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martes, 22 de diciembre de 2015

El gordo

22 de diciembre.
Muchas cosas pasan el 22 de diciembre.
Para nosotros, era nuestro último día de prácticas. El último día de las primeras prácticas de nuestra vida.
Había sido un mes y medio complicado, con muchas idas y venidas, muchos subidones y muchos (muchísimos) bajones.
Así que siendo este nuestro último día esperábamos que el único gordo que nos tocase fuese uno que pudiese mandarnos a unas buenas vacaciones de "invierano" a Australia.
Cuan equivocados estábamos...

Llegamos al hospital dispuestos a tener un día relajado, de despedida, divertido... Nada más lejos de la realidad. Al pasar los controles a primera hora de la mañana te encuentras con pacientes con fiebre, nada fuera de lo normal, así que a un paciente se le medica para que le baje la fiebre. 15 minutos después ya no había paciente.

¿Muerto? Pero... ¿qué?
Tras más de un mes consiguiendo que todos mis pacientes sobreviviesen a mi turno el último día se me muere uno. Es un palo importante, sobre todo para la familia que ni siquiera se había enterado (en algunos pacientes la diferencia es prácticamente nula).
Así que toca, primero, comerse el marrón de ir a la habitación a hablar con los familiares y segundo, desmantelar al paciente (que técnicamente ya es un cadáver) y toda la habitación. Muy turbio todo.

Luego te olvidas del tema y sigues con lo tuyo, que lo que sobra son cosas que hacer.

A media mañana por fin puedes disfrutar de tu descanso, pero recuerdas que los resultados de las analíticas te esperan en preventiva así que vas. Todo esto, claro, sin haber tenido un triste minuto libre para comerte una galleta o algo, así que sigues en ayunas.


Al llegar a preventiva (sin cita, como debe ser) nos dicen que esperemos un "minutito" que en seguida nos atienden. Sí, un minutito. Pero en unidades del sistema internacional no, ese minutito venía en unidades de publicidad de Antena 3.

Una hora y media allí esperando nos tuvieron los muy desalmados. Y nosotros que estábamos en un supuesto descanso de 30 minutos. El último día y escaqueando más que en todo el mes.
Para cuando se dignan a hacernos caso resulta que lo que creíamos que era ir a ver unos simples resultados se convirtió también en lo que podríamos llamar "excursión a (des)preventiva 2.0". 
Primero vimos los resultados. Nunca, repito, nunca jamás, tendrás tanto miedo de un positivo o un negativo y lo que puedan significar. En cuanto aparece tu historia en la pantalla buscas desesperado los resultados. Rubeola... me da igual. Sarampión... ya lo pasé. VHC, VIH... todas las V... bueno, parece que salimos vivos de las primeras prácticas.
Pero, sorpresa, el tener que memorizar tanta información en los últimos años ha hecho que te olvides de tu inmunidad a las hepatitis. Bueno a lo mejor no es por eso, pero el caso es que tienes que volver a vacunarte. Y vas a empezar hoy, para qué esperar.
Cuando te ponen una vacuna no te duele la aguja, eso casi no lo sientes. Lo que te duele es la vacuna mientras va pasando. Sobre todo si te la pasan rápido (incluyo aquí mi agradecimiento especial). Así que ahí estás tú en tu último día sufriendo el dolor, viviendo esa típica escena:

La imagen es cruel, lo sé.



- Aguanta, vamos, no me dejes!

- Y pensar que solo me quedaba un día para retirarme...





Al terminar volvemos a la unidad con dos horas de retraso y un dolor en el deltoides importante. No hace falta decir que nuestra ausencia se ha sentido y nos la echan en cara. Justo el último día. Para que se acuerden de nuestra vagancia al poner las notas (lo nuestro es mala suerte).
Para cuando llegamos ya ha salido el gordo. Y le ha tocado enterito a un pobre paciente que va a terminar la mañana atacado por todas partes, Análisis, dos tomas de hemocultivos, muestras de mucosas en orificios que prefiero no nombrar y gasometrías. Además tiene fiebre. Está claro que cuando viene lo malo, viene todo junto. Tras dejarlo vacío de sangre damos por terminada la mañana.

Toca despedirse, después de más de un mes allí. En el fondo es más bien un hasta luego, teniendo en cuenta que ellas van yendo para dónde les lleve la vida y no me extrañaría que volviésemos a coincidir en otra unidad. Hasta entonces, ha sido un placer, aunque no pienso volver a pisar un hospital hasta el semestre que viene así me desangre en la calle.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Excursión a (des)preventiva

Hoy es uno de esos días en los que ya te despiertas con ganas de no hacer nada en todo el día. Y así serías feliz.
Porque un puente de 4 días no es suficiente y que la semana haya empezado un miércoles no significa que tú tengas que salir de casa a las tantas de la mañana con ganas de comerte el mundo.
Así que, cuando te dan la oportunidad de escoger un día para ir a preventiva, escoges uno en el que ya sabes que vas a dar gracias por no tener que ir a las 8 a las prácticas. Y escoges hoy.


Con casi una hora más de sueño nos dirigimos hacia la unidad de medicina preventiva. Si nunca has estado, es físicamente imposible que seas capaz de encontrarla. Puede que ellos tampoco quieran ser encontrados... quién sabe. La cuestión es que habitan un pasillo sellado por puertas que cualquiera confundiría con un "solo personal autorizado". También es cierto que vestidos con un pijama blanco ya se nos considera personal autorizado...


Ya nada más llegar nos explican que lo único que vamos a hacer hoy es sacarnos sangre, y ya cuando lleguen los resultados veremos si hay que vacunarse o si tenemos alguna divertida enfermedad escondida. Lo más curioso de todo es que el control vacunal se hace para las prácticas, pero los resultados de los análisis llegan el día que se acaban las prácticas. Sanidad pública, eficiente y de calidad. Eso siempre.


Así pues, una vez atendidos nos llevan a hacer las analíticas. Y claro, como somos de prácticas pues ya nos pinchamos entre nosotros. Ya he comentado anteriormente que yo y los pinchazos en vena no somos muy amigos, así que el tener que pincharnos entre nosotros no me pareció la idea del año precisamente.
Para mejorar el panorama tuve que pinchar a mi compañera, sí, la que se dejó las venas en su casa. Pero no en su casa de aquí. No. Las dejó en una casa que tiene allá por las antípodas.
Si no tuviese pulso probablemente pensarías que es un brazo de simulación para laboratorio. Pero había que pinchar, así que con un poco de palpación (y mucha imaginación) encontré una supuesta vena. La suerte quiso que esa supuesta vena fuese realmente una vena, porque el desastre podría haber sido épico (y tenemos camas libres en paliativos para este tipo de desastres).
Mi sistema nervioso decidió en ese momento llenarme de inspiración para que el sudor, los mareos y la triple visión no hiciesen acto de presencia, pudiendo así sacar sangre (de forma normal).
El problema vendría cuando me sacaron sangre a mí.


La gente se queja cuando tienen las venas muy profundas, o que no se les ven bien. Yo tengo un mapa callejero de Ciudad Venal Real en los brazos. Nadie parece hablar del problema que supone tener las venas superficiales. Es un trauma vivir así. Podéis tomároslo a broma pero con este problema subsistente en la población cualquier esquina de una mesa es potencialmente mortal.
Y cualquier aguja duele, mucho. El que solo hubiese que llenar dos tubos lo hizo menos angustioso, pero eso más que tubos parecían camiones cisterna... que lento pasa el tiempo cuando tienes un aguja dentro de ti. Que no hubiese que ir en ayunas también facilitó el que no me desmayase por un bajón de fuerza vital espontáneo, aunque espero que no analicen el colesterol, que mis desayunos son bien consistentes.
Ahora toca esperar por los resultados, que nunca se sabe quién se puede ir a las navidades con un VIH de regalo.

domingo, 29 de noviembre de 2015

UPP

Otro domingo más después de una larga semana de prácticas, con la tercera ya a la vuelta de la esquina. Como lo más apasionante que me ha pasado hoy es quedarme sin leche (sí, un domingo), tendré que continuar mis lecciones de la semana pasada y aportar un poco de cultura, que nunca está de más, para hablaros de las UPP.

No, no estoy haciendo propaganda de ningún nuevo partido político. Son las úlceras PP.
No, tampoco son las úlceras que han provocado estos 4 años de desgobierno (que las hay, y muchas).
Son las úlceras por presión.
Evolución de las UPP.
Una úlcera por presión es una lesión que está provocada por una mala irrigación sanguínea a una determinada zona, como consecuencia de una presión presente de forma constante sobre prominencias óseas y cartilaginosas.
Localización más común de las UPP.

Esto se produce fundamentalmente en pacientes encamados, obesos, inconscientes... todos aquellos que por lo general han perdido la capacidad de movilizarse con facilidad y permanecen en una misma posición durante horas, algo que para cualquier persona normal resulta imposible.

Las úlceras comienzan a producirse desde dentro, cuando la irrigación comienza a fallar provocando que el tejido que irriga pierda su funcionalidad y muera. Sin embargo, las úlceras se manifiestan en sentido opuesto, es decir, desde fuera hacia adentro, ya que los primeros indicios de una úlcera se observan en la piel enrojecida.

Las úlceras (como todo lo malo que hay en el mundo), tienen distintos estadíos según su evolución:
*Las imágenes que a continuación se muestran pueden herir gravemente su sensibilidad frente a la comida en las próximas horas*

  • Estadío I: se observa alteración en la coloración de la piel, con un enrojecimiento que no desaparece al presionar sobre él. Puede aparecer después de pasar la noche recostado sobre un mismo lado, considerándose un principio de úlcera.
Enrojecimiento por una úlcera de primer grado.

  • Estadío II: se considera una úlcera de segundo grado cuando la se pierde la continuidad de la piel. Tiene aspecto de ampolla.

  • Estadío III: cuando una úlcera alcanza el tercer grado implica que la necrosis ya afecta al tejido subcutáneo además de a dermis y epidermis.

  • Estadío IV: se pierde la totalidad del grosor de la piel y la lesión alcanza al músculo, hueso u otras estructuras más profundas. Pueden presentar cavernas o túneles, con una longitud y volumen inimaginable (en algunas te cabe el puño).











Llegar a una úlcera de grado 3 o 4 ya se considera algo exagerado que debería de haberse previsto con anterioridad. Suelen darse por lo general en pacientes de avanzada edad con problemas de movilidad graves y alguna enfermedad neurodegenerativa.

Para prevenir la aparición de úlceras por presión existe una escala que evalúa el riesgo de cada persona de sufrir una según distintas variables:

Esto es un poco relativo ya que un paciente en coma difícilmente va a estar alerta y con movilidad aceptable, así que en determinados casos es evidente el riesgo que tiene un paciente sin molestarse en mirar para esta tabla.

Las curas de las úlceras se hacen periódicamente, vaciando todo el exudado y tejido muerto que pueda tener la herida y protegiéndola con geles y apósitos como los que describí la semana pasada (http://cronicasdeenfermeras.blogspot.com.es/2015/11/paliativos-la-mejor-defensa-es-un-buen.html).

Una úlcera no es nada agradable, ni para el que la sufre ni para el que la tiene que curar (con su infección y olor incluidos), así que si podéis evitar que alguien cercano tenga que sufrir una, hacedlo.

Fuentes:

sábado, 28 de noviembre de 2015

The scientist

Es fin de semana, parece (al menos a mí) que el Sol brilla más, los días son más largos y hace más calor - claro que las estufas ayudan en esto último.
He dormido esta noche lo mismo que los dos últimos días de la semana juntos. Y aún así tengo sueño.
Tras dos semanas haciendo prácticas parece que el horario de funcionario se ha apoderado de mí sistema nervioso y ya me he acostumbrado a entrar a trabajar a las 8 de la mañana.
Y todavía quedan otras 3 semanas. Esto hace que me replantee seriamente mi ciclo del sueño para que en fin de año no tenga que acostarme a las 10 y media de la noche.
Esto es la felicidad.

Pero bueno, el caso es que después de esta semana he decidido recapitular sobre todo lo que he presenciado en estos pocos pero largos días en el hospital.
En general puedo sacar una cosa en claro, algo que tenía claro antes, pero ahora todavía más.
El cáncer es una verdadera mierda.

Para que luego nos quejemos...
Cada día salen noticias y artículos sobre avances en los tratamientos del cáncer y el aumento de la supervivencia de los pacientes. Y eso nos llena de esperanza e ilusión.
Nada más lejos de la realidad.
Todos los avances que se logran en algún laboratorio a más de 5000 km de distancia poca repercusión tiene aquí en el futuro inmediato. El cáncer sigue avanzando, la gente sigue muriendo y esto no va a cambiar en los próximos años.
A pesar de todas esas noticias que las televisiones publican orgullosas (que parece que han descubierto 27 veces la cura contra el cáncer, pero no) los profesores no se cansan de decir que la mayoría de nosotros vamos a tener cáncer por la genética y el estilo de vida. Según el día también puede ser diabetes, esto ya depende del tema por el que vayan.
Claro que los que hemos perdido a la mitad de nuestra familia por cáncer vemos el tema ese de la influencia genética como algo que vale la pena escuchar. Y entonces ya te empiezas a creer eso de que vas a tener cáncer.

Probablemente si se dedicase el dinero a lo que se tiene que dedicar podrían haber encontrado una cura, o al menos haber mejorado los tratamientos. Pero en los temas mafiosos económicos de la sanidad mejor no entrar porque eso da para un grado entero. De 5 años concretamente.

Yo paso mis mañanas en una unidad de cuidados paliativos. Ya sé que no es precisamente el lugar más idóneo para hacer una evaluación sobre el pronóstico de una enfermedad pero es lo que más cerca tengo.
Allí muchos pacientes están ingresados por cáncer. Pero no es solo cáncer. Es cáncer en estadío IV con metástasis en páncreas, hígado, pelo y corazón derecho. Y los hay que tienen más de un cáncer. Ya solo leyendo los diagnósticos te entra un bajón importante, pero con un poco de morfina lo solucionas. Y algo para el paciente también.

Pero no es solo la imagen demacrada que muestran estos pacientes, y el dolor que manifiestan, no solo con el cuerpo sino también con los ojos. Es ver que cada día están peor que el anterior, que ellos también se den cuenta y se lamenten.
Con cada suspiro parece que pierden un poco más las ganas de seguir luchando una batalla que ya saben que no pueden ganar. Porque realmente es así. No es el eslogan de una campaña de recaudación ni de un mensaje en Facebook.
Es que el cáncer va a seguir avanzando, cada día, cada minuto. Y no hay nada que se pueda hacer más que minimizar el dolor y esperar a que termine por provocar un fallo en el organismo que acabe con su funcionamiento.

No es posible imaginar lo que debe ser sufrir eso todos los días sabiendo que lo único que puedes esperar de la vida es que se termine. Llegas a casa sintiéndote un poco imbécil por quejarte de tus problemas, pero es que la vida no es justa. Ni para ti ni para nadie.
Y es todavía menos justa para esos más de 14 millones, sí, millones, de casos nuevos de cáncer que se diagnostican cada año de acuerdo a los datos de la OMS. Según una noticia reciente del periódico "El Mundo", casi la mitad se curan... ¿A qué esperamos para celebrarlo? Casi 7 millones de personas se curan de cáncer cada año y vosotros os quedáis en casa sin lanzar fuegos artificiales ni nada. Ah, pero que las otras 7 millones mueren. Pues vaya.

Mortalidad por tipo de cáncer y sexo en España en 2013 (OMS)


¿Y contra todo esto que puedes hacer? Rezar. O más bien nada (tanto monta, monta tanto). Porque ahora no fumas, no bebes, no comes carnes rojas (solo las amarillas), haces ejercicio todos los días... y te aparece un cáncer. Y por mucho factor de riesgo que se evite nadie está a salvo de tenerlo. Además es probable que muchos factores de riesgo para la aparición de cáncer aún no se hayan descubierto (no olvidemos que el tabaco en su día era considerado bueno para la salud).

Personalmente no creo que evitar TODOS los factores de riesgo para el cáncer sea una buena opción (más que nada porque mi dieta diaria se basa en pasta y carnes rojas, con un 0% de materia vegetal y frutal).
Más bien todo lo contrario, olvidarse de todo eso que se considera factor de riesgo, siempre intentando tener un estilo de vida relativamente sano. Porque si empiezas a vivir evitando todos los riesgos, te habrás olvidado de vivir.


jueves, 26 de noviembre de 2015

Love actually

Cuando nos hablan de amor todos pensamos en esa imagen empalagosa de dos jóvenes pegajosos que te recuerda al sabor de una mousse de 3 chocolates, a esa película de Disney Channel, al día de San Valentín...
El amor tiene un lado fundamentalmente bueno, pero también tiene un lado malo.
Hablo de ese mal vivir que te da querer a alguien y que eso te haga a ti sufrir, sentir dolor e impotencia.
Yo me paso la mañana haciendo las prácticas en la unidad de cuidados paliativos. Puede llegar a ser muy deprimente y no he dejado de mostrar mi opinión al respecto en múltiples ocasiones.
Pero hay personas que pasan allí mucho más tiempo. Muchísimo más. No son auxiliares, médicos ni farmacéuticos.
Son las familias.
Muchas veces hemos oído eso de "en la salud y en la enfermedad", pero es realmente duro estar en esos momentos difíciles con alguien a quien quieres. Tú te imaginas en esa misma situación con tus padres, tus hermanos o tus mejores amigos y solo la simple idea hace que se te forme un nudo en la garganta y se te oprima el pecho.
Hay familiares que ya están allí durmiendo cuando paso yo a tomar controles a las 8 de la mañana (que un día de estos me lanzan un zapato a la cabeza), y siguen allí cuando me voy a las 3 (hora más, hora menos). No salen del pasillo ni para comer, es una cosa alucinante.
Pasarte las 24 horas de todos tus días viendo a un ser querido en sus últimos momentos, que casi no puede ni reconocerte. Eso sí que es amor.

Pero en esos momentos tan complicados los familiares también sufren ciertas transformaciones, y (siempre dentro del cariño, espero) se convierten en un tipo específico de familiar. De estos tipos voy a hablaros:

  • Realista: este se ha leído la wikipedia para entender lo que le pasa a su familiar, y tiene bastante claro lo que hay. No se espera nada del otro mundo y sabe cual va a ser la evolución. Sin milagros. Sin sorpresas. Lo bueno es que ya no lo vive como un drama pero a veces se desespera.
  • Pesimista: se parece al realista, pero tiene un toque particular. También entiende la situación que tiene su familiar. Más o menos. Pero se adelanta a los comentarios médicos que con mucho tacto buscan dar ánimos a la familia, y se lanzan a averiguar si hay algo, lo que sea, que pueda hacer que el proceso se esté alargando, aplazando la inevitable muerte. Y si lo hay, que se lo quiten. Entiendo que lo que buscan es saber si es posible acabar con el sufrimiento y llegar al final. Siempre desde el cariño. Espero.
  • Ausente: en las 7 horas (que sí, que son 7) que te pasas allí nunca has visto nadie acompañando a ese paciente. Alguien te dice que una vez había alguien pero no te lo crees. Es un poco triste, como que lo dejan allí abandonado y a lo mejor no aparecen ni para el alta... Un día mágicamente te los encuentras al pasar visita, y a lo mejor no tienen ni idea de la situación del familiar. 
    Este es el sillón del acompañante. Si es que hay sillón.

  • Paciente: este en un caso muy curioso de familiar. Tú entras en la habitación para ver como esta el paciente. Pero en tu inmensa ignorancia e inexperiencia no te has dado cuenta de que el verdadero paciente es el familiar. Desde el minuto 0 te comenta sus múltiples y numerosos dolores, como pasan de él en atención primaria o como tiene que soportar unas condiciones nefastas mientras acompaña a su familiar en ese hotel de lujo al que llaman unidad de paliativos. Tú te quedas tan descolocado que no sabes si reír o llorar. Piensas que puede ser una broma de cámara oculta, pero la seriedad del familiar mientras te comenta sus males es real. Acabas todo lo que tienes que hacer y mientras cierras la puerta te sigue hablando de sus traumas y dolencias. Llegas a dudar sobre si hacer un anexo a la historia clínica del paciente para hablar sobre el familiar.
  • Portero: este familiar es consciente de la situación del paciente. Y además suele darse el caso de que este pasa casi la totalidad del día sedado dormido. Y está en una habitación individual, así que claro, se acaba aburriendo. Hasta tal punto que se posiciona delante de su puerta para que en el caso de que algún ser vivo pase por delante pueda atraparlo con sus redes bajo la apariencia de un familiar triste y compungido. Le da igual que sea un médico pasando visita, un enfermero con morfina en la mano, una auxiliar cargada de cosas... Una vez te ha capturado tienes para unos 20 minutos. Y lo más curioso es que probablemente te hable de casi cualquier cosa menos de su familiar moribundo. En el caso de que se encuentre el pasillo desierto puede llegar a vérselo visitando habitaciones de vecinos para ver como les va la cosa. Me parece una buena forma de pasar el rato.
  • Turista: hay un tipo muy curioso que se toma la hospitalización de su familiar como una aventura de la que disfrutar. Y ni cortos ni perezosos se establecen en la habitación como campistas. Que pasas a tomar los controles de la mañana y cuando te vas están más dormidos que cuando llegaste, mientras el paciente se queja continuamente de dolor sin haber pegado ojo en toda la noche. Tienen allí un petate que no te lo llevas tú ni para una semana en Gandía. Y pueden llegar a extender su territorio hasta el pasillo, donde mantienen largas conversaciones telefónicas comentando como va todo, dignas de "hola mamá, todo bien. Las comidas bien. Sí, también dormimos bien (al menos yo)" típicas de un niño de primaria llamando a sus padres en una excursión. Que, y esto es lo más llamativo, tienen hasta zapatillas de casa. ¿Como os quedáis?

  • La conexión funciona hasta cuando los dos están dormidos.
    Tele(m)pático: este familiar tiene unos poderes telequinéticos asombrosos. Todavía espero que algún día venga Iker Jiménez a hacer allí un programa especial y nos entreviste a todos. El paciente al que acompaña está dormido no, lo siguiente. Sus ronquidos se escuchan en todo el pasillo y tú te mueres de envidia, que ya te molaba a ti dormir así de bien. Pero él te avisa diciendo que tiene mucho dolor. Tú vas allí y le preguntas, claro: "¿pero te lo ha dicho él?". La respuesta es una aproximación a "no, pero se le ve en la cara". Yo no sé que ve esa gente en las caras para detectar dolor, yo solo veo la baba que les va cayendo por la boca de lo dormidos que están. Pero, ¡ay pobre de ti como les ignores! Que si dicen que le duele, es que le duele, así que al final tienes que darles calmantes. Motivo: "complacencia familiar".
  • Amante: pues más explícito imposible. Esta allí para satisfacer todos y cada uno de los deseos del paciente. Sí, TODOS los deseos del paciente. Desde que necesita pañuelos, hasta que le pica en determinadas partes. Algunos acompañantes merecen un plus de peligrosidad (esas camas son muy inestables). Ahí lo dejo.

Muchos son los tipos de familiares que te puedes encontrar. Todos con sus particularidades y sus problemas, pero todos están ahí por una razón, y es ayudar y acompañar a aquellas personas que más les importan en momentos que no son agradables para nadie.
Son momentos en los que estar ahí cuenta, y mucho.
Continuará...(?)

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Cuatro pinchazos y un funeral

Hoy voy a contaros algo que no había admitido nunca hasta ahora públicamente.
Es una gran secreto que he mantenido apartado de mi vida educativa y que hasta ahora había conseguido permanecer oculto. Ninguna cadena de televisión consiguió la exclusiva, y eso que me ofrecieron dinero. Mucho dinero.
Hoy por desgracia ese secreto ha tenido que ser desvelado.
Tengo una fobia.
Sí, tú te ríes de la gente que dice que tiene fobia a algunos bichos (yo también me río) como las arañas o las hormigas.
Pero yo de mi fobia no me río un pelo.
Sobre todo porque me rodea todos los días en el hospital.
Tengo fobia a la sangre.


Es curioso que alguien con fobia a la sangre esté estudiando una carrera en la que te pasas el día manchándote de sangre.
Pero no es tan simple.
Puedo ver sangrar desde un pinchacito de una glucemia hasta una pierna partida por la mitad.
El problema está en el brazo.

El brazo es una zona débil, expuesta, con las venas (al menos las mías) que poco más se salen de la piel a saludar. Tengo un mapa callejero de Alcobendas en las venas de mi brazo. Y cualquier acción contra esas venas me horroriza. Y con horrorizar me refiero a taquicardia, sudor, palidez, mareos, nauseas... que si siguen pueden terminar en un maravilloso desmayo. Y eso mientras le estás cogiendo una vía a un paciente no es gracioso. Nada gracioso.

En general ese tipo de agresiones contra otras personas no me afecta tanto (viva mi empatía), pero en algunos casos me llega a afectar.

Es el caso de hoy, en el que me mandaron ir a revisarle una vía a una paciente. Cuando llegué a verla me la encontré igual que siempre, tumbada, apenas consciente. Sin embargo la vía estaba en un estado que parecía que la señora se había pasado la noche haciendo aerobic.
Yo intenté con toda mi alma arreglarla, pero eso no había por donde cogerlo. Así que se la saqué. Y sangró. Y siguió sangrando (como aquel otro que había estado regando la cama con su sangre, pues igual). Después de un rato seguía sangrando así que decidí avisar para que alguien se apiadase de mí y viniese a socorrerme. Y mis plegarias fueron escuchadas. Para cuando llegaron ya había dejado de sangrar, pero claro, había que cogerle una vía.

Allí estaba yo entonces expectante a que le cogiese una vía a la pobre señora. Y mientras me va explicando. Yo esto de la explicación "in situ" lo agradezco profundamente para mi entendimiento y formación. Pero que a mí se me pongan a explicar cosas mientras veo la sangre saliendo con la aguja medio clavada pues no.
Y allí me sigue explicando.
Y yo intentando mantener mi dignidad apoyándome contra la cama mientras me seco el sudor disimuladamente.
Y la explicación continúa.
Y la sangre sigue saliendo.
Yo sigo escuchando como me dice que en muchos pacientes como la que teníamos delante puede hacer falta cogerle la vía varias veces (incluso 3 o 4) porque se le rompen las venas al ser tan frágiles. Estoy cayéndome por coger una vía, si tengo que cogerla 4 veces ya mejor manda a la paciente para su casa y déjame su cama a mí que me pongo peor.
Mientras sigo viendo la sangre salir intento distraerme a mí mismo mirando por la ventana, pero mi cerebro es más listo que yo y sabe que la sangre sigue saliendo. Disimuladamente abro la ventana para que el frío glaciar que hay fuera calme el chorreo que tengo. En esto el enfermero me suelta "vamos a tener que ir a coger una malla" y se me abre el cielo. Con la visión borrosa y chorreando sudor recupero un poco de color y me ofrezco a ir a por ella.
Yo estaba en la etapa 2 y medio. Tirando a 3.

Mi esperanza se desvanece cuando me dice que ya iremos más tarde, así que me pide que le pase un apósito y se lo coloque. Yo, con mi visión doble y el sudor entrándome en los ojos hago uso de la poca estabilidad que me queda y se lo coloco. Yo rezo porque el sufrimiento acabe pronto, porque si no salgo ya de esa habitación me van a tener que sacar en camilla. Al separarme finalmente él nota que estoy al borde del colapso. No sé si sería mi piel pálida nivel Voldemort, el sudor que llevaba más caudal que el Guadalquivir o mi inestabilidad más típica de un jueves noche que de un miércoles por la mañana, pero algo le hizo notar que no me encontraba precisamente en mis mejores momentos.

Por fin puedo salir de allí y me arrastro hacia una fuente que más que una fuente me parecía el Santo Grial. Intento recuperar algo de líquido para no tener que enchufarme un suero, que eso va en vena y la volvemos a liar.
Raudo y veloz (al menos lo que me permitía el cuerpo) me escabullo a la sala de descanso sin que nadie se dé cuenta de que parece que acabo de hacerme la maratón de Madrid en pleno agosto.
Allí me esperan mis galletas, que más que galletas eso sabía a vida, amor y un toque de caviar.
Que mal se está cuando se está mal (y eso os lo dice alguien que se pasa el día en cuidados paliativos), pero ya medio recuperado toca volver a la acción.
Ríete tú de una hemorragia cuando te cortas con una de estas.
Lo que no sabía era la sorpresa que me deparaban unas ampollas con un cristal muy cortante. Pero esa ya es otra historia...

martes, 24 de noviembre de 2015

Malo, peor, pésimo

Los lunes son malos días. Todos estamos de acuerdo en que no deberían existir, y la vida sería mejor empezando la semana un martes.
A todo el mundo le cuesta ponerse en marcha a primera hora, sobre todo si tienes que madrugar (a estas alturas ya deberíais saber que madrugo mucho, y no me gusta nada). Pero cuando en tu trabajo manejas material punzante sobre personas vivas con sensibilidad entonces los lunes pasan a ser un grave problema de salud pública.
Cuando tienes que clavar agujas un lunes el sentido común te falla y los 45º ya no son 45º. Son un rango que abarca desde 10º hasta técnica de apuñalamiento, y al final ya no sabes si estás pinchando una vena, tejido subcutáneo o un peluche de Hello Kitty. Y si no que nos lo digan a nosotros.
A mí y a mis sufridas compañeras en la unidad de paliativos (ahora no puedo pasar sin la anécdota diaria), porque el viernes todo nos salió bien. Hoy no.
Es más, fue llegar y ver el libro de altas, ingresos y fallecimientos para saber que el fin de semana no fue bueno. La mitad de la unidad renovada. Adiós a mis pobres pacientes, a alguno no tuve ni tiempo de  conocerlo. Es triste si te paras a pensar en esas caras tristes que con solo una mirada ya te daban los buenos días y la energía para todo el día. Y que ahora ya no están. Es horrible.

Pero más horrible es lo que nos deparaba un paciente que sí pudimos conocer. Uno que de hecho ya llevaba un tiempo y al que curiosamente iban a dar el alta. Que encima que se va para su casa lo mandamos mutilado...
Esta es la pared después de pinchar a alguien sin haber dormido.

Cuando vas a quitar una vía un viernes la quitas sin problema, que hasta te preocupa la falta de sangre. Un lunes no, claro.

Allá nos disponíamos a quitársela todos felices con nuestras gasas y esparadrapo. Guantes los justos, que nos sobraba seguridad (ingenuos).
Ya para sacar ese maldito apósito sufrí más que corriendo para coger el autobús. Eso no se pega, eso se acopla a la piel con anclajes en los poros. En caso de desastre nuclear solo quedarán cucarachas y apósitos pegados a brazos humanos. Pero luego cuando quieres que te pegue no te pega...
Es triste que te vacile un trozo de plástico.

Una vez conseguimos despegar el apósito dejo paso a mí compañera, que al menos llevaba un guante (el otro se extravió en las labores de extirpación del apósito). Cuando al final quita la vía ambos nos quedamos observando fascinados lo que parece ser un hilo rojo que cuelga de la vía. Nuestra fascinación se rompe cuando descubrimos que el supuesto hilo es una fuente de sangre saliendo del brazo que empieza a mancharlo todo. Intentamos pararlo con gasas. Sigue chorreando. La familiar observa impasible desde detrás mientras intentamos hacer barrera con nuestros cuerpos para que no vea la maravilla artística que le estamos haciendo al paciente.

Mi compañera, con una calma fingida digna de Anatomía de Grey me dice "¿puedes ir a buscar a alguien?". Y yo imitando su calma sonrío a la familiar que observa la maniobra y salgo paseando relajado al pasillo. Luego corro, que también mola ponerse a correr por el pasillo de un hospital y que la gente piense que alguien se está muriendo.

Cuando consigo que una mente experta llegue, la familiar ya observa el desastre (imposible ocultarlo) y comenta preocupada "ay, que me lo vais a desangrar". Comentarios como este ayudan realmente a que tú te relajes mientras intentas hacer lo que tienes que hacer, claro. Sabes que no es verdad, que es una exageración brutal, pero bien podían guardárselo para ellos que a ti tampoco te hace gracia ver una fondue de sangre saliendo del pobre hombre que en menos de una hora se marcha para su casa.

Deja de sangrar y allí lo dejamos con su gasa limpia después de manchar 3 paquetes, y mientras volvemos resoplando por el pasillo la enfermera nos comenta "es que hoy todo tiene que salir mal".
Un mal día solo dura 16 horas. Las otras 8 las duermes.
Pero con calma, que siempre se tiene un día tonto en el que todo sale del revés. Hay que verle el lado positivo: un paciente se va de alta en coche particular, no en coche fúnebre. Eso es un éxito rotundo, o al menos así lo veo yo.
Acaba el día (más tarde de lo esperado) y queda la tarde para descansar y coger aire para seguir con la semana. Un día más es un día menos, veremos que nos depara el resto de la semana...

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Día 1. Planta de Neurocirugía.

Prácticamente lo que hacemos en mi planta es habitualmente lo mismo. Hay ciertos procedimientos que es necesario realizar todos los días y otros que son puntuales y hay días que no son necesarios. Por eso el orden de las cosas que hacemos varía cada día, así como el tiempo que tardamos en hacerlo, porque puede surgir algún imprevisto (como lo bien que funcionan los tensiómetros y lo poco que tardan en gastar la batería, espero que se note la ironía). Así que en cada entrada, para no repetirme mucho, me iré centrando en cada uno de los procedimientos que llevamos a cabo.

El primer día mis compañeras y yo llegamos a nuestra planta y, después de esperar a que las enfermeras aparecieran, cada una se pegó a una enfermera y la siguió en sus labores. 
En nuestra planta las habitaciones se dividen en tres grupos y cada enfermera se ocupa de un grupo. 
Como no teníamos ni idea de nada, antes de empezar nos explicaron que lo primero que se hace es pasar controles, es decir:

-Tomar la temperatura.
-Tomar la tensión arterial. 
-Tomar las pulsaciones.
-Preguntar el grado de dolor que sienten (en el programa informático Gacela se evalúa con la escala EVA).
-Preguntar si han realizado alguna deposición el día anterior. 

En mi planta muchos de los enfermos son totalmente dependientes, en diferentes fases de demencia, o se encuentran en algún estadío de coma, por lo tanto estas dos últimas preguntas no se le pueden hacer. 
En estos pacientes, que no pueden participar o no son conscientes totalmente de lo que se les está realizando, es a veces algo más difícil tomarles la tensión por ejemplo, porque pueden hacer fuerza involuntariamente con el brazo o moverlo, y no permiten que el tensiómetro tome bien las constantes.
Por otro lado, en el caso de que algún paciente tenga fiebre hay que comprobar si tiene algún medicamento pautado en ese caso y administrárselo.
Lo mismo ocurre con el dolor, en el caso de que los pacientes se quejen del dolor se le administrará un calmante prescrito anteriormente por el médico comprobando que han pasado las horas necesarias si ha sido administrado anteriormente para poder administrarlo.

Es normal ir nervioso las primeras veces que lo hagas, no tiene mucha ciencia pero a veces no sabes en que brazo poner el tensiómetro o por qué narices te da error. Te dirán que normalmente el mejor brazo es el que no tiene ninguna vía, pero si ya te han puesto el termómetro en el brazo libre te vas a tener que fastidiar o esperar a que pite para poder sacarlo y poner el dichoso aparato. Pero tranquilo, una vez que hagas un par de ellos te sentirás un verdadero experto, eso sí, cuando está tu enfermera al lado. La cosa cambia cuando te dice "ala, vete tú a aquella habitación mientras yo voy a esta". Es una sensación parecida a cuando tu madre te deja solo en la cola de la compra y te toca pagar pero tu madre aún no llegó, te ves solo ante el peligro. 

Una vez hemos pasado control por todos los pacientes se pasan los datos al programa informático del GACELA que explicaré en la próxima entrada.