Mostrando entradas con la etiqueta prácticas de enfermería. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta prácticas de enfermería. Mostrar todas las entradas

domingo, 20 de diciembre de 2015

Mensaje navideño

Niños y niñas, chicos y chicas, adolescentes maduros e inmaduros, adultos de verdad o aquellos que todavía se creen niños,  señores y señoras hemos llegado al fin de este blog que, como ya comenté anteriormente en otra entrada, se ha convertido en algo más que un trabajo de clase. Como se acaban ya las prácticas el martes, también se acaban las anécdotas, se acaban todos esos buenos momentos que he pasado junto a mis compañeros, junto algunas enfermeras las cuales me han enseñado mucho, junto a esos pacientes/acompañantes que me han robado un pedazo de mi alma.
Llega la Navidad, una época supuestamente feliz, y digo supuestamente porque realmente no vemos lo que pasa en el mundo. Que mientras nosotros cenamos con nuestras familias, otros están durmiendo en la calle, otros trabajando y otros ingresados en el hospital... Así que solo pido que nos acordemos de toda esa gente, aunque sea por un momentito, que hoy a 20 de diciembre está todo el mundo pendiente de quién gobernará España (gobierne quien lo gobierne... esperemos que lo haga bien), pero tampoco voy a meterme en temas de política, porque no es lo que os quería pedir. Solo que os acordéis de esas personas que no tienen tanta suerte de estar en sus casas por cualquier motivo o de esas que ni la tienen. Recordaros que no os agobiéis, que ahora viene la época de exámenes y hay que confiar en que se puede, chicos. Siempre recordaré aquellas clases en las que nos decían que no dijéramos delante de los pacientes que era la primera vez que hacíamos tal cosa... Yo creo que realmente al paciente le da igual. A mí que me dijeran tantas veces eso realmente me sirvió para una cosa: para creérmelo. Yo llegué al hospital pensando que ya había pinchado más veces, que había retirado mil sondas vesicales antes o que ya había realizado gasometrías a 20 personas anteriormente. Que el poder de convicción de "yo sé que puedo con esto" existe y realmente sirve de mucho. 



Y ya para despedirme, mucha suerte a todos, en vuestras carreras, en vuestros trabajos, en todo. Espero de veras que hayáis aprendido algo de lo que realmente es la enfermería y también que hayáis disfrutado de las miles de vivencias que, como podéis comprobar, se pueden llegar a dar en un hospital. 




Un saludo y hasta siempre. 
Firmado: Esther. 

PD: Si en las próximas prácticas ocurren cosas nuevas o anécdotas graciosas que contar, no dudéis que las plasmaré aquí, así que... seguiremos en contacto.

Otras formas de comer

Siempre nos dijeron desde pequeños que hay que comer con cuchillo y tenedor (o en tal caso cuchara) y no con las manos, pero os traigo aquí una nueva forma de alimentación, mucho más fácil y rápida (lo de cómoda ya no puedo decirlo): la sonda nasogástrica.
Como bien os explica el vídeo, el material necesario es: 
- Una sonda
- Lubricante
- Agua
- Jeringa y fonendo
- Guantes y esparadrapo
- Solución fisiológica

Con el paciente erguido, se mide la sonda desde la nariz, pasando por detrás de oreja y hasta el apéndice xifoides. Entonces hacemos una marca ahí. Lubricamos la sonda y empezamos a introducir. Mandamos al paciente que vaya tragando (saliva, agua...) para ayudar el paso de la sonda por el esófago. Una vez llegamos a la marca, colocamos el fonendo en el apéndice xifoides y con la jeringa introducimos aire. Si se escucha como un gorgoteo, es que está bien situada, sino hay que volver a intentar introducir la sonda. En el caso de que ya estuviera ahí, fijamos la sonda y la conectamos al sistema de alimentación.



El arte de las gasometrías

Como he podido comprobar a lo largo de este mes, muchas personas no saben exactamente qué es una gasometría. 

La gasometría sirve para medir la cantidad de oxígeno y dióxido de carbono que hay en la sangre, así como su acidez. 

Para explicaros la técnica os presento este vídeo, en el que se puede ver perfectamente como la sangre parece que asciendo al ritmo de latidos de un corazón:




Solamente hay que encontrar el pulso y pinchar sobre él, con el bisel hacia arriba siempre. Cabe añadir que suele ser una técnica cruenta. 

Últimos días ajetreados (parte 2)

Una de las cosas que más me han gustado de las prácticas es que cada día, a pesar de tener planificado lo que tienes que hacer, siempre ocurre algo inesperado. Nunca un día es igual al anterior. A veces crees que te toca una enfermera y resulta que se cambia el turno con otra, y puede parecer una tontería, pero la enfermera que te toque influye mucho en cómo pasas la mañana, os lo puedo asegurar... Un día pasas los controles sin ninguna incidencia, pero al siguiente han desaparecido los termómetros, el tensiómetro se te queda sin batería y tienes a tres personas aisladas a las que hay que pasar los controles a la antigua usanza, como nos enseñan en clase, midiendo la sistólica y la diastólica con un fonendo...
Tampoco sabes si un paciente va a estar tranquilo o te va a dar un poco la lata, a veces timbran por todo y acabas saturado, pero otras veces no es culpa suya si la vía periférica no va bien o si no consiguen orinar y hay que sondarlos, aunque a algunas enfermeras parece que les molesta. Yo la verdad no entiendo porqué, si es lo más divertido que se hace en toda la mañana, pero bueno, supongo que después de 20 años se divierten más tomando un café.

Sinceramente creo que podría enumerar todas y cada una de las cosas que hago por la mañana y decir que son interesantes. Incluso escribir los comentarios en el GACELA es interesante. Creo que no os he hablado de esto cuando hablé del GACELA: los comentarios se escriben hacia el final de la mañana y se anota cómo ha pasado la mañana cada paciente, en la mayoría no hay incidencias y se escribe más o menos esto: "Afebril, constantes normales, PBA negativa (la PBA es la afección pseudobulbar, que es cuando un paciente rie o llora involuntaria e incontrolablemente; nunca la he visto positiva), neurológicamente igual, se le da la medicación pautada, pasa bien la mañana, paseando". A mayores pueden ocurrir incidencias que también hay que dejar reflejadas aquí: "Baja a realizar un TAC; se le retira sonda vesical, pendiente de orinar; refiere mucho dolor; se le realiza hemocultivo y muestra de orina, pendientes de resultado de laboratorio; etc."
Normalmente los escribimos nosotras mientras ellas nos dictan porque solemos escribir algo más rápido, pero tan ocupada estuve estos últimos días que lo hizo mi enfermera sola mientras yo andaba por ahí dando vueltas.

(Soy fan de este GIF)
En definitiva, un consejo que os puedo dar es que aprovechéis las prácticas al máximo.

sábado, 19 de diciembre de 2015

Últimos días ajetreados...

Como no me apetece nada seguir hablando de enfermedades y operaciones, os voy a hablar directamente de mi rutina estos últimos días de prácticas. En realidad la mayoría de las personas no acaban sus prácticas este viernes, sino el martes, pero nos dejan dos días en los que podemos faltar sin justificación alguna y yo elegí el lunes y el martes. 

En mis últimos días no he parado ni un momento, de hecho han sido los días que más tarde hemos salido. Como dije en la anterior entrada, parecía como si los pacientes se hubiesen dado cuenta de que nos queríamos marchar y no nos quisieran dejar.
Para empezar, pasé de tener cinco camas vacías a tener aforo completo de habitaciones. Esto ya no nos supone un problema porque pasamos controles como aquellos camareros que llevan tres platos en cada brazo yendo en patines: somos auténticas expertas. Y mientras pones el tensiómetro a un paciente, uno de los termómetros ya está puesto en el otro. Y mientras esperas a que el tensiómetro acabe con el segundo paciente estás anotando la temperatura y preguntándole si ha hecho de vientre al primero.



Lo sé, parece demasiado complejo para los que seáis inexpertos, pero todo es cuestión de práctica, amigos. Pues bien, mientras nosotras hacemos esto, nuestra enfermera va preparando la medicación y nos la encontramos a mitad de camino. Sin embargo, esta semana ha habido un par de veces en las que he acabado tan rápido que mi enfermera casi no había empezado ni a repartir la medicación.

El último día faltó una de mis compañeras, y tuvimos que pasar también sus controles y ayudar a su enfermera cuando nos lo pidió para quitar vías, hacer curas, cambiar sueros... Casi estuve más con esa enfermera que con la mía. Después pasamos toda la mañana de arriba para abajo, preparando la medicación de las 12, y haciendo todos los cuidados de nuestros pacientes. 

El motivo por el cual salimos tan tarde estos dos últimos días es porque a una de mis pacientes, llegadas las dos de la tarde, comienzan a darles ataques de ansiedad. Como es una paciente operada de un problema cerebral todavía no es del todo consciente de lo que hace o dice a veces, y en sus ataques se dirige a personas que no están en la habitación. 
Estuve más de media hora intentando que se calmara. En realidad yo no tendría porqué estar con ella tanto tiempo, mi enfermera ya se había ido después de darle medicación para que se tranquilizara, pero yo me sentí en la obligación de quedarme un rato más.
En el momento no lo pensé demasiado bien y creo que no debería haberme quedado, porque la verdad es que yo no pintaba nada allí, y lo único que hacíamos era poner más nerviosa a la paciente. Además, el hecho de quedarme tanto tiempo creo que hizo pensar a los acompañantes que era mi deber, cuando no era así, porque simplemente estaba ahí porque quería. En ese momento no tenía nada más que hacer, pero si fuese enfermera no podría haberme quedado tanto tiempo.
Esto sólo es una anécdota más. Experiencias que te van enseñando cosas nuevas y cómo actuar en cada momento. Esto pasa con todo, cuando te mandan hacer cualquier cosa: la primera vez no sabes qué hacer, y seguramente la segunda también andes algo perdida. Pero las siguientes ya no tendrán ni que acompañarte cuando vayas a hacerlo. 

Si algo he aprendido de estas primeras prácticas es que no sabes hacer nada, hasta que lo haces tú mismo, de nada sirve aprender la teoría si no la llevas a la práctica, y he aprendido más en este mes sobre este oficio que en todo el año pasado.

See heaven's got a plan for you

Comenzamos fuerte el día. Otro fallecido al que había que hacerle un electro, pero creo que esta vez me impresionó más. Porque a esa misma persona el día anterior le estábamos haciendo las curas y no tenía mala pinta, esa pinta de que se va a ir de un momento a otro. Y es chocante, tal y como ya os expliqué anteriormente, esa fina y tan traspasable línea que nos separa de pasar al otro barrio. Es raro cuando vives tan cerca de la muerte, más que raro tal vez irónico. Y difícil. Más que difícil. Más todavía cuando tienes conocimiento de que esa persona ya no tiene salvación, de que sabes que va a allí para que no sufra, porque todo se vuelve frágil. La gente va a la universidad y les enseñan a construir casas, grandes edificios. Les enseñan matemáticas, idiomas, las leyes de la física o millones de reacciones químicas. Te explican cómo funciona una central eléctrica o cómo es capaz de volar un avión. Pero ninguna universidad te explica a cómo sobrellevar una muerte. Cuanto más sobrellevar más de una muerte por día. Porque vale que no son familiares, ni amigos, pero sí que se podrían considerar como conocidos. Pasas 7 horas al día con ellos, los acabas incluso conociendo, sabiendo de qué pie cojean, sabiendo si se quejan de vicio o porque realmente les duele algo. Y te choca. Como una señora mayor que llamó al timbre y fui a ver qué quería. Al parecer solo quería que la levantasen un poco de cama, y digo al parecer porque cuando acabé de ayudarla me agarró del brazo y me empezó a hablar. Lo que realmente quería era a alguien con quién hablar. Una señora super maja y muy amable que me llegó a preguntar por mi edad, pero no es la mía la que importa, era la suya. Noventa y cuatro años. Con la cabeza bien amueblada... "Para qué queres chegar a miña idade, para estar así tiradiña nunha cama", me dijo. Pero realmente es todo un logro tener esa edad y saber hablar razonadamente, o simplemente poder hablar. Que uno nunca está tan mal como se cree, que te puedes quejar de que tu vida es un asco pero siempre va a haber una peor. Esa señora pude comprobar más adelante que realmente es super positiva, que como todos los humanos tenemos un punto de flaqueza en el que nos dejamos llevar por la tristeza, por así decirlo, y así como conmigo se mostró como "apagada", al día siguiente fuimos los de prácticas a hacerle un electro y fue una persona muy diferente. O cambió de opinión sobre la vida o sabe fingir cuando hay más gente, que como dice mi madre muchas veces: "la procesión va por dentro". 

Aprendes a valorar a la gente, a ayudarla, porque la enfermería es más bien una universidad de la calle, autodidacta. Aprendes de otros enfermeros, de otros compañeros, pero también aprendes de miles de seres humanos que, tal vez, estén en el peor momento de sus vidas. Aprendes la diversidad de comportamientos humanos, aprendes a saber cómo tratar a cada persona. Aprendes que la vida es una oportunidad, y no hay más, y tú decides cómo aprovecharla. Pero eso sí, que nadie te robe el humor ni la oportunidad de continuar sonriendo. 


miércoles, 16 de diciembre de 2015

Comienza la cuenta atrás

Llevo unos días más agotadores últimamente, que me sorprende siquiera que sea capaz de atinar pinchando. 

Último miércoles de estas prácticas y nada más llegar vemos mi compañera y yo que en el carro de paradas estaba el desfibrilador (o sea, que lo habían tenido que utilizar) y ya nos ves a ambas: 

Whaaaaaat, aquí ha pasado algo y nos lo hemos perdido :(

Y efectivamente, nada más entrar en el control nos contó un enfermero que hubo que realizar hasta una traqueotomía y que el paciente recién había bajado a UCI. Fue una pena no haber llegado antes y haberlo presenciado, porque también son cosas que hay que aprender, pero nunca sabes cuándo van a pasar.


Tomé todas mis tensiones y temperaturas y más incluso, después saqué toda la medicación y la dejé toda lista. Al acabar fui a ver cómo se hacían unas curas y a pinchar una analítica (que realmente la hizo la enfermera, porque el señor seguía durmiendo mientras se la hacíamos, yo sujetándole la mano para que no la moviese... trabajo en equipo). Al acabar, bajamos a la cafetería, pues ya era hora de nuestro descanso. Al volver, como siempre, repartimos toda la medicación y después hice las glucemias. Hubo que ponerle una vía nueva al señor que justo ingresó hoy, ya que la que tenía le estaba provocando flebitis, la cual consiste en la inflamación de las venas y suele ir acompañada de formación de coágulos de sangre en su interior. 

Luego fui sacando los sueros que se habían acabado, y me encuentro con una paciente (con la cual tenía un muy buen trato y siempre estaba ella toda sonriente) que estaba vestida ya de calle. Le pregunté si se iba ya, y me dijo que en cuanto le quitasen "esto" (refiriéndose a la vía). "Ya te lo vendré a quitar luego, que yo hasta que me den órdenes no hago nada", dije. Se rió y me fui. Al llegar al control la enfermera justo me mandó ir a quitársela y allí fui. "Ahora sí que me dieron órdenes". Quizá lo más doloroso de una vía no sea ponerla, sino quitarla, y con quitarla me refiero a despegarla. Todos los pacientes me ponen una cara de dolor... y la verdad es que te queda una bonita depilación. 
-"Está bien pegado", me dijo.
-"Es para que no se escape... la vía, no usted, eh", le contesté.
La señora soltó una carcajada, tal vez porque le hizo gracia, tal vez porque ya se iba a ir del hospital y eso siempre contenta a uno. Pero lo realmente humano fue cuando me dijo "ven aquí que te voy a dar un abrazo". Y me acerqué y me lo dio, con beso incluido, pero de estos abrazos que sabes que son de agradecimiento. A otros les llevan regalos, y a mi me regalan abrazos. La verdad es que no puedo pedir más. 

Tras eso, realicé la segunda toma de hemocultivos a una de mis pacientes (todo un éxito, o la suerte del principiante tal vez). Y ya cuando volví al control toda satisfecha, me dijo la super: "Esther, ¿tienes algo importante que hacer por ahí?". Pues no, no tenía más que hacer, así que me mandó ir de camarera por todo el pasillo preguntando el menú que preferían los pacientes para mañana. Es trabajo que suelen hacer las auxiliares, pero allí todos nos ayudamos y así adelantamos tareas. Aparte que tampoco fue tan aburrido como suena. Muchos eran indecisos, otros cambiaban de opinión porque el acompañante le sugería como mejor plato el otro... Aún me reí en ocasiones cuando cambiaban al otro plato. O del "listillo" que me dijo que quería las dos opciones. 

martes, 15 de diciembre de 2015

Se revolucionó el gallinero

Si hoy esperaba tener un día tranquilo, no lo fue para nada. De hecho, creo que fue el día que más cosas hice, de esto de incluso pensar: "por favor, parad de pedirme cosas". 

Comenzamos con las constantes, como siempre. Y al acabar había una analítica que realizar. Cuando cogimos la batea e íbamos todas tranquilas mi compañera de prácticas y yo a realizarla... vaya panorama nos encontramos en la habitación. En la última cama, la señora que había que pinchar, había un médico y tres enfermeras más una auxiliar, más un charco de sangre, más la cama de al lado manchada de sangre. Cuando nos acercamos quedamos boquiabiertas de lo que allí había: un corte en todo el gemelo, con las pieles incluso colgando. Mientras el médico le iba poniendo compresas llenas de betadine cubriendo toda la herida, nos explicó que tenía un hematoma, y por la noche reventó, manchando incluso la cama de al lado y dejando medio litro de sangre esparramada por el suelo. Pero ojo, el vendaje que le hizo sí que era un vendaje y lo demás son tonterías. "Tiene que sonar como un melón maduro", dijo. Capas y capas de algodón y de venda, vamos, que si algo quería escapar de allí dentro lo llevaba chungo, podías utilizar esa pierna hasta como de almohada, fíjate tú. Tras eso, le hicimos la analítica, y después una gasometría mi compañera y otra yo, a diferentes pacientes, claro, aunque no tengo yo muy claro que la sangre de la que yo pinché fuese arterial, pero ya os lo revelaré en la próxima entrada. 

Tras eso, bajamos a una pequeña reunión y de ahí al descanso. Subimos del descanso y repartimos la medicación y realizamos las glucemias, y como acabamos demasiado pronto, mi enfermera y yo nos pusimos a ayudar a otras enfermeras. La verdad, es que con el montón de pacientes aislados que hay normal que tarden tanto. Yo ayudé con las glucemias y vaya numerito, porque claro, tocas al paciente para pincharlo (siempre vestido adecuadamente y con guantes), y luego coges la maquinita para recoger la gota de sangre, AH, pero el guante ya está contaminado, entonces la maquinita también. Entonces sales, te quitas la capa esa protectora de vestimenta, pero no los guantes, porque sino a ver como coges la maquinita. Llegas al carro y las gasas no están a mano, Perfecto, haces malabares para quitarte un guante y abrir un paquete de gasas, echándole estirilium y limpiando como uno puede la máquina y luego anotas la glucemia. "Hay que ponerle 4 unidades de insulina". Venga, otra vez a vestirse y entrar, y hacer el mismo numerito. 



La verdad es que es un chollo y la pobre enfermera estaba sola, sin nadie que le ayudase (menos mal que fuimos nosotras como buenas personas que somos).

Cuando todo parecía relajarse, nos avisan de que un paciente se atragantara. Allí fuimos corriendo, fue la primera vez que corrí en el hospital. Al llegar a la habitación nos encontramos ya con la auxiliar casi preparada para hacer la maniobra de Heimlich, pero al ver que el paciente tosía y su aspecto mejoraba, no hizo falta hacer nada. Seguramente se le hubiese ido algo de comida o líquido por el conducto que no era. Menos mal que solo quedó en un pequeño susto.  

lunes, 14 de diciembre de 2015

El día de las analíticas

Bueno, así como hay días en los que te levantas y parece que "te comes el mundo", también hay otros en los que si no andas a rastras es porque aún te da más pereza que caminar normal. Hoy fue uno de esos días. 

Actualmente, mi forma de vida es la de poner el despertador a las 6:25, despertarme y volverlo a poner a las 6:45. Así me alegra la vida saber que puedo dormir 20 minutos más. Pero creo que voy a dejar de hacer eso, porque últimamente esos 20 minutos me hacen sentirme más muerta que viva, y la pereza que me dio hoy levantarme no fue normal. Menos mal que tengo el interruptor de la luz al lado y la enciendo nada más despertar, así me auto-obligo a salir de cama y vestirme. Me voy, obviamente, sin desayunar y monto en el bus a las 7:10. Al llegar al hospital casi me quedo a dormir, menos mal que no en el bus, sino igual me pasaba de parada y a saber dónde acababa. 

Nada más llegar al control, me dice una enfermera: "esther, tienes allí un sobre para ti"; lo cuál me extrañó, pensé hasta en un regalo de navidad, pero al ver que solo me lo decían a mí y no a mis compañeros de prácticas, pregunté: "¿Qué sobre? ¿Qué tiene?". Eran mis bolis, que me los había dejado allí el viernes pasado. Me quedé con ganas de un regalo, o dinero, o mis notas con todo dieces (al menos dejadme soñar). 
Una vez acabadas de tomar las constantes, fuimos los tres de prácticas a hacer analíticas. Hasta cuatro había. Las dos primeras fueron un intento nulo porque más que venas tenían "pelos" de lo finas que eran, entonces preferimos no arriesgar. En la tercera lo conseguimos solos y la cuarta con un poco de ayuda. Pero nos tendieron una trampa. Las pegatinas de cada paciente estaban mezcladas y regresaron los tubos de laboratorio. Después de una mini bronca hacia nosotros, los cuales no teníamos culpa porque no fuimos nosotros quienes pusimos las etiquetas, volvimos a junto la señora a repetirle la analítica. Aun por encima era la única que habíamos conseguido hacer solos. Pues llamadle mala suerte, pero esa segunda vez no fuimos capaces. 

Hasta ahí la mañana parecía que no podía ir a peor, y, efectivamente, no lo fue. Terminamos rápido de repartir la medicación, entonces me puse a ayudar a otro enfermero. Cuando ya eran las 12:10 fui entonces a mirar las glucemias y pinchar luego sus correspondientes insulinas. No parecía ya que fuese a haber mucho más movimiento, hasta que mi enfermera me dijo que había que hacer una analítica y allá fuimos entonces la chica de prácticas y yo. Lo intenté. Solo puedo decir eso, pero algo del brazo de ese señor no me dejó pincharle, era como intentar pinchar una piedra, cosa que aún no me enseñaron ni creo que lo hagan, pero al menos el señor fue muy majo y todo un valiente por aguantarnos sin quejarse ni nada. 

Y ahora por la tarde, pues aquí me hallo, contándoos mi mañana, y ahora si me lo permitís voy a echarme una siesta, de esas que ni pones la alarma para despertarte, de esas que cuándo te derpiertas dices:


jueves, 10 de diciembre de 2015

El mito del carro

Hoy tocó de novedad revisar el carro de paradas. ¿Que qué es eso?
El carro de paradas es esa carro de colores azul y gris, que siempre estuvo allí, en aquel pasillo del hospital donde yo realizo mis prácticas, pero que curiosamente hasta hoy no sabía que era eso. El carro de paradas tiene todo lo necesario para un situación de máximo estrés. Sí, ese momento en que una persona entra en paro cardiorrespiratorio, tú lo que tienes que hacer es salir al pasillo y gritar "el carro de paradas", y supongo (porque nunca lo vi y no es necesario tampoco) que mil personas del personal sanitario aparecerán como balas, perderán todo lo que llevaban en sus bolsillos por un intento desesperado de en carrera ser los más veloces en alcanzar el carro de paradas y empujarlo hasta la habitación que se corresponda. Sí, es un caso de vida a muerte, tanto por parte del paciente, como de las enfermeras y como de los familiares, que igual los atropellas con tal armatroste. Porque no vamos a fingir, las cosas se pueden hacer bien y lento, o rápido y mal. Y punto. Vale que existe una probabilidad del 5% de que algo sea rápido y eficaz, por eso nosotras nos esmeramos en llegar las primeras al carro si se da la situación. Sino ya ni querríamos ir. Pasa lo mismo cuando suena el timbre de una habitación, todo el mundo lo evita, todos se hacen los sordos, y sino ya nos mandan a nosotros, los de prácticas, ir a ver qué quieren en la habitación, que para eso estamos. Que aún si necesitaran algo realmente, pues vale, pero más de la mitad de las veces que llaman al timbre son o para chorradas o porque le dieron sin querer. O como esos momentos en que, mágicamente, no tienes nada que hacer, entonces tú, insegura, perdida, aburrida, cometes el mismo error día tras día... que es preguntar generalmente si alguna enfermera que anduviese por allí en ese momento necesita algo. Es como cuándo dices "hola, qué tal", pero tampoco te interesa que te cuenten su vida. En el momento que sueltas aquella frase de ofrecimiento estás perdida, empiezan a llover peticiones, tú les tiendes tu mano y ellas se reparten todo tu ser (y por supuesto todo tu tiempo).


Pero es lo que hay y espero que al menos lo tengan en cuenta luego con las calificaciones. Bromeo, hago todo lo que me mandan de buen gusto, aparte que siempre es preferible hacer algo a quedarse viendo por la ventana esperando a que el tiempo pase o, lo que es peor, ponerse a purgar sueros, que total siempre que terminas tus tareas lo acabas haciendo simplemente por no aburrirte, hasta que te salgan heridas en los dedos de tanto cerrar los sistemas... 

El apasionante mundo de los hemocultivos

Como supongo que imaginaréis el título es totalmente irónico, pero hoy os voy a seguir hablando de los tipos de pruebas que llevo realizados hasta ahora en mi planta. Ya os hablé un poco de las pruebas que de orina, y ahora os voy a explicar cómo se hacen y para que sirven los hemocultivos.

Este estudio se realiza cuando existe sospecha de una infección, conocida también como septicemia, que comienza con síntomas como episodios febriles, escalofríos, aceleración de la frecuencia cardíaca y respiratoria... Estos pueden avanzar hacia un shock séptico, provocando hipotermia, descenso de la presión arterial, confusión u otros cambios en el estado mental del paciente y anomalías en la coagulación de la sangre.
Con este estudio lo que haríamos sería comprobar si existen bacterias u otros microorganismos en la muestra de sangre, que confirmarían nuestras dudas de septicemia.
 
Cuando el paciente no tiene ninguna vía se debe realizar una extracción de sangre mediante una punción. Esta debe hacerse evitando que las bacterias que tenemos en la piel penetren en el interior arrastradas por la aguja, por eso es importante limpiar con un antiséptico la zona antes de realizar la punción.
Sin embargo en mi caso, al estar en planta, la mayoría de los pacientes toman algún medicamento por vía intravenosa y por lo tanto ya tienen una vía, que puede ser central o periférica (ya las explicaré), y la muestra de sangre puede ser tomada directamente de aquí.

Se recomienda hacer varios hemocultivos a lo largo de 24 horas para comprobar que realmente se trata de una infección y no de una contaminación de la muestra. El volumen que se suele sacar está sobre los 10 ml. Se coge con una jeringuilla y se introduce en los frascos, que son estos (por lo menos los que usé yo), uno con la tapa naranja y otro azul:


Es importante que todo el proceso sea lo más estéril posible, y que se manden las muestras cuanto antes al laboratorio, para así evitar lo máximo posible que se produzca una infección posterior a la extracción.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Renovación de plantilla

Me encanta cuando llego al hospital y me renuevan toda la plantilla de pacientes que tenía. Solo me perduraron dos y uno de ellos se iba de alta hoy. Es lo que pasa cuando no pisas el hospital durante 4 días, que todo cambia. Nuevos pacientes, nuevos tratos, nuevas anécdotas. Aunque hoy no fue precisamente un día de anécdotas, más bien fue un día de curas. Todos estos pacientes que me vinieron nuevos vienen mazados, muy mazados. Úlceras por doquier. Uno de ellos tenía hasta tres. Otro nos enteramos más tarde de que tenía otra en la espalda... Las úlceras tomaron el control de nuestros pacientes y es en ese momento cuando te sientes desbordada, porque todos vienen a por ti a preguntarte cuándo les harás las curas. Tú sonríes y sueltas el típico "ya venimos ahora, eh". Digo el típico porque todos sabemos que cuando dices "ahora", ese ahora puede durar quince minutos, media hora, o más. Depende de cuántas úlceras nuevas vayas descubriendo por el camino antes de llegar a ese último paciente, que por casualidad es el más impaciente. 
Yo os explicaría cómo fuimos haciendo las curas, pero la verdad es que fueron tantas esta vez que no me acuerdo de ninguna. Algunas eran pequeñas, porque bien o ya se iban curando o iban creciendo, y otras algo más graves. El método de curación lo pauta el médico y luego las enfermeras lo aplicamos. Eso si es que el médico lo pauta, sino te lo inventas (te lo inventas obviamente con tus propios conocimientos que la experiencia en ese trabajo te ha regalado). 


Pero eso sí, tú veas lo que veas o pase lo que te pase en un hospital, siempre vas a pensar:





domingo, 6 de diciembre de 2015

Si no lo veo, no lo creo.

Estamos de vacaciones!! (sólo son 4 días de puente, pero cómo se agradecen).

Es curioso cómo algo empieza a formar parte de tu vida en tan poco tiempo. Llevamos solamente 3 semanas de prácticas y se ha convertido en rutina, y no lo digo en el mal sentido de la palabra, sino en que es muy fácil acostumbrarse. Hay que hacer ciertos sacrificios, acostarse temprano, madrugar... Los jueves han pasado de ser los días de fiesta a ser los días de cena tranquilita hasta las 12, creo que podréis haceros una idea con esta conversación en la que invitábamos a unos amigos a cenar:



Sí, bastante triste, lo sé.

En fin, yo os iba a hablar de lo mucho que me impactó un caso que he vivido, en el que los médicos descubrieron un tumor cerebral con el TAC de un paciente que se había caído y se había dado un golpe en la cabeza. El TAC se hizo para ver si el golpe había causado algún daño cerebral, pero las casualidades de la vida hicieron que gracias a ese golpe se descubriera ese tumor. Tal vez en otras circunstancias no se habría descubierto hasta mucho tiempo después, cuando comenzasen a aparecer los síntomas y puede que fuese ya demasiado tarde.
A mí estas cosas personalmente me asustan, el pensar que estás sano y que de repente descubras que no lo estás, y que lo averigües no por tener los síntomas de la enfermedad, que dándose así el caso aún puedes esperarte algo, sino porque estés buscando otra cosa...
Con este tipo de casos, no me extraña que haya tanta gente hipocondríaca en el mundo.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Analíticas por un tubo (literalmente)

Es cierto que el odio puede pasar al amor de un instante a otro. Así ocurrió con una enfermera. No es que fuera borde conmigo, simplemente no era tan maja como otras, hasta ese día. Ya me había tocado más veces con ella (hasta 4 veces, siendo esa la quinta), e incluso yo le cogí cariño. O igual es que simplemente ese día no tenía ganas de trabajar y me dejaba hacer más cosas a mí. Comenzamos por analíticas. Cuando me preguntó si había hecho alguna la verdad es que no sabía qué responder, porque diciendole que sí luego tendría que hacerla bien y no pifiarla, sino quedaría como una nula. Suerte tuve de que al señor se le notaban bastante las venas y no hubo ningún problema. Aunque no os lo creáis, supuso un gran reto demostrarle a esa enfermera que verdaderamente servía para algo. Demostrárselo hasta que luego hubo otra analítica, con más tubos que llenar, y digamos que de la vena que cogí mucha sangre no es que saliera y aún nos echamos allí un buen rato. Pero bueno, una bien y la otra regular, tampoco está tan mal si lo piensas (espero que ella lo haya pensado y me ponga al menos una nota decente). El siguiente reto vino con la retirada de una sonda vesical, y eso sí que fue un éxito rotundo. Aunque no tiene nada de complicado, solo se necesitan guantes, una bolsa donde tirar la sonda y la bolsa de orina y una jeringa de 10mL. Se conecta la jeringa a una parte de la sonda y se aspira el balón lleno de agua destilada que se encuentra en el final de la sonda (en la vejiga, para que la sonda no se escape), y una vez quitado todo el agua, tiramos de la sonda, más rápida que lentamente, pues no es muy confortable la sensación, pero tampoco tan rápido como para hacerles daño o alguna herida. Ah, y eso sí, ¡antes de nada clampar la sonda, eh! ¡Que luego lo dejáis todo hecho un estropicio y las auxiliares irán a por ti y te cruzarán de por vida! Pero todos huiremos de los problemas con la simple frase: "Pero es que yo soy...



miércoles, 2 de diciembre de 2015

Hemoenfermería.

Últimamente, están de moda los hemocultivos. hacemos como dos por día. Se trata de un cultivo microbiológico de sangre para comprobar si hay bacterias u otros microorganismos patógenos. 
Primero debemos limpiar la zona de punción con un antiséptico, para evitar que posibles bacterias que se encuentren sobre la piel infecten la muestra. Básicamente, es hacer lo mismo que con una analítica, solo cambian los botes de recogida. Primero hay que rellenar el anaerobio (ausencia de oxígeno) y luego el aerobio (presencia de oxígeno). En un adulto, se recogerán 8-10 mL, mientras que en un niño 1-4 mL. Al tener ya esos dos botes, hay que realizar un segundo pinchazo en una vena diferente o mismo en el otro brazo y repetimos el proceso. Una vez terminado, se coloca un apósito en el lugar de punción y se le presiona un rato.
Con las muestras ya tomadas, identificaremos ambos pares de botes con el nombre del paciente, la hora y la fecha, así como marcar cuáles fueron los primeros que se retiraron y cuáles los segundos. Una vez esté todo listo, se envía a laboratorio.





Los hemocultivos nos ayudan a identificar el agente patógeno causante de la infección, lo cual ayuda para determinar el mejor tratamiento para ese paciente.

Bibliografía: 

http://enfermeriapractica.com/procedimientos/extraccion-de-hemocultivos
https://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/003744.htm

Un poquito de neuro...

Lo bueno (y también malo) de estar en planta es que puedes ver la evolución de los pacientes. Algunos mejoran, y otros empeoran. A nivel de enfermería no podemos hacer demasiado con respecto a esto, por lo menos en mi planta, en la que se trata de problemas cerebrales y por ello, generalmente muy complejos.

En realidad, muchas veces ni siquiera tengo claro cual es el motivo por el cual están allí esas personas. Sé que tengo que hacerles las curas de la herida quirúrgica de la cabeza, pero no sé por qué la tienen, o entro en la habitación de una persona aislada a medirle la tensión con todas las precauciones pertinentes, pero no sé de qué bichito me estoy protegiendo. Así que hoy, en un momento libre me he puesto a investigar un poco los motivos de ingreso de algunos de los pacientes. He recopilado las siguientes enfermedades, que voy a tratar de explicar un poco:

  • Aneurisma cerebral: una aneurisma es un abombamiento anormal que ocurre en un vaso sanguíneo, en este caso, del cerebro. Es decir, se forma como una globa en el vaso porque se trata de una zona débil que, con la presión de la sangre, es empujada hacia afuera. Es peligrosa porque puede llegar a estirarse tanto que se rompe, llevando a una hemorragia cerebral mortal.


Se puede reparar con una embolización endovascular,


O con la colocación de un stent graft.


  • Hemorragia intraparenquimatosa (intracerebral): Cuando ocurre una hemorragia en algún vaso del interior del cerebro. La sangre se acumula en el cerebro propiamente dicho causando hipertensión intracraneal. Es una causa importante de accidente cerebrovascular. La hipertensión y el trauma causan la mayoría de estas hemorragias, o como hemos visto antes, la rotura de las aneurismas.
  • Hemorragia subaracnoidea: En este caso, la hemorragia ocurre en el espacio subaracnoideo y la sangre se acumula aquí, donde normalmente encontramos líquido cefalorraquídeo. Puede ser causada por una aneurisma, por un ictus hemorrágico...

  • Tumor paracerebral: como sabréis un tumor es una proliferación anormal de células que pueden atacar a las células sanas del cerebro. Los tumores pueden ser malignos o benignos. En el cerebro, un tumor maligno recibe el nombre de cáncer cerebral, crece rápido y a menudo invade las áreas sanas del cerebro. Los benignos no tienen células cancerosas y crecer de manera lenta. 
También pueden ser primarios, cuando se originan en el cerebro, o metastásicos, cuando las células cancerosas provienen de otra zona del cuerpo, por ello estos acostumbran a ser sólo malignos. Se puede operar con cirugía, que si no es una intervención demasiado peligrosa suele ser la primera opción, quimioterapia o radioterapia.
  • LOE cerebral (Lesión Ocupante de Espacio): se utiliza este término general para las lesiones intracraneales de las cuales no se conoce aún el diagnóstico. Son masas anormales en el cerebro para las cuales necesitamos una serie de pruebas para averiguar su naturaleza. Puede tratarse de hemorragias, tumores...
Y hasta aquí lo que me dio tiempo a leer. Iré escribiendo más a medida que descubra nuevas enfermedades. 


lunes, 30 de noviembre de 2015

¡Ya está aquí, ya llegó!

Y no, no me refiero a la Navidad, ¡sino a mi primera analítica! Y no es por fardar, pero ha sido todo un éxito. Aunque sí, las Navidades están a la vuelta de la esquina, 3 semanas más de prácticas y se acabó el primer cuatrimestre de Enfermería. Qué rápido pasa el tiempo... y bastaron justo dos semanas para que mis compañeros de prácticas me incitasen a hacer yo la analítica (que también iba siendo hora). Allí fuimos los tres, con la batea y todo el material necesario. Primero nos aseguramos de que la vena realmente era una vena. Bien, primer paso y todo en orden. Segundo paso, quitarle la seguridad a la aguja y pinchar con el bisel hacia arriba. Correcto, casi nada más pinchar ya subió la sangre. Llené el tubo que me pasaron (se llena hasta que cesa el chorro), pedí el siguiente, pero no había más... Solo se necesitaba uno, y aunque suene sádica, quería sacarle más. Supongo que me hacía ilusión al haberme salido bien. Un trabajo tan bien hecho para solo sacar un tubito de sangre... 

Nah, estoy bromeando chicos, al señor bien le llegó. Que conste que le pregunté si le dolió y dijo que apenas (aunque con esto de preguntarles el dolor que sintieron con una tarea específica ya deciden ellos si mentirte o decirte la verdad), también porque si reciben un buen trato y les explicas lo que vas haciendo ellos te lo agradecen, y seré una pesada con esto de la amabilidad hasta la última de mis entradas de este blog, porque no es lo mismo cagarla habiendo sido amable, que cagarla habiendo sido una borde. Una vez hecho, se le pone la pegatina de identidad del paciente al tubo y a la hoja de petición de la analítica, se pega el tubo por detrás con esparadrapo y se envía a laboratorio. Y ya está, así fue mi primera analítica (al menos no hubo ningún desmayo ni hemorragia ni el paciente acabó en UCI). 

Para continuar el día y ya justo cuando nos íbamos, una auxiliar (muy maja ella también) nos preguntó a los de prácticas si queríamos ir a poner un enema por sonda. ... Fuimos. Era la primera vez que veía uno, así que le dejé los honores de introducírselo a mi compañera, la cual después me lo agradeció (no). Fuimos con la auxiliar a la habitación y nos encontramos ya con la paciente colocada en su posición de asalto, también llamada más técnicamente: "decúbito lateral izquierdo" (imagen inferior).


Al principio hubo trifulca sobre qué sonda utilizar, si la que traía la auxiliar o la que tenía allí la paciente. La paciente quería aquella, y la auxiliar que nada, que se utilizaba la que habíamos llevado nosotras. Tras 3 minutos discutiendo, hicimos lo que quisimos y utilizamos la que había que utilizar que era la nuestra. Pues nada, simplemente es lubricar la sonda e introducirla. No tiene nada de complicado la verdad. Luego coges la botella de plástico con el enema y lo enchufas a la sonda, apretando la botella para que se vaya vaciando. Tarea fácil si la paciente se deja. Ésta dejar se dejó, aunque un poco quejica fue, pero bueno, si contamos quejicas... digamos que "habelos hailos".

domingo, 29 de noviembre de 2015

"Buscando al moco"

Cuando te acostumbras a la vida hospitalaria el tiempo se pasa más rápido y la verdad es que es más divertido, supongo que porque pierdes vergüenza y ya te vas haciendo más a la idea de que así será tu vida y más te vale que te guste. He de decir que tampoco me cuesta tanto como antes tomar las constantes, de ir todos los días los pacientes ya se muestran más cooperativos y nada más entrar por la puerta ya me levantan el brazo para colocarle el manguito o el termómetro. A veces, y debido a los maravillosos recortes, te tienes que apañar con lo que hay, si es que hay, y sino rebuscas por las habitaciones por si la enfermera de guardia se olvidó algún aparatejo por ahí. El otro día fui con un tensiómetro nuevo, nuevo para mi obviamente, porque si era el único que quedaba libre era por algo. "Cuando lo cojas tienes que apretar por debajo la tapa", me dijo una enfermera. Yo fui dispuesta a la primera habitación a probar el nuevo juguete que se me había otorgado. No funcionó, era de esperar. Se lo volví a poner. Tampoco. Decidí ponérselo al paciente de al lado. Y funcionó. "Menos mal", pensé. Volví entonces al primer paciente y se lo volví a colocar... ERROR. Debía haber una maldición o es que algo del más allá no quería que le tomase la tensión a ese señor, que tú aun por encima que quieres probarle a la gente que porque estés de prácticas no significa que no sepas hacer nada, siempre hay algo que intentará demostrar que eres nulo para cualquier tarea, hasta para abrir un paquete de gasas.


"Cuando un paciente ve que eres de prácticas"


Cuando todo parecía ir yendo como un día normal, vino la supervisora a avisarnos a los tres de prácticas: "en un rato voy a hacer una broncoscopia arriba, si queréis venir". ¡Pues claro que queremos! ¡Excursión al piso de arriba! Nada más acabar nuestras tareas, allí fuimos los tres. Nos encontramos con nuestra supervisora, una celadora, una doctora y otra enfermera de otra planta. La paciente era una señora ya bastante mayor, había de tener unos 70 años o más, pero muy buena, no se quejó de nada, o igual fueron también los sedantes que le metieron a la pobre. Una broncoscopia consiste en un examen para visualizar las vías aéreas y determinar cualquier cosa extraña o anomalía que haya. En este caso, solamente se realizó para retirar tapones mucosos (es decir, moco) de las vías respiratorias para que pudiese respirar mejor. Dicha persona que se somete a esta prueba no debe comer ni beber nada en las 8-12 horas previas al examen ni tomar fármacos anticoagulantes. 



Lo siguiente consiste en introducir (tal y como vemos en la imagen) una sonda bien lubricada. Puede ser introducida por la nariz, pero si es de gran grosor es mejor por la boca. Se le rocía un anestésico en la boca-garganta, así como también recibirá algún medicamento por vía intravenosa para que se relaje. Una vez introducida la sonda, el doctor/a dirige su dirección, y en una pantalla se va viendo por dónde pasa la sonda gracias a una microcámara que hay en la punta. Fue muy interesante ver cómo llegaba a una bifurcación (bronquio derecho-izquierdo), después venía otra bifurcación (bronquiolos), y otra, y otra, y otra, y cómo a medida que se encontraba moco la doctora pulsaba un botón del aparato y lo absorbía. La verdad es que te sentías hasta satisfecho, aún no habiendo hecho nada, de lo limpio que había quedado todo el recorrido realizado. Por muy desagradable que pueda sonar, tú estás pensando que lo haces por el bien de la otra persona, entonces ya no te lo parece tanto. Esa señora sé que si la volviésemos a ver siete horas más tarde nos lo agradecería, porque os prometo que no sé cómo podía respirar con tanto moco ahí dentro. 


Hasta aquí el martes. Fue un buen día, bastante dinámico y nada aburrido, todo hay que decirlo. Y, una vez más, aquí os lo dejo para que lo disfrutéis. 

lunes, 23 de noviembre de 2015

Lo bueno tarda en llegar

Llegas a casa después de las prácticas, te tiras en el sofá muerta de sueño, te das cuenta de que mañana es otro día, que tocará volver al hospital, y quieres desaparecer poco a poco. Pero al día siguiente sucede algo increíble, insólito, inaudito...te mandan hacer algo (aunque sea porque no hay nadie más que le pueda ayudar e ese momento de urgencia). A partir de ahí ya te van dejando hacer más y más, y tus ganas de madrugar, no se puede decir que sean muchas, pero aumentan considerablemente.

En mi caso, tuve que abrir gasas, compresas, pasar pinzas y demás para drenar así un considerable hematoma, que esta vez no era lo que comúnmente se conoce como "moratón", sino que se trataba de una acumulación de sangre bajo la superficie de la piel debido a la extirpación de tejido por herida quirúrgica. Para hacernos una idea, después de la extirpación de un tumor el hueco que queda puede llenarse de sangre y coágulos, y el problema viene cuando estos coágulos no son capaces de reabsorberse, ya que no permiten que el tejido subyacente crezca y se regenere.
Algunos consejos para reducir el riesgo de hematoma son: evitar masajear, golpear o comprimir la zona, evitar los medicamentos antiinflamatorios (los más conocidos son la aspirina y el ibuprofeno) y y aplicar una compresa caliente sobre la zona (favoreciendo la reabsorción de la sangre).

Unas horas más tarde, cuando llegó el momento de poner un yeso, pude ayudar y terminarlo, porque para hacer bien el principio está claro que se necesita mucha más práctica que simplemente 2 días.
Para empezar se pone una media especial en la zona a enyesar (si es el antebrazo se corta un trozo para el dedo gordo) y luego se cubre con algodón ya preparado para vendar. Finalmente se coloca el yeso luego de mojarlo en agua a una temperatura de más o menos 25ºC y se le da forma, ya que no puede quedar simplemente como un cilindro, sino que tiene que amoldarse al paciente para realizar una buena sujeción, En el caso de una bota de yeso también se tiene que poner una "plantilla" (trozo grueso de yeso que cubre la planta del pie y parte posterior del tobillo) para reforzarlo.

Aquí os dejo un vídeo, que siempre ilustra más que simplemente explicando.


miércoles, 18 de noviembre de 2015

Enfermera en prácticas

Y llega el gran momento, ese que llevas esperando con ilusión desde que empiezas la carrera, eso que se escucha por los pasillos de la facultad y por lo que te envidian estudiantes de 2º de medicina que siguen teniendo que estudiar columnas de apuntes (y me quedo corta), llega el periodo de "enfermera en prácticas".


Para haceros una idea de lo importante que es el primer día de prácticas deberíais saber que cada vez que un alumno de primero mantiene una conversación, por mínima que sea, con un estudiante de enfermería de cursos más avanzados, las dos preguntas imprescindibles son: ¿Cómo son los exámenes de (insertar asignatura o profesor)? y preguntar por las prácticas (ya sea por el primer día, por qué se hace, si te tratan bien, si te dejan hacer cosas, y un largo etc.).

Así que, como nosotras no íbamos a ser menos, nos fuimos informamos a lo largo del curso, y lo que se rumoreaba no era malo. Se dice que las enfermeras son majas y que no sólo vas a estar mirando lo que ella hace o que, por el contrario, no harás todo su trabajo. Pero aunque es todo lo que un estudiante de enfermería quiere y desea, los nervios primerizos no se te van.

Llegado el día, te despiertas temprano para no llegar tarde (cosa imposible, teniendo en cuenta que si no te pierdes de camino al hospital, te pierdes dentro de él buscando, en mi caso, consultas externas o medicina preventiva), y tienes intenciones de prepararte un buen desayuno para no desfallecer en toda la mañana, aunque siendo realistas ni te da tiempo a hacerlo, ni tienes ansias de comer nada a semejantes horas de la mañana. Finalmente, cuando por fin estás en el sitio correcto a una hora más o menos decente, tienes esa ilusión y esas ganas de querer hacer algo productivo esa mañana, pero te lo adelanto, la cosa más interesante que harás será como mucho abrir paquetes de gasas.

La verdad es que no quiero desanimaros, ya que no todo es así de malo, las cosas cambiarán en los próximos días en cuanto la confianza aumente, tú te vayas interesando por cosas, y las enfermeras vean que pueden estar seguras de que no harás ninguna tontería (o que por lo menos lo harás lo mejor que puedas), así que, resumiendo, tu vida se irá volviendo un poco más feliz.