sin tener ni idea de qué le vas a echar. Porque mira que hay geles. Si por mi fuera echaba una cremita hidratante, que eso va bien para todo. Pero hay que ser serios y echar los hidrogeles, los aquageles, los geles tipo planta y los pikachu-geles. Y luego los apósitos, que eso ya es otra historia, porque entre apósitos de plata y de cobre ya no sabes si estás curando a un paciente o gestionando la economía de un poblado chabolista.

Después de todo eso, casi puedes dar por terminada tu jornada. En parte porque tienes casi la mitad de pacientes que la semana pasada, y eso se nota.
A pesar de todo, el ver que te dejan solo y que tienen la confianza para hacerlo, y sobre todo, que sobrevives a quedarte solo te hace sentirte realizado, además de que por primera vez en muchos meses sientes que sí, que por fin has aprendido cosas sin que se te hayan olvidado en dos días.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Principios de codificación y encriptación de la escritura en receta

Uno de los mitos más populares que existen sobre los médicos es el de que escriben mal.
En un mundo avanzado como en el que (supuestamente) vivimos no deberíamos de seguir creyéndonos este tipo de mitos. Son antiguos, absurdos, y en algunos casos ofensivos.

Este es uno de esos casos. Es un mito falso, y sobre todo ofensivo para la gente que realmente escribe mal. Porque no es cierto que los médicos escriban mal.
Lo que hacen ya no entra dentro de la definición de escribir, se podría llamar garabatear o escritura jeroglífica. Un niño de 5 años escribe "mi mamá me mima" con una destreza que ya les gustaría a ellos. Su regalo ideal para navidades sería un lote de cuadernos rubio o santillana para escribir bien (ya tenéis la idea).

Ante la duda, morfina.
Esto es muy curioso porque generalmente los estudiantes con los que hablas tienen una letra "relativamente" legible, así que te preguntas en que momento de sus carreras educativas pierden la coordinación cerebro-mano (probablemente en la celebración de su graduación) para acabar escribiendo las recetas chapuzas que tú te quedas horas intentando transcribir. Sin éxito, claro. 

Al final te decides por coger el fármaco que más se aproxima a lo que hay dibujado en la receta, a ver si hay suerte.

Ante este grave problema de compenetración entre profesionales ha surgido un nuevo programa informático para realizar las prescripciones médicas. Pero mientras sea más complicado de entender el programa que las recetas tendremos que seguir mejorando nuestras habilidades en grafología para no confundir macrogol con midazolam y liarla bien liada.

Si tenéis 10 minutos en este puente os recomiendo este monólogo, que explica con una certeza asombrosa el proceso de escritura de las recetas:


sábado, 5 de diciembre de 2015

Vías imposibles, corrección de fármacos y curas.

Bueno, si en mi anterior entrada os hablaba de una enfermera que no era muy cariñosa conmigo, la que tuve hoy es que vive enamorada de mí. No solo por cómo me trata, sino hasta por cómo me mira. A veces creo que piensa que soy como su hija o su nieta o yo qué sé. Pero no es normal... "Qué pelo tan bonito tienes", "qué guapiña me eres" o "mira que eres lista, eh" son de las frases que más me suele decir y yo creo que a veces llega un punto tal que hasta  me debo sonrojar, porque las dice y se queda mirándome con esos ojitos de aprobación o de orgullo que me pueden. Cada día me esfuerzo por hacer bien todo lo que hago, pero con esa enfermera da igual si me equivoco en algo porque sé que me va a seguir queriendo. Es increíble su actitud. 


La principal dificultad del día fue poner una vía a una señora, ya que la que tenía se encontraba en la flexura del brazo izquierdo (lugar horrible para colocar una vía, ya que si la persona dobla el brazo, ya se estropea la vía). Mientras yo se la quitaba, la enfermera iba viendo dónde se le podría poner la otra. La única opción era en el otro brazo y la zona de la flexura estaba descartada. También la mano izquierda estaba descartada ya que tenía un parche allí (debía tener una herida o algo). Ya que la señora tampoco es que fuera muy delgada, la única zona viable era la mano derecha. Tras diez minutos, sin exagerar, intentando buscarle una buena vena (referible a que no fuese muy fina para que no rompiese, ni muy curva ya que entonces la vía no continuaría a la vena), nos rendimos y llamamos a la supervisora, la cual se encontraba en el control atendiendo a todas las llamadas, y también tras varios minutos, ya sea por experiencia o por suerte, ella fue capaz de ponerle la dichosa vía en la mano. Acabamos tardísimo de repartir la medicación por ese incidente, lo que también supuso salir bastante tarde. Realmente, si no fuera porque fui haciendo yo sola los cartones de medicación, seguramente no hubiese salido de allí hasta las 15h o más. Que también... ojo a cómo estaban los cartones. Encontré como 3 errores de la enfermera del turno anterior, ya que había medicamentos que estaban pautados por el médico y que la enfermera no los había puesto a la hora que les correspondía, la mayor  parte de ellos correspondían a la medicación de las 12h, por lo que mientras yo iba haciendo los cartones y descubriendo los errores, mi enfermera fue dando la medicación esa que no había sido dada ya que no estaba marcada. Seguramente si hubiese sido yo la que hubiera cometido esos fallos ya me habrían crucificado... pero bueno, hay que aguantarse, somos humanos y todos cometemos errores. Tampoco es que fueran fármacos super importantes de administrar, por eso no hubo mayor problema. 



Por último, me tocó hacer una cura en un tobillo, la cual consistía en lavar la herida con sulfato de cobre y luego ponerle iruxol mono, una pomada que se utiliza para el desbridamiento de los tejidos necrosados en úlceras cutáneas. Un par de compresas por encima cubriendo la zona y un vendaje para que quedasen sujetas y no rozase con las sábanas. Para que os hagáis una idea, os dejo una imagen, que sé que os gustan.



"He aquí el bello arte de las úlceras por presión".

lunes, 30 de noviembre de 2015

Los lunes al sol

Contra todo pronóstico, después del domingo llegó el lunes.
Y cuando pensabas que ya te habías hecho a los madrugones, a la oscuridad y al frío, te despiertas (o más bien te despierta tu reloj biológico) 5 minutos antes de que suene el despertador.
Y te das cuenta de que estás congelado.
Te aferras a las sábanas tratando de calentarte y descansar en apenas 4 minutos (la razón no funciona a horas tan tempranas) y tras fallar estrepitosamente en tu intento te dispones a empezar una nueva semana.

Lo creáis o no eso de que haya 0 grados en la calle ayuda enormemente a tus ganas de empezar la jornada con pensamientos como "a ver cuando llego a ese maldito hospital que de la estufa no me separa ni la supervisora".
Efectivamente en el hospital te encuentras con un microclima típico de las Canarias con una temperatura constante de 27º, que tiende a descender cuando a algún ilustrado se le da por abrir las salidas de emergencia del pasillo, para hacer "corriente". Al último que lo hizo lo deportamos a Siberia.

Una vez en el hospital lo primero de todo es firmar, porque tú no vas a pasarte allí la mañana para que luego te pongan faltas de asistencia. Porque, y esto es importante, allí a nadie, absolutamente a nadie, le importa si vas o no. A nadie. Solo a la profesora asociada, que es la que pone las notas a tu mes y medio en prácticas y a la que solo ves dos días. Lógica pura.

Justo después de firmar te vas a ver lo más importante. El libro de incidencias. Porque tú te vas a encargar de ciertos pacientes y te interesa saber si hay ingresos, traslados, altas... o muertes. Y por desgracia hay de esto último.
Es especialmente duro cuando ves que ha fallecido un paciente que habías llevado desde tu primer día, con el que habías hablado y reído. Un paciente con el que hablaban de continuar un tratamiento durante 1 año, y que en poco más de 3 días sufrió un espectacular empeoramiento. Es impactante los cambios que puede sufrir una persona en solo unas pocas horas, pasando de pasear por los pasillos a estremecerse de dolor en la cama. Pero para los demás la vida sigue (y menos mal).


Así que también seguimos nosotros (o más bien empezamos), con la maravilla de tomar controles matutinos. Ayuda mucho entrar en la habitación y que familia y paciente ya estén despiertos, pero eso no siempre pasa, y con muchos pacientes no tienes la certeza de que se vayan a despertar ni siquiera con el incomodo manguito de la tensión. Cuando estás con alguno ya te das cuenta de que te van a salir valores muy anormales y buscas por todos los medios silenciar las mil y una alarmas que tienen los malditos aparatos. Que cada vez que sale alguien con una tensión del estilo 40/20 (que los tiene habido) la alarma la escuchan en todo el hospital y alguien en la cafetería comenta "uf, ese está fatal".


Una vez tomadas las constantes y solucionadas todas las emergencias de primera hora (que para ser tan temprano hay unas cuantas) toca pasarlo todo al ordenador. Y te encuentras con un programa que es más viejo que el ordenador. Con aquellas ventanas típicas del Windows 95 y con unos dibujos que te recuerdan al primer videojuego que heredaste de tu tatara-tío. Simple, fácil de usar y sobre todo simple (otra vez).


Y luego a esperar, si hay suerte, porque seguirán surgiendo cosas que hacer, cosas que pinchar, cosas que purgar, cosas que limpiar... Hasta que podamos pasar visita con el médico y los proyectos (que como nosotros siempre van un poco perdidos). Digo podamos porque los avistamientos de médicos por un pasillo son casos extremadamente raros, así que si ves alguno síguelo porque probablemente ya haya visitado la mitad de tus habitaciones sin que nadie se haya enterado.


Una vez hecha la visita se procederá a revisar todo lo que los pacientes tengan clavado en sus carnes: vías, catéteres, sondas... Aunque este paso puede sustituirse con un "está todo bien" fruto de la pereza y la vagancia. También puede ser que se hagan curas de heridas y úlceras (que en los pacientes de paliativos no son precisamente escasas), pero por lo general es suficiente con impedir el avance de la herida y que así esta no produzca olor.

A media mañana llega el momento de la medicación de las 12, que puede recibir el nombre de sangría. No porque abunde la bebida (que también, de ahí la cara de idiotas felices que llevamos a partir de la una) sino porque son escasos los días en los que ningún pobre enfermero se deje unas gotas de su preciada sangre en el suelo de la sala. Todo son objetos de tortura.

No hay nada acolchado, ni gomaespuma, ni cosas blanditas. Todo pincha, rasca o es potencialmente venenoso. Esto convierte a una sala de enfermería en un paraíso de emoción para cualquier bebé explorador y provoca una crisis histérica en cualquier madre (incluida la tuya, que "ojo con los cristales").

Una vez pasado el apuro sin haber perdido la integridad de la piel se reparte toda la medicación, y es posible disfrutar de unos segundos de tranquilidad. Luego vuelven a surgir las emergencias (que misteriosamente solo aparecen cuando pareces tener unos minutos de tranquilidad).
Si dejas todo solucionado, tratamientos confirmados y medicación lista puede que, y solo puede, consigas escaquearte unos minutos antes de la hora de salida.
Pero solo unos minutos eh, lo de salir una hora antes (o más), eso NUNCA.
Ante todo, seriedad...

jueves, 26 de noviembre de 2015

El armario de Narnia de la medicación.

Sin duda una de las cosas más difíciles de aprender es el nombre de las medicaciones y para qué sirven, pero sobre todo, y lo que más falta hace saber, es dónde están guardadas y como se administran.
El almacén, que tal y como describo podréis creer que es enorme, no es mucho más grande que un baño de gasolinera, en el que es realmente necesario poner los carritos de manera que no dificulten el tránsito de las enfermeras, estudiantes y auxiliares que intentan pasar por ahí. 
Tiene unas estanterías de cajones que hacen esquina. En un lado se encuentra la medicación que va por vía oral, y en otro la que se administra por vía intravenosa, y ambas estanterías están ordenadas por orden alfabético.
Serían una cosa parecida esto pero más largo:





De todas formas, muchas veces la medicación prescrita ya está en unos cajones con el número de la habitación, que vienen cada día de farmacia.

Mis compañeras de planta y yo hemos ido recopilando una lista de los medicamentos que más usan nuestros pacientes y para qué sirven. 
  • Nuestro producto estrella: el Duphalac. 
¿Sabéis de ese tipo de cosas que aprendes y no se te olvidan porque las asocias con alguna estupidez? Pues es este caso. 
Bastó con que un día que casi todos los vasitos de medicación tenían una bolsita de Duphalac preguntáramos para qué servía para que no se nos olvidase que simplemente es un laxante para el estreñimiento.
  • Keppra (también llamado Levetiracetam), Vimpat y Zebinix.
Es importante aprenderte los dos nombres del Levetiracetam porque en los cartones de medicación te puede aparecer de cualquiera de las dos formas y te puedes matar a buscar por el nombre que no aparece. 
Tanto este como eVimpat y el Zebinix están indicados para tratar las crisis epilépticas.
  • El Enantyum y el Paracetamol.
Son los analgésicos principales que usamos para el tratamiento del dolor de los pacientes.
El Enantyum es un antiinflamatorio no esteroideo (AINEs) y se utiliza para el tratamiento del dolor leve o moderado.
  • Clexane. 
Es un medicamento anticoagulante (otro anticoagulante conocido es el Sintrom). 
Se trata de una heparina que actúa evitando que se formen coágulos. Sirve para prevenir trombosis venosas en pacientes que han sido operados y pacientes que aunque no hayan sido operados deben estar mucho tiempo encamados.
  • Colistina y Noroxin.
Ambos son antibióticos. El Noroxin es un antibiótico de amplio espectro que actúa contra determinados tipos de infecciones bacterianas y la Colistina es un antibiótico bactericida que se une a lipopolisacáridos y fosfolípidos de la membrana celular externa de bacterias Gram negativas.
  • Haloperidol y Lorazepam.
Ambos se utilizan como relajante para trastornos del sueño.
  • Furasemida.
Es un diurético.
  • Ramipril y Torasemida.
Se utilizan para tratar la hipertensión arterial.

martes, 24 de noviembre de 2015

Una semana más.

Bueno, me he dado cuenta después de una semana de que he empezado a explicar lo que hacía en las prácticas sin explicar antes exactamente en qué consiste la planta en la que estoy teniendo las prácticas, así que voy a ello




Mi planta es la planta de Neurología y Neurocirugía, y cómo no sabía todo lo que se hace, porque quieras que no, sólo vemos una pequeña parte de todo lo que se hace en un Hospital, lo he buscado en internet:

La Neurocirugía es una disciplina de la medicina y una especialidad médica de carácter quirúrgico que se ocupa del estudio y tratamiento, (esto es, la prevención, diagnóstico, evaluación, terapéutica, cuidado intensivo y rehabilitación) de las enfermedades quirúrgicas o potencialmente quirúrgicas del sistema nervioso central y sus cubiertas, es decir, el encéfalo, la médula espinal, el cráneo, la columna vertebral y las meninges; del sistema nervioso periférico y del sistema nervioso autónomo, su vascularización (incluyendo las arterias carótidas y vertebrales) y otros anexos como la hipófisis, así como del manejo operatorio y no operatorio del dolor, sea cual sea la edad del paciente. 
SERGAS, 2010.

También se dedican al estudio de pacientes con epilepsias. Estos se encuentran en unas habitaciones especiales que están vigiladas por cámaras que graban los ataques epilépticos que sufren este tipo de pacientes.

Básicamente lo podemos resumir en que a nuestra planta vienen personas que se han sometido a algún tipo de intervención quirúrgica relacionada con el sistema nervioso, o que padecen algún trastorno neurológico.

Además, también podemos encontrar a pacientes aislados (por contacto directo, por contacto con la orina...) debido a diversos motivos como la presencia de bacterias multirresistentes, a cuyas habitaciones hay que entrar con bata y guantes si se pretende mantener contacto con el paciente o con su entorno.

Los cirujanos son quienes operan a estos pacientes, y una vez en planta son cuidados por el equipo de enfermería. Los médicos pasan visita cada mañana (normalmente sobre las 9, pero varía según el día) y miran la evolución del paciente. 
Suelen acabar bastante rápido y son acompañados por las enfermeras y estudiantes de medicina de prácticas. 




Después de esto determinan si es necesario algún cambio en el tratamiento del paciente, lo anotan en su historia y nos la vuelven a entregar. Nosotras vemos si hay variaciones o no y a partir de ahí pautamos la medicación y los cuidados que hay que realizar hasta el día siguiente.




lunes, 23 de noviembre de 2015

Un zombie a la intemperie


Ya ha pasado una semana.
Estoy tan cansado que en vez de 7 días parece que llevo meses así.
Cuando acabas la primera semana, lo primero que piensas el viernes mientras huyes más de una hora antes de acabar tu turno para coger el bus (que para algo es viernes) es: "bueno, pues no estuvo tan mal".

¡ES MENTIRA!

Probablemente pasarte la semana jugando con la morfina ha hecho que se te cuele un poco por ósmosis o inhalación, pero no te engañes, estás drogado. La semana ha sido horrible por mucho que las drogas colonicen tu sistema nervioso.
Este eres tú tras 7 horas lamiéndote la "gotita" de todo lo que se te queda en el dedo.
Atrás quedan 35 horas (porque está claro que aquí nadie se va antes de tiempo...) de trabajo, risas, angustia, miedo y sobre todo incertidumbre. Porque las dudas están por todas partes, y el estrés que te transmiten todos los que trabajan allí es agotador.

Sobre todo cuando deciden ponerse a dar cursos sobre un nuevo programa informático que el Sergas implanta mañana y de repente desaparecen trabajadores media mañana y tú tienes que cargar con todo mientras la hora se te echa encima y estás preparando la medicación de las 12 a la una y media.
Que esa es otra, justo nos tiene que tocar esto, que si ya les cuesta a ellos entender estos programas informáticos tan "mega-modernos" pues nosotros ya nos sentimos incultos totales. Y al final esto perjudica al paciente, que un error humano se puede evitar pero un error informático...
Pero lo peor de todo es madrugar.

Cuando vuelves a tu casa a las 3 de la tarde bajo el Sol, (bueno, bajo lo que de momento he tenido la suerte de que sea un cielo despejado) en un ataque de optimismo piensas que no está tan mal, que al final te lo acabas pasando bien. Como ya he dicho esto probablemente es por inhalar estupefacientes, porque trabajar 7 horas cansa bastante, pero dormir poco te transforma.

Esto es mentira. O los efectos de las benzodiacepinas.

Por la noche se va acercando la hora de irte a dormir, o al menos la hora a la que deberías irte a dormir, y tú solo puedes pensar en lo horrible que es el mundo para que te tengas que levantar en unas 6 horas para ir a tus prácticas (problemas del primer mundo, que le vamos a hacer).
En cuanto oscurece tu humor se marcha con el Sol y te vuelves borde e irritable. También se conoce este fenómeno como tu madre por la noche de un día de semana. 
Eso se mantiene hasta la mañana del día siguiente, cuando yo doy gracias de no ver a nadie a esas horas para no tener que escupirle un "buenos días" que no me creo ni yo.

Ese "a quien madruga dios le ayuda" debió de decirlo alguien que no trabajó en su vida, porque a mí Dios me castiga por madrugar.
Si no que alguien me explique por qué tengo que aguantar un paseo de 20 minutos a oscuras todas las mañanas al que ahora se le unen unos escasos 5 grados (gracias invierno). En ese paseo te replanteas toda tu existencia hasta el punto de que cuando llegas juras que mañana no vuelves. Pero al final, vuelves.

Porque yo a oscuras soy menos optimista y en cuanto a refranes me acerco más al "no por mucho madrugar amanece más temprano". De hecho es todo lo contrario, os lo dice alguien que vive más tiempo de noche que bajo la luz del Sol. Cuando te despiertas de noche y tienes que desayunar a oscuras congelado con tu taza delante mientras lees Twitter para ver si pasó algo interesante mientras tu dormías, es en esos momentos en los que te entran ganas de volver para tu cama que todavía sigue caliente y no salir de allí en toda la mañana.

Pero por muy horrible que sea madrugar, el ir andando de camino al hospital y llegar mientras ves que va amaneciendo a tu lado es una sensación interesante. Por un momento te olvidas de todo y solo ves la luz de la mañana, te sientes realizado y productivo. Pero pensar que la mayoría de la gente que conoces en otras carreras está durmiendo te da envidia. Que a ver por que tuviste que meterte en esto.
Pues por eso, porque nos gusta sufrir. Pero sin sufrimiento no se consigue nada, y sin madrugar te pierdes muchas de las mejores cosas de la vida, como ver amanecer, o entrar a trabajar a las 8 de la mañana.
Y ya solo quedan 4 semanas, que al final seguro que se acaban haciendo cortas.

domingo, 22 de noviembre de 2015

El GACELA, ese gran desconocido.

Probablemente a lo largo del primer año os mencionarán el programa informático GACELA, en Fundamentos de enfermería y en Bases para os coidados da saúde si mal no recuerdo. El caso es, todo lo que creáis saber, no lo sabéis. No tenéis ni idea de lo que os están hablando hasta que llegáis a las prácticas y os explican para qué sirve y cómo se usa. Si es que tenéis esa suerte...


Este programa sirve para anotar toda la información de los pacientes, respecto al motivo de su ingreso en el hospital, sus datos, todas las actuaciones de enfermería que se le realizan, las complicaciones que van surgiendo... Es como un diario de todo lo que va pasando con respecto a estos pacientes y su evolución en el hospital. 
Cada enfermera durante su turno escribe comentarios acerca de lo que ha hecho o no para que la enfermera del siguiente turno sepa lo que se ha hecho para no cometer errores. Por ejemplo, realizando un proceso que ya se ha realizado o dando una medicación que ya se haya dado, entre muchas otras cosas. Aunque para esto último también existe una carpeta con las fichas en papel de los pacientes, en las cuales figuran toda la medicación que tiene prescrita, la hora a la que se debe tomar y si ha sido administrada o no.
Además, en este programa también se realizan las altas de enfermería, no tienen validez como alta médica, que es la necesaria para salir del hospital, pero en ellas aparecen los cuidados que debe tener el paciente una vez fuera del hospital, por ejemplo con las curas que debe realizar en la herida quirúrgica, la alimentación que debe llevar... según la operación que se le haya realizado o el motivo por el que haya sido ingresado en el hospital.


En mi caso en concreto, como expliqué en la anterior entrada, lo primero que se hace nada más llegar es pasar controles. Una vez que tenemos los datos de temperaturas, tensiones, deposiciones, etc, vamos con nuestro papelito a sucio hacia un ordenador, nos sentamos enfrente y abrimos el programa. De repente creeréis que habéis hecho un viaje al pasado, cuando todavía no teníais internet en vuestro ordenador de mesa y os entreteníais con él jugando al buscaminas. En serio, este programa parece que ha sido creado por la mismísima Florence Nightingale.

(Entendéis lo que quiero decir, no?)

Una vez abrimos el programa podremos ver un mapa de las camas de la planta en la que estamos, y seleccionando a nuestros pacientes podremos ir añadiendo los datos que fuimos recopilando en nuestro paseíllo matutino. Algo tal que así:



Me gustaría poder explicaros con detalle como funciona el programa pero sencillamente todavía no lo he llegado a entender. A lo largo de mi primera semana he """"aprendido a utilizarlo""" mirando como mi enfermera lo hacía y tratando de memorizar el proceso cuando me explicaba como hacerlo yo. No hay otra manera, así que no os preocupéis, ya os tocará. A base de repetirlo acabaréis aprendiendo qué significa cada dibujito. 

Además estoy segura de que no tardaréis más en aprender a usarlo de lo que tarda el programa en cargar...