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miércoles, 16 de diciembre de 2015

Frenesí hematológico

Hay muchos días que cuando estás en las prácticas tienes la impresión de que lo que haces en las 7 horas que te pasas en el hospital podrías hacerlo en 5.
Otros días sin embargo te preguntas cómo es posible haber hecho tantas cosas en tan poco tiempo. Hoy fue uno de esos días.

Puede ser que esté debido en parte a la persona a la que tuve que seguir hoy. Y con seguir, me refiero a la enfermera. Y con enfermera me refiero obviamente al tipo de enfermera. Hace unos días expliqué con bastante acierto qué tipos de enfermeras hay en el hospital, algunas en mi unidad y otras no.
Hay una que sí está, que hoy estuvo y que acabó conmigo.
Me refiero, como no podía ser de otra manera, a la enfermera frenética.

Cuando tú llegas con los ojos todavía a medio abrir vas a firmar y estás más o menos así:

Y ella aparece y empieza a trabajar con tanta energía que desde tu punto de vista está tal que así:



Y claro, te notas cansado ya a mitad de semana, dando gracias una vez más por los pocos pacientes que tienes.
Pero poco a poco esa energía extra de la enfermera que no sabes muy bien de dónde sale se te va contagiando. Y allá vais los dos corriendo por el pasillo de una habitación a otra, entrando con sueros, saliendo con vías. No hay tiempo ni para entrar en boxes.
Tus compañeros se te quedan mirando asustados mientras vas sumando kilómetros a tus piernas sin apenas notarlo. El deber te llama y tu cerebro no tiene tiempo de decirte que estás destrozado.
Tienes 7 pacientes pero estás trabajando más que cuando hay 15. Porque casualmente TODO toca hacerse hoy. Todo lo pinchable tiene que pincharse hoy. Todas las pruebas tienen que hacerse hoy. Todo.

Una de las muchas cosas que tuvimos que hacer fue un análisis de sangre y una prueba cruzada. El análisis de sangre es sacar sangre. Sorpresa.
Pero en la unidad de cuidados paliativos cualquier prueba, por simple que sea, puede convertirse en una aventura. Hasta pinchar una glucemia.
Y para pinchar una vena a un paciente paliativo necesitas muchas cosas: pulso, suerte, sangre (en tu cerebro y en su cuerpo), el poder de la fuerza... Hace un mes tuvimos que sacar una vía y aún recuerdo el dulce chorrito de sangre que le salía. Debió de ser el único enfermo con sangre en toda la historia de paliativos.
Hoy nos dispusimos a sacar sangre al paciente, pero empiezas a mirarle los brazos y ya te vas dando cuenta de que no va a salir bien, así que miras a la enfermera con cara de "error 404, venas not found".



Un brazo está casi inutilizado. Vías, flebitis, venas endurecidas... Te da pena pincharle visto el mosaico que tiene, pero te pasas al otro brazo a ver si tienes más suerte. Y encuentras una vena/hilo. Miras al cielo pidiendo ayuda (al piso de arriba) y le pinchas.
Refluye sangre, pero nada más. Probablemente en esas venas hubiese 4 glóbulos rojos contados:
Remueves un poco la aguja (te duele solo de verlo) y parece que el chorro de sangre se intensifica. Pero era una falsa alarma. Vuelve a perder fuerza y se queda al nivel de fuente de parque atascada. No sabes si llamar a un médico o a un fontanero, pero allí sigues, ya sentado, mientras ves como los tubos se llenan con una lentitud asombrosa. Pero más asombroso es que alguien con tan poca vitalidad cardíaca se mantenga al pie del cañón.
Tras muchos, muchos (muchos) minutos terminamos de llenar los tubos. Con lo que sufrí yo cuando me pincharon si tengo que pasarme tanto tiempo así prefiero que me pinchen la anestesia y ya luego que me hagan lo que quieran.
Después se hace una prueba cruzada, que es básicamente mezclar la sangre del paciente con anticuerpos A y B y observar si estos se aglutinan o no. También se puede mezclar plasma del paciente con sangre de tipo A y B para ver la reacción. La sangre tipo A tiene anticuerpos anti-B y la sangre de tipo B tiene anticuerpos anti-A. La sangre AB no tiene anticuerpos de ese tipo y la tipo 0 tiene de los dos tipos. Tiene bastante sentido.

Tras pasar mucho tiempo recolectando sangre continuamos recorriendo el hospital.
Es uno de esos días en los que acabas agotado, pero a la vez contento de haber pasado la mañana trabajando.

Fuente: http://www.doctoralia.es/pruebamedica/pruebas+cruzadas-1118

jueves, 10 de diciembre de 2015

El apasionante mundo de los hemocultivos

Como supongo que imaginaréis el título es totalmente irónico, pero hoy os voy a seguir hablando de los tipos de pruebas que llevo realizados hasta ahora en mi planta. Ya os hablé un poco de las pruebas que de orina, y ahora os voy a explicar cómo se hacen y para que sirven los hemocultivos.

Este estudio se realiza cuando existe sospecha de una infección, conocida también como septicemia, que comienza con síntomas como episodios febriles, escalofríos, aceleración de la frecuencia cardíaca y respiratoria... Estos pueden avanzar hacia un shock séptico, provocando hipotermia, descenso de la presión arterial, confusión u otros cambios en el estado mental del paciente y anomalías en la coagulación de la sangre.
Con este estudio lo que haríamos sería comprobar si existen bacterias u otros microorganismos en la muestra de sangre, que confirmarían nuestras dudas de septicemia.
 
Cuando el paciente no tiene ninguna vía se debe realizar una extracción de sangre mediante una punción. Esta debe hacerse evitando que las bacterias que tenemos en la piel penetren en el interior arrastradas por la aguja, por eso es importante limpiar con un antiséptico la zona antes de realizar la punción.
Sin embargo en mi caso, al estar en planta, la mayoría de los pacientes toman algún medicamento por vía intravenosa y por lo tanto ya tienen una vía, que puede ser central o periférica (ya las explicaré), y la muestra de sangre puede ser tomada directamente de aquí.

Se recomienda hacer varios hemocultivos a lo largo de 24 horas para comprobar que realmente se trata de una infección y no de una contaminación de la muestra. El volumen que se suele sacar está sobre los 10 ml. Se coge con una jeringuilla y se introduce en los frascos, que son estos (por lo menos los que usé yo), uno con la tapa naranja y otro azul:


Es importante que todo el proceso sea lo más estéril posible, y que se manden las muestras cuanto antes al laboratorio, para así evitar lo máximo posible que se produzca una infección posterior a la extracción.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Mis 8 horas de sueño se fueron cuando decidí hacerlo realidad

Muy buenas fieles seguidores, hoy me he levantado con buen pie y resultó ser un día genial en el "trabajo". Nada más llegar allí me enteré de que iba a estar con una enfermera nueva, pero nueva nueva. Me explico. Cada día los de prácticas vamos (más o menos) haciendo todo con una enfermera, dichas enfermeras rotan los turnos, por lo que cada día prácticamente vamos con una diferente. Pues hoy me tocó con una recién llegada, que ya se iba también ese mismo día para no volver. Lo cuál hizo que, más que ser ella la que me enseñase a mí, iba yo enseñándole a ella, y fue una bonita experiencia. Era una chica joven y muy amable que hasta me pidió ayuda, ya que nada más presentarme me ofrecí a tomar las constantes, y ella respondió: "sí, mejor, que tú controlas más que yo". Lo creáis o no, me hizo sentir importante. Ya le estoy cogiendo el gustillo a este trabajo, de verdad. 

Al acabar de hacer y pasar al ordenador las constantes, nos dispusimos a preparar la medicación (todo lo hice yo sola prácticamente) y después del descanso fuimos a repartirla. Hasta aquí todo bien. Terminamos y fue entonces cuando tocó hacer curas. Quien dice curas dice verdaderas cirugías porque lo que vi no era normal. Chicos y chicas, si no sabéis lo que es una úlcera, os lo explicaré. Se trata de una lesión en la piel que en profundidad alcanza la submucosa y es causada por permanecer en una misma posición durante demasiado tiempo (una cama, una silla de ruedas...). No vi la submucosa, vi más. Mucho más. La pobre señora tenía allí, en el sacro, un universo aparte, os lo juro. La impresión que me dio ver aquello no se puede comparar con nada que haya visto hasta ahora. Era como un agujero negro, enorme y super profundo en una señora que además era muy delgada, lo cual impresionaba más. Después de retirarle las gasas que tenía allí dentro, la limpiamos y pusimos unas gasas nuevas, con unas compresas cubriendolas, y por encima de todo esto, una especie de parche específico ya para esas cosas. Cinco segundos más tarde ocurrió lo inimaginable y gracias al cielo que no lo vi. Yo me disponía a salir de la habitación ya, cuando de repente las auxiliares (que estaban sujetando a la señora de la úlcera) pegaron un grito e inmediatamente se escuchó: "lo que faltaba...", mientras veían para su trasero al descubierto. Sí, la señora se hizo de vientre antes de que les diera tiempo a cambiarle tan siquiera el pañal. Me fui de allí lo más rápido posible para que no me vieran reír, que yo no quería, os lo prometo, pero son de esas situaciones en la vida que no te esperas vivir y cuando llegan... llegaron, y tu comportamiento es el primero que te salga. Pero tranquilos, el karma me la devolvió. Más tarde cuando simplemente iba a ponerle las gafas nasales a una señora, la cama se bajó del todo sola, todos los de esa habitación pensamos que se había roto. Yo, asustada, sin saber qué hacer, si sujetar la cama o a la señora que estaba a punto de un ataque de nervios gritando en la cama que no quería caerse. Entonces decidí salir y a la primera persona que me encontré, la cogí, le comenté la situación y vino rápidamente a ayudarme. No chicos, no se había roto. Lo único que hizo esa persona fue coger el mando de la cama, darle al botón de subir la cama y ella sola subió. Yo me seguí preguntando el resto de mañana qué era lo que había pasado ahí. 

Como ya os comenté antes, la enfermera que me había tocado era nueva en aquel hospital, entonces me mandaba hacer todo a mí sola. Hasta que llegó un momento en el que me mandó hacer un electro. Yo toda feliz, salí del control y a los 5 segundos volví al darme cuenta que ni sabía donde estaba el aparatejo. Me encontré entonces con la chica de tercero de prácticas y le pregunté si me acompañaba (menos mal que dijo que sí). Fuimos las dos a por él y una vez llegamos a la habitación del paciente le fui colocando las pegatinas para luego conectar los electrodos. Tras varias tiras de papel, nos decidimos por los que mejor estaban (o al menos los que para nosotras mejor estaban) y se los dimos a la enfermera, la cual tras dar el visto bueno, me mandó llevárselo al despacho de los médicos. Ojo, que ese despacho es como un camaleón: se oculta con las paredes, lo único que lo distingue es el pomo. Fue gracioso la primera vez que me mandaron ir, porque me dijeron que era al fondo y a la izquierda, y yo al llegar al fondo, sin darme cuenta del pomo, no vi nada, y a la derecha solo había la habitación de un paciente. Entonces volví a girarme hasta que encontré el pomo y pensé: "pues será esto...". Los familiares que allí se encontraban a saber qué pensaron de mí, pero bueno, son cosas que pasan y hay que perder la vergüenza a quedar mal y sobre todo que te dé igual lo que piensen de ti. 





Espero que os vayan gustado estas anécdotas (y las anteriores y las que prosiguen), tanto mías como las de mis compañeros, serán buenos recuerdos dentro de unos años. 








"Esto deberíamos contestar los de prácticas, aunque un pequeño incentivo tampoco venía mal, aunque fueran gominolas".

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Cuatro pinchazos y un funeral

Hoy voy a contaros algo que no había admitido nunca hasta ahora públicamente.
Es una gran secreto que he mantenido apartado de mi vida educativa y que hasta ahora había conseguido permanecer oculto. Ninguna cadena de televisión consiguió la exclusiva, y eso que me ofrecieron dinero. Mucho dinero.
Hoy por desgracia ese secreto ha tenido que ser desvelado.
Tengo una fobia.
Sí, tú te ríes de la gente que dice que tiene fobia a algunos bichos (yo también me río) como las arañas o las hormigas.
Pero yo de mi fobia no me río un pelo.
Sobre todo porque me rodea todos los días en el hospital.
Tengo fobia a la sangre.


Es curioso que alguien con fobia a la sangre esté estudiando una carrera en la que te pasas el día manchándote de sangre.
Pero no es tan simple.
Puedo ver sangrar desde un pinchacito de una glucemia hasta una pierna partida por la mitad.
El problema está en el brazo.

El brazo es una zona débil, expuesta, con las venas (al menos las mías) que poco más se salen de la piel a saludar. Tengo un mapa callejero de Alcobendas en las venas de mi brazo. Y cualquier acción contra esas venas me horroriza. Y con horrorizar me refiero a taquicardia, sudor, palidez, mareos, nauseas... que si siguen pueden terminar en un maravilloso desmayo. Y eso mientras le estás cogiendo una vía a un paciente no es gracioso. Nada gracioso.

En general ese tipo de agresiones contra otras personas no me afecta tanto (viva mi empatía), pero en algunos casos me llega a afectar.

Es el caso de hoy, en el que me mandaron ir a revisarle una vía a una paciente. Cuando llegué a verla me la encontré igual que siempre, tumbada, apenas consciente. Sin embargo la vía estaba en un estado que parecía que la señora se había pasado la noche haciendo aerobic.
Yo intenté con toda mi alma arreglarla, pero eso no había por donde cogerlo. Así que se la saqué. Y sangró. Y siguió sangrando (como aquel otro que había estado regando la cama con su sangre, pues igual). Después de un rato seguía sangrando así que decidí avisar para que alguien se apiadase de mí y viniese a socorrerme. Y mis plegarias fueron escuchadas. Para cuando llegaron ya había dejado de sangrar, pero claro, había que cogerle una vía.

Allí estaba yo entonces expectante a que le cogiese una vía a la pobre señora. Y mientras me va explicando. Yo esto de la explicación "in situ" lo agradezco profundamente para mi entendimiento y formación. Pero que a mí se me pongan a explicar cosas mientras veo la sangre saliendo con la aguja medio clavada pues no.
Y allí me sigue explicando.
Y yo intentando mantener mi dignidad apoyándome contra la cama mientras me seco el sudor disimuladamente.
Y la explicación continúa.
Y la sangre sigue saliendo.
Yo sigo escuchando como me dice que en muchos pacientes como la que teníamos delante puede hacer falta cogerle la vía varias veces (incluso 3 o 4) porque se le rompen las venas al ser tan frágiles. Estoy cayéndome por coger una vía, si tengo que cogerla 4 veces ya mejor manda a la paciente para su casa y déjame su cama a mí que me pongo peor.
Mientras sigo viendo la sangre salir intento distraerme a mí mismo mirando por la ventana, pero mi cerebro es más listo que yo y sabe que la sangre sigue saliendo. Disimuladamente abro la ventana para que el frío glaciar que hay fuera calme el chorreo que tengo. En esto el enfermero me suelta "vamos a tener que ir a coger una malla" y se me abre el cielo. Con la visión borrosa y chorreando sudor recupero un poco de color y me ofrezco a ir a por ella.
Yo estaba en la etapa 2 y medio. Tirando a 3.

Mi esperanza se desvanece cuando me dice que ya iremos más tarde, así que me pide que le pase un apósito y se lo coloque. Yo, con mi visión doble y el sudor entrándome en los ojos hago uso de la poca estabilidad que me queda y se lo coloco. Yo rezo porque el sufrimiento acabe pronto, porque si no salgo ya de esa habitación me van a tener que sacar en camilla. Al separarme finalmente él nota que estoy al borde del colapso. No sé si sería mi piel pálida nivel Voldemort, el sudor que llevaba más caudal que el Guadalquivir o mi inestabilidad más típica de un jueves noche que de un miércoles por la mañana, pero algo le hizo notar que no me encontraba precisamente en mis mejores momentos.

Por fin puedo salir de allí y me arrastro hacia una fuente que más que una fuente me parecía el Santo Grial. Intento recuperar algo de líquido para no tener que enchufarme un suero, que eso va en vena y la volvemos a liar.
Raudo y veloz (al menos lo que me permitía el cuerpo) me escabullo a la sala de descanso sin que nadie se dé cuenta de que parece que acabo de hacerme la maratón de Madrid en pleno agosto.
Allí me esperan mis galletas, que más que galletas eso sabía a vida, amor y un toque de caviar.
Que mal se está cuando se está mal (y eso os lo dice alguien que se pasa el día en cuidados paliativos), pero ya medio recuperado toca volver a la acción.
Ríete tú de una hemorragia cuando te cortas con una de estas.
Lo que no sabía era la sorpresa que me deparaban unas ampollas con un cristal muy cortante. Pero esa ya es otra historia...