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domingo, 20 de diciembre de 2015

El arte de las gasometrías

Como he podido comprobar a lo largo de este mes, muchas personas no saben exactamente qué es una gasometría. 

La gasometría sirve para medir la cantidad de oxígeno y dióxido de carbono que hay en la sangre, así como su acidez. 

Para explicaros la técnica os presento este vídeo, en el que se puede ver perfectamente como la sangre parece que asciendo al ritmo de latidos de un corazón:




Solamente hay que encontrar el pulso y pinchar sobre él, con el bisel hacia arriba siempre. Cabe añadir que suele ser una técnica cruenta. 

sábado, 19 de diciembre de 2015

See heaven's got a plan for you

Comenzamos fuerte el día. Otro fallecido al que había que hacerle un electro, pero creo que esta vez me impresionó más. Porque a esa misma persona el día anterior le estábamos haciendo las curas y no tenía mala pinta, esa pinta de que se va a ir de un momento a otro. Y es chocante, tal y como ya os expliqué anteriormente, esa fina y tan traspasable línea que nos separa de pasar al otro barrio. Es raro cuando vives tan cerca de la muerte, más que raro tal vez irónico. Y difícil. Más que difícil. Más todavía cuando tienes conocimiento de que esa persona ya no tiene salvación, de que sabes que va a allí para que no sufra, porque todo se vuelve frágil. La gente va a la universidad y les enseñan a construir casas, grandes edificios. Les enseñan matemáticas, idiomas, las leyes de la física o millones de reacciones químicas. Te explican cómo funciona una central eléctrica o cómo es capaz de volar un avión. Pero ninguna universidad te explica a cómo sobrellevar una muerte. Cuanto más sobrellevar más de una muerte por día. Porque vale que no son familiares, ni amigos, pero sí que se podrían considerar como conocidos. Pasas 7 horas al día con ellos, los acabas incluso conociendo, sabiendo de qué pie cojean, sabiendo si se quejan de vicio o porque realmente les duele algo. Y te choca. Como una señora mayor que llamó al timbre y fui a ver qué quería. Al parecer solo quería que la levantasen un poco de cama, y digo al parecer porque cuando acabé de ayudarla me agarró del brazo y me empezó a hablar. Lo que realmente quería era a alguien con quién hablar. Una señora super maja y muy amable que me llegó a preguntar por mi edad, pero no es la mía la que importa, era la suya. Noventa y cuatro años. Con la cabeza bien amueblada... "Para qué queres chegar a miña idade, para estar así tiradiña nunha cama", me dijo. Pero realmente es todo un logro tener esa edad y saber hablar razonadamente, o simplemente poder hablar. Que uno nunca está tan mal como se cree, que te puedes quejar de que tu vida es un asco pero siempre va a haber una peor. Esa señora pude comprobar más adelante que realmente es super positiva, que como todos los humanos tenemos un punto de flaqueza en el que nos dejamos llevar por la tristeza, por así decirlo, y así como conmigo se mostró como "apagada", al día siguiente fuimos los de prácticas a hacerle un electro y fue una persona muy diferente. O cambió de opinión sobre la vida o sabe fingir cuando hay más gente, que como dice mi madre muchas veces: "la procesión va por dentro". 

Aprendes a valorar a la gente, a ayudarla, porque la enfermería es más bien una universidad de la calle, autodidacta. Aprendes de otros enfermeros, de otros compañeros, pero también aprendes de miles de seres humanos que, tal vez, estén en el peor momento de sus vidas. Aprendes la diversidad de comportamientos humanos, aprendes a saber cómo tratar a cada persona. Aprendes que la vida es una oportunidad, y no hay más, y tú decides cómo aprovecharla. Pero eso sí, que nadie te robe el humor ni la oportunidad de continuar sonriendo. 


miércoles, 16 de diciembre de 2015

Comienza la cuenta atrás

Llevo unos días más agotadores últimamente, que me sorprende siquiera que sea capaz de atinar pinchando. 

Último miércoles de estas prácticas y nada más llegar vemos mi compañera y yo que en el carro de paradas estaba el desfibrilador (o sea, que lo habían tenido que utilizar) y ya nos ves a ambas: 

Whaaaaaat, aquí ha pasado algo y nos lo hemos perdido :(

Y efectivamente, nada más entrar en el control nos contó un enfermero que hubo que realizar hasta una traqueotomía y que el paciente recién había bajado a UCI. Fue una pena no haber llegado antes y haberlo presenciado, porque también son cosas que hay que aprender, pero nunca sabes cuándo van a pasar.


Tomé todas mis tensiones y temperaturas y más incluso, después saqué toda la medicación y la dejé toda lista. Al acabar fui a ver cómo se hacían unas curas y a pinchar una analítica (que realmente la hizo la enfermera, porque el señor seguía durmiendo mientras se la hacíamos, yo sujetándole la mano para que no la moviese... trabajo en equipo). Al acabar, bajamos a la cafetería, pues ya era hora de nuestro descanso. Al volver, como siempre, repartimos toda la medicación y después hice las glucemias. Hubo que ponerle una vía nueva al señor que justo ingresó hoy, ya que la que tenía le estaba provocando flebitis, la cual consiste en la inflamación de las venas y suele ir acompañada de formación de coágulos de sangre en su interior. 

Luego fui sacando los sueros que se habían acabado, y me encuentro con una paciente (con la cual tenía un muy buen trato y siempre estaba ella toda sonriente) que estaba vestida ya de calle. Le pregunté si se iba ya, y me dijo que en cuanto le quitasen "esto" (refiriéndose a la vía). "Ya te lo vendré a quitar luego, que yo hasta que me den órdenes no hago nada", dije. Se rió y me fui. Al llegar al control la enfermera justo me mandó ir a quitársela y allí fui. "Ahora sí que me dieron órdenes". Quizá lo más doloroso de una vía no sea ponerla, sino quitarla, y con quitarla me refiero a despegarla. Todos los pacientes me ponen una cara de dolor... y la verdad es que te queda una bonita depilación. 
-"Está bien pegado", me dijo.
-"Es para que no se escape... la vía, no usted, eh", le contesté.
La señora soltó una carcajada, tal vez porque le hizo gracia, tal vez porque ya se iba a ir del hospital y eso siempre contenta a uno. Pero lo realmente humano fue cuando me dijo "ven aquí que te voy a dar un abrazo". Y me acerqué y me lo dio, con beso incluido, pero de estos abrazos que sabes que son de agradecimiento. A otros les llevan regalos, y a mi me regalan abrazos. La verdad es que no puedo pedir más. 

Tras eso, realicé la segunda toma de hemocultivos a una de mis pacientes (todo un éxito, o la suerte del principiante tal vez). Y ya cuando volví al control toda satisfecha, me dijo la super: "Esther, ¿tienes algo importante que hacer por ahí?". Pues no, no tenía más que hacer, así que me mandó ir de camarera por todo el pasillo preguntando el menú que preferían los pacientes para mañana. Es trabajo que suelen hacer las auxiliares, pero allí todos nos ayudamos y así adelantamos tareas. Aparte que tampoco fue tan aburrido como suena. Muchos eran indecisos, otros cambiaban de opinión porque el acompañante le sugería como mejor plato el otro... Aún me reí en ocasiones cuando cambiaban al otro plato. O del "listillo" que me dijo que quería las dos opciones. 

martes, 15 de diciembre de 2015

Se revolucionó el gallinero

Si hoy esperaba tener un día tranquilo, no lo fue para nada. De hecho, creo que fue el día que más cosas hice, de esto de incluso pensar: "por favor, parad de pedirme cosas". 

Comenzamos con las constantes, como siempre. Y al acabar había una analítica que realizar. Cuando cogimos la batea e íbamos todas tranquilas mi compañera de prácticas y yo a realizarla... vaya panorama nos encontramos en la habitación. En la última cama, la señora que había que pinchar, había un médico y tres enfermeras más una auxiliar, más un charco de sangre, más la cama de al lado manchada de sangre. Cuando nos acercamos quedamos boquiabiertas de lo que allí había: un corte en todo el gemelo, con las pieles incluso colgando. Mientras el médico le iba poniendo compresas llenas de betadine cubriendo toda la herida, nos explicó que tenía un hematoma, y por la noche reventó, manchando incluso la cama de al lado y dejando medio litro de sangre esparramada por el suelo. Pero ojo, el vendaje que le hizo sí que era un vendaje y lo demás son tonterías. "Tiene que sonar como un melón maduro", dijo. Capas y capas de algodón y de venda, vamos, que si algo quería escapar de allí dentro lo llevaba chungo, podías utilizar esa pierna hasta como de almohada, fíjate tú. Tras eso, le hicimos la analítica, y después una gasometría mi compañera y otra yo, a diferentes pacientes, claro, aunque no tengo yo muy claro que la sangre de la que yo pinché fuese arterial, pero ya os lo revelaré en la próxima entrada. 

Tras eso, bajamos a una pequeña reunión y de ahí al descanso. Subimos del descanso y repartimos la medicación y realizamos las glucemias, y como acabamos demasiado pronto, mi enfermera y yo nos pusimos a ayudar a otras enfermeras. La verdad, es que con el montón de pacientes aislados que hay normal que tarden tanto. Yo ayudé con las glucemias y vaya numerito, porque claro, tocas al paciente para pincharlo (siempre vestido adecuadamente y con guantes), y luego coges la maquinita para recoger la gota de sangre, AH, pero el guante ya está contaminado, entonces la maquinita también. Entonces sales, te quitas la capa esa protectora de vestimenta, pero no los guantes, porque sino a ver como coges la maquinita. Llegas al carro y las gasas no están a mano, Perfecto, haces malabares para quitarte un guante y abrir un paquete de gasas, echándole estirilium y limpiando como uno puede la máquina y luego anotas la glucemia. "Hay que ponerle 4 unidades de insulina". Venga, otra vez a vestirse y entrar, y hacer el mismo numerito. 



La verdad es que es un chollo y la pobre enfermera estaba sola, sin nadie que le ayudase (menos mal que fuimos nosotras como buenas personas que somos).

Cuando todo parecía relajarse, nos avisan de que un paciente se atragantara. Allí fuimos corriendo, fue la primera vez que corrí en el hospital. Al llegar a la habitación nos encontramos ya con la auxiliar casi preparada para hacer la maniobra de Heimlich, pero al ver que el paciente tosía y su aspecto mejoraba, no hizo falta hacer nada. Seguramente se le hubiese ido algo de comida o líquido por el conducto que no era. Menos mal que solo quedó en un pequeño susto.  

lunes, 14 de diciembre de 2015

El día de las analíticas

Bueno, así como hay días en los que te levantas y parece que "te comes el mundo", también hay otros en los que si no andas a rastras es porque aún te da más pereza que caminar normal. Hoy fue uno de esos días. 

Actualmente, mi forma de vida es la de poner el despertador a las 6:25, despertarme y volverlo a poner a las 6:45. Así me alegra la vida saber que puedo dormir 20 minutos más. Pero creo que voy a dejar de hacer eso, porque últimamente esos 20 minutos me hacen sentirme más muerta que viva, y la pereza que me dio hoy levantarme no fue normal. Menos mal que tengo el interruptor de la luz al lado y la enciendo nada más despertar, así me auto-obligo a salir de cama y vestirme. Me voy, obviamente, sin desayunar y monto en el bus a las 7:10. Al llegar al hospital casi me quedo a dormir, menos mal que no en el bus, sino igual me pasaba de parada y a saber dónde acababa. 

Nada más llegar al control, me dice una enfermera: "esther, tienes allí un sobre para ti"; lo cuál me extrañó, pensé hasta en un regalo de navidad, pero al ver que solo me lo decían a mí y no a mis compañeros de prácticas, pregunté: "¿Qué sobre? ¿Qué tiene?". Eran mis bolis, que me los había dejado allí el viernes pasado. Me quedé con ganas de un regalo, o dinero, o mis notas con todo dieces (al menos dejadme soñar). 
Una vez acabadas de tomar las constantes, fuimos los tres de prácticas a hacer analíticas. Hasta cuatro había. Las dos primeras fueron un intento nulo porque más que venas tenían "pelos" de lo finas que eran, entonces preferimos no arriesgar. En la tercera lo conseguimos solos y la cuarta con un poco de ayuda. Pero nos tendieron una trampa. Las pegatinas de cada paciente estaban mezcladas y regresaron los tubos de laboratorio. Después de una mini bronca hacia nosotros, los cuales no teníamos culpa porque no fuimos nosotros quienes pusimos las etiquetas, volvimos a junto la señora a repetirle la analítica. Aun por encima era la única que habíamos conseguido hacer solos. Pues llamadle mala suerte, pero esa segunda vez no fuimos capaces. 

Hasta ahí la mañana parecía que no podía ir a peor, y, efectivamente, no lo fue. Terminamos rápido de repartir la medicación, entonces me puse a ayudar a otro enfermero. Cuando ya eran las 12:10 fui entonces a mirar las glucemias y pinchar luego sus correspondientes insulinas. No parecía ya que fuese a haber mucho más movimiento, hasta que mi enfermera me dijo que había que hacer una analítica y allá fuimos entonces la chica de prácticas y yo. Lo intenté. Solo puedo decir eso, pero algo del brazo de ese señor no me dejó pincharle, era como intentar pinchar una piedra, cosa que aún no me enseñaron ni creo que lo hagan, pero al menos el señor fue muy majo y todo un valiente por aguantarnos sin quejarse ni nada. 

Y ahora por la tarde, pues aquí me hallo, contándoos mi mañana, y ahora si me lo permitís voy a echarme una siesta, de esas que ni pones la alarma para despertarte, de esas que cuándo te derpiertas dices:


sábado, 12 de diciembre de 2015

Todo lo bueno se acaba

¡Al fin es viernes, chicos! El tan esperado día de la semana por todos los estudiantes e incluso por algunos trabajadores, aunque pensándolo bien, no es una alegría tan grata como hace unos meses, pues se aproximan a la par los exámenes...



Solo nos queda la siguiente semana y dos días más de prácticas, o sea, 7 días en total. Es algo que me alegra y me entristece a la vez. Me alegra porque aunque tenga que seguir levantándome temprano para estudiar, no será tan temprano como las 6:30, pero por otra parte me entristece porque es divertido, porque ahora pienso que sí, seguiré teniendo más prácticas, pero ya no serán en el mismo sitio, ni con las mismas enfermeras, ni con los mismos compañeros de prácticas, que después de pasar seis horas como mínimo diarias con ellos, les acabas cogiendo cariño, aparte de todas las experiencias que vives con ellos/as, sobretodo por mi parte, ya que era la primera vez que pisaba un hospital sin ser yo la paciente. Son historias que me llevo, pacientes a los que solo yo pondré cara, algunos de los cuales sé que no me olvidaré nunca y otros que supongo se me irán olvidando a lo largo de los años... Aquella primera gasometría en la habitación 219/2, la segunda en la 220/1, cosas que se me van a quedar marcadas. De todas las vías que saqué siempre recordaré aquella en la que casi un paciente se me desangra y yo con toda la calma del mundo poniendo gasas, una encima de otra, no podía mostrarme agitada o asustada porque igual entonces al señor en vez de darle el alta le daba un "patatús". Aprendes pequeñas cosas que no te enseñan en clase, como por qué a veces los sueros no gotean, en tal caso debes recurrir siempre a la primera opción que es comprobar que la vía esté  en sus sitio y si lo está, igual lo que debes hacer es limpiársela, con una jeringa de 5ml llenarla de suero y limpiar así la vía, ya verás que luego sí que gotea. 

Y lo mejor de todo es esa sensación de haberte sentido realizada por primera vez, o cuando un paciente te da las gracias por todo lo que haces, o hasta el punto de que un acompañante te diga esto de su padre (el que estaba ingresado): "debéis cuidarlo muy bien, que él ni marchar quiere". Son cosas bonitas, que gustan cuando las escuchas, que mi paga semanal son esas palabras de agradecimiento, a veces, incluso, de afecto.

sábado, 5 de diciembre de 2015

Nivel 2: de venas a arterias.

Cuando me ofrecieron pinchar mis primeras gasometrías, noté cómo mi corazón empezó a acelerarse. Obviamente estás ahí para aprender y, aunque era mi tercera semana y yo pensaba que era demasiado pronto para hacer eso, no podía negarme, así que cogi aire y solté: "si se le nota bien el pulso, se la hago". Entonces me adelanté mientras mi enfermera preparaba la batea con las cosas necesarias (gasas, esparadrapo, y varias agujas para las gasometrías). Al primer paciente, un señor mayor, se le notaba bastante y me atreví. Para que veáis dónde se debe pinchar una gasometría, os dejo esta imagen:



Todo genial hasta el momento y entonces yo me vine arriba y dije: "venga, pincho también la siguiente". Mal. Mal Esther, muy mal. Tenías que haber parado ahí, que ya lo habías hecho bien, ya tenias un 10 en gasometrías (no creo). Mientras mi enfermera enviaba esa primera al laboratorio, yo fui buscándole el pulso a nuestro segundo paciente,  en este caso, una señora también algo mayor. Os prometo que en ese momento se le notaba bien, pero en cuanto la enfermera me pasó la aguja, la arteria debió esconderse. En ese momento tenía dos opciones: rendirme o arriesgar. Es como en los exámenes tipo test cuando en una pregunta estas en dudas y no sabes si contestarla y arriesgarte a que esté mal y te descuente o simplemente no contestar. En ese momento no me acordé que siempre que arriesgaba solía fallar. Lo único de consuelo fue que, obviamente, al fallar, le dejé el turno a la enfermera, y digamos que no la encontró a la primera tampoco. Aún así, ha sido toda una experiencia y no me arrepiento de haberme arriesgado. 

Vías imposibles, corrección de fármacos y curas.

Bueno, si en mi anterior entrada os hablaba de una enfermera que no era muy cariñosa conmigo, la que tuve hoy es que vive enamorada de mí. No solo por cómo me trata, sino hasta por cómo me mira. A veces creo que piensa que soy como su hija o su nieta o yo qué sé. Pero no es normal... "Qué pelo tan bonito tienes", "qué guapiña me eres" o "mira que eres lista, eh" son de las frases que más me suele decir y yo creo que a veces llega un punto tal que hasta  me debo sonrojar, porque las dice y se queda mirándome con esos ojitos de aprobación o de orgullo que me pueden. Cada día me esfuerzo por hacer bien todo lo que hago, pero con esa enfermera da igual si me equivoco en algo porque sé que me va a seguir queriendo. Es increíble su actitud. 


La principal dificultad del día fue poner una vía a una señora, ya que la que tenía se encontraba en la flexura del brazo izquierdo (lugar horrible para colocar una vía, ya que si la persona dobla el brazo, ya se estropea la vía). Mientras yo se la quitaba, la enfermera iba viendo dónde se le podría poner la otra. La única opción era en el otro brazo y la zona de la flexura estaba descartada. También la mano izquierda estaba descartada ya que tenía un parche allí (debía tener una herida o algo). Ya que la señora tampoco es que fuera muy delgada, la única zona viable era la mano derecha. Tras diez minutos, sin exagerar, intentando buscarle una buena vena (referible a que no fuese muy fina para que no rompiese, ni muy curva ya que entonces la vía no continuaría a la vena), nos rendimos y llamamos a la supervisora, la cual se encontraba en el control atendiendo a todas las llamadas, y también tras varios minutos, ya sea por experiencia o por suerte, ella fue capaz de ponerle la dichosa vía en la mano. Acabamos tardísimo de repartir la medicación por ese incidente, lo que también supuso salir bastante tarde. Realmente, si no fuera porque fui haciendo yo sola los cartones de medicación, seguramente no hubiese salido de allí hasta las 15h o más. Que también... ojo a cómo estaban los cartones. Encontré como 3 errores de la enfermera del turno anterior, ya que había medicamentos que estaban pautados por el médico y que la enfermera no los había puesto a la hora que les correspondía, la mayor  parte de ellos correspondían a la medicación de las 12h, por lo que mientras yo iba haciendo los cartones y descubriendo los errores, mi enfermera fue dando la medicación esa que no había sido dada ya que no estaba marcada. Seguramente si hubiese sido yo la que hubiera cometido esos fallos ya me habrían crucificado... pero bueno, hay que aguantarse, somos humanos y todos cometemos errores. Tampoco es que fueran fármacos super importantes de administrar, por eso no hubo mayor problema. 



Por último, me tocó hacer una cura en un tobillo, la cual consistía en lavar la herida con sulfato de cobre y luego ponerle iruxol mono, una pomada que se utiliza para el desbridamiento de los tejidos necrosados en úlceras cutáneas. Un par de compresas por encima cubriendo la zona y un vendaje para que quedasen sujetas y no rozase con las sábanas. Para que os hagáis una idea, os dejo una imagen, que sé que os gustan.



"He aquí el bello arte de las úlceras por presión".

jueves, 3 de diciembre de 2015

Analíticas por un tubo (literalmente)

Es cierto que el odio puede pasar al amor de un instante a otro. Así ocurrió con una enfermera. No es que fuera borde conmigo, simplemente no era tan maja como otras, hasta ese día. Ya me había tocado más veces con ella (hasta 4 veces, siendo esa la quinta), e incluso yo le cogí cariño. O igual es que simplemente ese día no tenía ganas de trabajar y me dejaba hacer más cosas a mí. Comenzamos por analíticas. Cuando me preguntó si había hecho alguna la verdad es que no sabía qué responder, porque diciendole que sí luego tendría que hacerla bien y no pifiarla, sino quedaría como una nula. Suerte tuve de que al señor se le notaban bastante las venas y no hubo ningún problema. Aunque no os lo creáis, supuso un gran reto demostrarle a esa enfermera que verdaderamente servía para algo. Demostrárselo hasta que luego hubo otra analítica, con más tubos que llenar, y digamos que de la vena que cogí mucha sangre no es que saliera y aún nos echamos allí un buen rato. Pero bueno, una bien y la otra regular, tampoco está tan mal si lo piensas (espero que ella lo haya pensado y me ponga al menos una nota decente). El siguiente reto vino con la retirada de una sonda vesical, y eso sí que fue un éxito rotundo. Aunque no tiene nada de complicado, solo se necesitan guantes, una bolsa donde tirar la sonda y la bolsa de orina y una jeringa de 10mL. Se conecta la jeringa a una parte de la sonda y se aspira el balón lleno de agua destilada que se encuentra en el final de la sonda (en la vejiga, para que la sonda no se escape), y una vez quitado todo el agua, tiramos de la sonda, más rápida que lentamente, pues no es muy confortable la sensación, pero tampoco tan rápido como para hacerles daño o alguna herida. Ah, y eso sí, ¡antes de nada clampar la sonda, eh! ¡Que luego lo dejáis todo hecho un estropicio y las auxiliares irán a por ti y te cruzarán de por vida! Pero todos huiremos de los problemas con la simple frase: "Pero es que yo soy...



miércoles, 2 de diciembre de 2015

Hemoenfermería.

Últimamente, están de moda los hemocultivos. hacemos como dos por día. Se trata de un cultivo microbiológico de sangre para comprobar si hay bacterias u otros microorganismos patógenos. 
Primero debemos limpiar la zona de punción con un antiséptico, para evitar que posibles bacterias que se encuentren sobre la piel infecten la muestra. Básicamente, es hacer lo mismo que con una analítica, solo cambian los botes de recogida. Primero hay que rellenar el anaerobio (ausencia de oxígeno) y luego el aerobio (presencia de oxígeno). En un adulto, se recogerán 8-10 mL, mientras que en un niño 1-4 mL. Al tener ya esos dos botes, hay que realizar un segundo pinchazo en una vena diferente o mismo en el otro brazo y repetimos el proceso. Una vez terminado, se coloca un apósito en el lugar de punción y se le presiona un rato.
Con las muestras ya tomadas, identificaremos ambos pares de botes con el nombre del paciente, la hora y la fecha, así como marcar cuáles fueron los primeros que se retiraron y cuáles los segundos. Una vez esté todo listo, se envía a laboratorio.





Los hemocultivos nos ayudan a identificar el agente patógeno causante de la infección, lo cual ayuda para determinar el mejor tratamiento para ese paciente.

Bibliografía: 

http://enfermeriapractica.com/procedimientos/extraccion-de-hemocultivos
https://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/003744.htm

lunes, 30 de noviembre de 2015

¡Ya está aquí, ya llegó!

Y no, no me refiero a la Navidad, ¡sino a mi primera analítica! Y no es por fardar, pero ha sido todo un éxito. Aunque sí, las Navidades están a la vuelta de la esquina, 3 semanas más de prácticas y se acabó el primer cuatrimestre de Enfermería. Qué rápido pasa el tiempo... y bastaron justo dos semanas para que mis compañeros de prácticas me incitasen a hacer yo la analítica (que también iba siendo hora). Allí fuimos los tres, con la batea y todo el material necesario. Primero nos aseguramos de que la vena realmente era una vena. Bien, primer paso y todo en orden. Segundo paso, quitarle la seguridad a la aguja y pinchar con el bisel hacia arriba. Correcto, casi nada más pinchar ya subió la sangre. Llené el tubo que me pasaron (se llena hasta que cesa el chorro), pedí el siguiente, pero no había más... Solo se necesitaba uno, y aunque suene sádica, quería sacarle más. Supongo que me hacía ilusión al haberme salido bien. Un trabajo tan bien hecho para solo sacar un tubito de sangre... 

Nah, estoy bromeando chicos, al señor bien le llegó. Que conste que le pregunté si le dolió y dijo que apenas (aunque con esto de preguntarles el dolor que sintieron con una tarea específica ya deciden ellos si mentirte o decirte la verdad), también porque si reciben un buen trato y les explicas lo que vas haciendo ellos te lo agradecen, y seré una pesada con esto de la amabilidad hasta la última de mis entradas de este blog, porque no es lo mismo cagarla habiendo sido amable, que cagarla habiendo sido una borde. Una vez hecho, se le pone la pegatina de identidad del paciente al tubo y a la hoja de petición de la analítica, se pega el tubo por detrás con esparadrapo y se envía a laboratorio. Y ya está, así fue mi primera analítica (al menos no hubo ningún desmayo ni hemorragia ni el paciente acabó en UCI). 

Para continuar el día y ya justo cuando nos íbamos, una auxiliar (muy maja ella también) nos preguntó a los de prácticas si queríamos ir a poner un enema por sonda. ... Fuimos. Era la primera vez que veía uno, así que le dejé los honores de introducírselo a mi compañera, la cual después me lo agradeció (no). Fuimos con la auxiliar a la habitación y nos encontramos ya con la paciente colocada en su posición de asalto, también llamada más técnicamente: "decúbito lateral izquierdo" (imagen inferior).


Al principio hubo trifulca sobre qué sonda utilizar, si la que traía la auxiliar o la que tenía allí la paciente. La paciente quería aquella, y la auxiliar que nada, que se utilizaba la que habíamos llevado nosotras. Tras 3 minutos discutiendo, hicimos lo que quisimos y utilizamos la que había que utilizar que era la nuestra. Pues nada, simplemente es lubricar la sonda e introducirla. No tiene nada de complicado la verdad. Luego coges la botella de plástico con el enema y lo enchufas a la sonda, apretando la botella para que se vaya vaciando. Tarea fácil si la paciente se deja. Ésta dejar se dejó, aunque un poco quejica fue, pero bueno, si contamos quejicas... digamos que "habelos hailos".

domingo, 29 de noviembre de 2015

"Buscando al moco"

Cuando te acostumbras a la vida hospitalaria el tiempo se pasa más rápido y la verdad es que es más divertido, supongo que porque pierdes vergüenza y ya te vas haciendo más a la idea de que así será tu vida y más te vale que te guste. He de decir que tampoco me cuesta tanto como antes tomar las constantes, de ir todos los días los pacientes ya se muestran más cooperativos y nada más entrar por la puerta ya me levantan el brazo para colocarle el manguito o el termómetro. A veces, y debido a los maravillosos recortes, te tienes que apañar con lo que hay, si es que hay, y sino rebuscas por las habitaciones por si la enfermera de guardia se olvidó algún aparatejo por ahí. El otro día fui con un tensiómetro nuevo, nuevo para mi obviamente, porque si era el único que quedaba libre era por algo. "Cuando lo cojas tienes que apretar por debajo la tapa", me dijo una enfermera. Yo fui dispuesta a la primera habitación a probar el nuevo juguete que se me había otorgado. No funcionó, era de esperar. Se lo volví a poner. Tampoco. Decidí ponérselo al paciente de al lado. Y funcionó. "Menos mal", pensé. Volví entonces al primer paciente y se lo volví a colocar... ERROR. Debía haber una maldición o es que algo del más allá no quería que le tomase la tensión a ese señor, que tú aun por encima que quieres probarle a la gente que porque estés de prácticas no significa que no sepas hacer nada, siempre hay algo que intentará demostrar que eres nulo para cualquier tarea, hasta para abrir un paquete de gasas.


"Cuando un paciente ve que eres de prácticas"


Cuando todo parecía ir yendo como un día normal, vino la supervisora a avisarnos a los tres de prácticas: "en un rato voy a hacer una broncoscopia arriba, si queréis venir". ¡Pues claro que queremos! ¡Excursión al piso de arriba! Nada más acabar nuestras tareas, allí fuimos los tres. Nos encontramos con nuestra supervisora, una celadora, una doctora y otra enfermera de otra planta. La paciente era una señora ya bastante mayor, había de tener unos 70 años o más, pero muy buena, no se quejó de nada, o igual fueron también los sedantes que le metieron a la pobre. Una broncoscopia consiste en un examen para visualizar las vías aéreas y determinar cualquier cosa extraña o anomalía que haya. En este caso, solamente se realizó para retirar tapones mucosos (es decir, moco) de las vías respiratorias para que pudiese respirar mejor. Dicha persona que se somete a esta prueba no debe comer ni beber nada en las 8-12 horas previas al examen ni tomar fármacos anticoagulantes. 



Lo siguiente consiste en introducir (tal y como vemos en la imagen) una sonda bien lubricada. Puede ser introducida por la nariz, pero si es de gran grosor es mejor por la boca. Se le rocía un anestésico en la boca-garganta, así como también recibirá algún medicamento por vía intravenosa para que se relaje. Una vez introducida la sonda, el doctor/a dirige su dirección, y en una pantalla se va viendo por dónde pasa la sonda gracias a una microcámara que hay en la punta. Fue muy interesante ver cómo llegaba a una bifurcación (bronquio derecho-izquierdo), después venía otra bifurcación (bronquiolos), y otra, y otra, y otra, y cómo a medida que se encontraba moco la doctora pulsaba un botón del aparato y lo absorbía. La verdad es que te sentías hasta satisfecho, aún no habiendo hecho nada, de lo limpio que había quedado todo el recorrido realizado. Por muy desagradable que pueda sonar, tú estás pensando que lo haces por el bien de la otra persona, entonces ya no te lo parece tanto. Esa señora sé que si la volviésemos a ver siete horas más tarde nos lo agradecería, porque os prometo que no sé cómo podía respirar con tanto moco ahí dentro. 


Hasta aquí el martes. Fue un buen día, bastante dinámico y nada aburrido, todo hay que decirlo. Y, una vez más, aquí os lo dejo para que lo disfrutéis. 

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Sexto día, ya es lunes de nuevo.

Nueva semana, nuevos pacientes. No creo que esto sea una norma general, pero en mi caso, de 11 pacientes que trataba a 8 de ellos se les dio el alta médica (algunos, los más desafortunados y sin mucho que hacerles ya, pasaron a mejor vida). Por lo que hoy al llegar conocí a 5 pacientes nuevos, que al final del día serían 6 porque llegó un ingreso de Urgencias (3 camas quedaron vacías). También le estaban preparando el alta a otro de mis conocidos, así que solo me quedaré en 2... Y así cada semana vas conociendo gente nueva, con historias nuevas y con más cosas para aprender, como el nuevo ingreso que venía con un historial estremecedor: herido de bala hace más de 30 años y, por lo cual, operado del abdomen, tetrapléjico y su historial actual era una supuesta hemorragia digestiva, aparentemente consciente. Hay algunos que se las llevan todas... Es como todo en la vida, algunos nacen con todo hecho y otros que no tienen esa suerte.

Muy mal repartido está el mundo, porque luego también te encuentras al típico que es un desagradecido-maleducado. En mi zona sé que hay uno por oídas a las enfermeras, por suerte no es de mis pacientes pero escuché que hasta que escupe a la pared y manipula la medicación como a él le sale de sus mismísimas entrañas. Así que este también es un trabajo duro en ese sentido, ya que nunca sabes quién te va a tocar, que algunos, por muy amable y cariñosa que seas con ellos, por mucho que los trates como a reyes, ellos se empeñan en tratarte como si fueses un rastrojo. Y hay que aguantarlo, obviamente en la medida de lo posible (tampoco vamos aquí a permitir agresiones).

Es importante también no cogerle cariño a los pacientes, sí ser amable y blablabla, pero sin más, porque luego acabará afectándote. Yo ya tengo a alguno que le voy cogiendo más "cariño", por así decirlo. Uno, de hecho, que hasta me preguntó dónde me había metido el fin de semana. Yo al ser de prácticas solo estoy en el hospital durante la semana, y claro, llego allí, y mientras le iba a tomar la tensión me suelta eso... y es una sensación gratificante, es como un "buenos días" de verdad, porque es bonito cuando alguien "te extraña". Se nota que has hecho las cosas bien, como para que la esa persona note tu ausencia, quiera buscarte y hablar contigo. Con personas así sí que da gusto estar y trabajar. Recordar que son personas antes que pacientes, y personas en este caso que han vivido más que yo y a eso le tengo mucho respeto, pero tener respeto no implica seriedad. Así, por ejemplo, dos de ellos (que son así los más graciosetes que atiendo y ya desde la semana pasada, vamos, que me conocen de sobra y viceversa) siempre que voy a ponerles la medicación ya me dicen: "ay, ya vienes con el chupito..." Y así se cachondean todos los días y me encanta, porque me hacen sonreír y también los veo a ellos sonreír. No sé, simplemente me gusta. U otro también al que a veces al verle la glucemia no le sale la suficiente sangre, ya me pasó dos veces, y entonces tengo que pincharle otra vez en otro dedo y siempre voy rezando porque salga sangre en ese último porque me da pena, obviamente, tenerle que pinchar una vez como para que aún por encima ni a la segunda vaya, y él siempre me dice: "no pasa nada mujer, si soy yo al que le falta la sangre en el cuerpo", como tratando de quitarme presión, como haciendo que no pasa nada. 

"La vida está llena de pequeños pinchazos", no te falta razón, Jackie.

Y es que a veces las cosas no salen a la primera, está comprobado, pero también es importante perder ese miedo a fallar. Somos humanos y especialistas, todos y cada uno de nosotros, en cometer errores. Yo todavía no me atreví a hacer ninguna gasometría, ni tan siquiera análisis, pero cuando la haga ya os contaré, solo espero que el resultado sea óptimo... o como mínimo pasable. 

lunes, 23 de noviembre de 2015

Al fin viernes...

Tampoco os voy a mentir, no es fácil estar en un hospital la primera vez. Es duro acostumbrarse al trato con personas que no conoces de nada, personas que quizá jamás vuelvas a ver y la verdad es que te cambia la vida. Te vas de compras un día y piensas en tus pacientes, los que todavía siguen en esas camas, algunos más en el otro mundo que en este y te haces cuestionarte muchas cosas sobre la vida, si realmente uno vive como quiere o vive como puede o, en otras palabras, si uno vive o solo intenta sobrevivir. Te das cuenta de la suerte que tienes de tener dos piernas o dos brazos, de poder comer o incluso ir al baño por tu cuenta, sin sondas o segundas personas que te ayuden. Y eso si tienes a alguien que te ayude, alguien que esté allí apoyándote, porque he de decir que la mayoría están acompañados, ya sea por su mujer, marido, hijo/a, madre, padre, amigo/a… pero lo realmente triste es ver a alguien que no tiene a nadie a su lado. Éstos son a los que siempre intento tratarlos mejor y darles lo que les falta, un punto de confianza, de ayuda e incluso "cariño" (entendiendo esa palabra como el mejor trato posible).

Parece una tontería, pero el trato con el paciente lo eliges tú. Es algo humano. Algo que no te enseñan en clase, simplemente te sale de dentro, porque sí. Nos repitieron mil veces que hay que ser amables, pero no a todo el mundo se le da bien serlo. Yo creo que de momento eso lo llevo bien, supongo que todos tenemos nuestros días de más cachondeo o de menos, aunque intento dejarme los problemas personales con mi ropa, abajo, en la taquilla. Y lo mismo hago con los problemas en el hospital, cuando me quito el uniforme de trabajo-pijama, todo eso se queda con él. Es como llevar una doble vida. 



En esta primera semana he tenido estas y más reflexiones que quería compartir con vosotros, porque también hay que recordar que la gente que está ingresada no lo está porque quiere, pero sí que es cierto que no por estar allí hay que amargarse o enfadarse. Por eso quería, digamos, dedicar esta entrada a todas esas personas que hasta el momento me han hecho ver que en los hospitales no todo son lágrimas y llantos, que si ellos padeciendo la enfermedad que padezcan son capaces de sonreír, ¿por qué yo no? Si ellos no pierden el ánimo, yo jamás lo perderé. Por ellos, que me han enseñado esta gran lección de vida, y porque ha sido una primera semana fantástica, tanto enfermeras/os, como otros alumnos de tercero-cuarto que también me han enseñado mucho, y como no a vosotros seguidores, solo quiero decir: gracias.

Día 4. Medicina Interna.

Dispuesta a sobrellevar mi penúltimo día de prácticas de la semana con una sonrisa constante en la cara, me puse a tomar las constantes (como siempre) pero con un pequeño inconveniente añadido. Normalmente al no ser una tarea cruenta, los pacientes suelen dejarse hacer, mas ese día me encontré con un señor, ya bastante mayor que el pobre ni hablaba, el cual ni quería ni me dejaba tomarle la tensión. Por más que lo intentaba convencer de palabra no era capaz. El señor no paraba de mover los brazos, y yo, en un intento desesperado, le agarré de la mano y noté cómo ya no intentaba zafarse de mi, cómo poco a poco dejaba de oponer resistencia. Entonces le di al botón de la máquina de la tensión (que ahora es todo así muy moderno y ya se hinchan los manguitos tan solo con darle a un botón) y esperé a que me diera los resultados. En ningún momento le solté la mano. Fue entonces cuando me di cuenta de lo que había pasado, de que a veces una persona solo necesita alguien que le dé confianza, alguien que le preste su mano tranquilizadora, su presencia día tras día... Me gustó sentirme así, sentirme útil y también sentir que valgo para esto, que soy capaz de tranquilizar a alguien, porque lo único que me preocupa es hacerles la estancia hospitalaria lo más amena posible. También me gusta preguntarles todas las mañanas cuando llego que qué tal han dormido, pero preguntárselo a todos, tanto al paciente como al acompañante. Algunos se explayan más que otros, y el más avispado te devuelve la pregunta. "Yo dormí genial, fueron las mejores 4h que he dormido en toda la semana, y no, ya le digo antes de nada que no me pagan un centavo, pero al menos me gusta lo que hago", esto lo pienso, obviamente, no lo digo en alto. 

Lo nuevo del día fue ver cómo se hacía un electrocardiograma (a pesar de que a la máquina le faltaban 2 o 3 teclas, pareció funcionar bien). Lo primero que se hace es colocar los electrodos en su correspondiente lugar y conectarlos. Se deja actuar a la máquina y de ahí a un momento sale el papel impreso con sus ondas P, T y el complejo QRS. Los electrodos según su ubicación pueden ser periféricos o precordiales:

- Periféricos: son 4 y se colocan en las extremidades del paciente con un color diferente cada uno.



  1. R: brazo derecho (evitando prominencias óseas, al igual los siguientes).
  2. L: brazo izquierdo.
  3. N: pierna derecha.
  4. F: pierna izquierda (electrodo neutro).




- Precordiales: son 6 y van colocados en la región precordial.



V1: en el 4º espacio intercostal, borde derecho del esternón.
V2: en el 4º espacio intercosta, borde izquierdo del esternón.
V3: en la mitad de la distancia entre V2 y V4.
V4: 5º espacio intercostal, línea medio-clavicular.
V5: en la misma línea horizontal que el electrodo V4, pero en la línea axilar anterior.
V6: en la misma línea horizontal que los V4 y V5, pero en la línea medio-axilar.



Y aquí os dejo un vídeo donde se puede ver dónde se colocarían más exactamente estos electrodos, tanto periféricos como precordiales:
Electrocardiograma VIP Enfermería

domingo, 22 de noviembre de 2015

Llegó el ecuador de MI 1ª semana.

Buenas de nuevo pequeños enfermeros o no enfermeros. Hoy me veo generosa y os voy a dar el mejor consejo que os podría dar alguien: si tienes que levantarte a las 6 para ir a "trabajar" lo ideal es irse a dormir a las 23h como muy tarde. Ha sido pues el mejor día de todos. Sí, solo llevo tres, no era muy difícil superarlo, pero el hecho de haber vencido al sueño ha sido un plus genial.

Esta mañana, al igual que ayer, nada más llegar fui por mis pacientes (los de mi enfermera realmente) uno a uno tomándole la tensión y la temperatura. Tras acabar esta tarea que, aún pareciendo sencilla, lleva su tiempo, nos dispusimos al igual que ayer a ir colocando la medicación de cada paciente en el carro, pero con una diferencia: lo hice yo sola. Obviamente iba preguntando por la medicación que faltaba o alguna pequeña duda que tenía, pero el hecho de haberme dado esa libertad y fiabilidad hacia mi persona me hizo sentir realmente bien, parece una tontería, pero darme esa responsabilidad fue la primera alegría del día. Después de eso, tocó nuestro merecido descanso y, al volver arriba, guantes y a repartir la medicación. Me hizo gracia un paciente que mientras le recambiaba el suero con su respectiva medicación diluida, realizó un gesto con la mirada como indicándome que me acercase a él. Ya tenía, por así decirlo, trato con él y durante estos tres días había sido ya muy amable y chistoso conmigo ya que soy muy joven y aparte que nuestro vestuario nos delata (a los de prácticas). Mientras que mi enfermera estaba en la cama de al lado administrando el medicamento a otro paciente, me acerqué a él y me dijo por lo bajito y con cara de preocupado como si de mi abuelo se tratase: "¿y a vosotros no os pagan nada?". Me reí, aunque por dentro quería llorar. "Nada, no nos pagan nada, ni el café". Realmente el señor sintió pena por mí, seguro que si en ese instante hubiese tenido unos centimillos sueltos me los hubiese dado y yo lo sé. Al acabar esta tarea y mirarle a unos cuantos el nivel de glucosa en sangre, vi cómo se colocaba una sonda nasogástrica, al fin, en una persona de verdad y no en aquel maniquí de la facultad de Enfermería, así como saber verificar que la sonda hubiese llegado al estómago, ¿cómo se hace? Es bastante sencillo, más de lo que me parecía con el maniquí, cosa rara. Una vez medida la sonda e introducida hasta el supuesto estómago, lo que haremos para comprobar que allí se encuentre realmente es coger aire con una jeringuilla de 20cc y, tras haber colocado el fonendo a la altura de la apófisis xifoides y un poco hacia la derecha nuestra, administrarlo de forma rápida y segura por la sonda. En ese momento se escucha un rápido bolo de aire (es bastante característico y no tendréis problema en diferenciarlo). Y así, poco a poco, voy aprendiendo cosas nuevas, como también viviendo experiencias inolvidables.

Medicina interna... llamémosle mejor "enfermera interna".

Suena el despertador cuando tan solo son las 6:30 de la mañana. Te pones a contar cuantas horas conseguiste dormir, no sé, unas cuatro. Intentas volver al mundo real y te acuerdas del porqué de tener que levantarse a esas horas… Pero igual no es lo peor, lo peor es saber que nada más llegar al hospital tendrás que tomar las constantes. Primero, porque no podemos negarlo, es de lo más aburrido del planeta, aunque ojalá encontrase a alguien que le gustase, así ya iba él por mí todas las mañanas. Y segundo es por un “problema” personal que viene ya ocurriéndome desde pequeña: me da muchísima pena despertar a la gente. A veces, entraba en una habitación, encendía las luces, me acercaba al paciente y le decía “buenos días”, pero algunos ni así despertaban, entonces les tocaba levemente en el brazo para despertarlos (lo cual me daba aún más pena). No creáis que tocándoles en el brazo despertaban, algunos eran duros de pelar que hasta tenías que abanearlos un poco. Ah, y chicos, no os asustéis si éstos se quedan dormidos mientras le tomáis la temperatura o la tensión, sobre todo si son personas mayores. A mí me pasa constantemente.

Como novedad del día de hoy, fue realizar las glucemias. Yo ya tenía cierta experiencia (porque ya se las tomaba a mi abuela mucho antes de decidirme por esta carrera), por lo cual tampoco fue tan novedad. Como supongo muchos sabréis, es una maquinita, como una máquina de tamagotchi (que eso sí que todos sabéis lo que es) en la cual se introduce la tira reactiva y ya la máquina se enciende sola. Luego solo tendrías que escoger el dedo que más te guste (yo siempre se lo doy a escoger al paciente), limpiarselo, pinchar con la lanceta (que en mi hospital se utilizan las de la imagen de abajo), recoger una gota de sangre con la tira y esperar el resultado, indicándole al paciente que apriete con la gasa uno o dos minutos. 




Muy sencillo, tan sencillo que a veces ya vas tan confiada que se te olvida quitarle el seguro de la aguja e intentas pinchar y no va, y vuelves a presionar el botón aún más fuerte hasta que te das cuenta y piensas: si es que... rubia tenía que ser (al menos tenía un motivo, las morenas no lo tenéis). Pero lo bueno es que haces sonreír a la gente con tus confusiones, mientras sean esos pequeños fallos los que cometa y no otros, todo irá bien. 

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Día 1. Medicina interna.

Era un oscuro día (ya que eran las 7 de la mañana cuando salí de la residencia, sí, vivo en una residencia, el lugar donde más se puede dormir del mundo), pero a la vez que oscuro también era mi primer día de prácticas. "Prácticas en un hospital". El cansancio de las 4 horas que dormí esa noche hicieron que casi no sintiese nervios, solo ganas de llegar al vestuario, ponerme el pijama (porque es lo mejor de este trabajo, nuestro uniforme es un pijama) y tirarme en la primera cama vacía que viese allí. Por mi desgracia, los nervios se despertaban a medida que se acercaban las 8:30, hora a la cual nos dijeron que aparecería alguien a recogernos a la entrada de ese hospital. Éramos cuatro chicas de mi curso en un turno de mañana de 7h, solas, abandonadas a la intemperie en aquel extraño lugar que nunca antes pisara, ya que no soy en sí de Santiago. De repente, un enfermero de edad media nos miro con cara extrañada a lo que yo dije: "debe ser el que viene a por nosotros". Y efectivamente, vimos como se acercaba a nosotras, despavoridas, y nos preguntó: "sois vosotras las de prácticas?". Si me hubieran hecho un electro en ese momento las líneas hubiesen salido de la gráfica. Bajamos al vestuario, donde nos cambiamos y salimos de él dispuestas a todo (no, pero era lo que tocaba). Hablando de tocar, nos repartieron a dos a medicina interna (yo un pasillo y otra el otro), otra a cirugía y la última a trauma. Cuando el enfermero me presentó al equipo de enfermería de aquella planta, y con presentar me refiero a decir mi nombre y recalcar varias veces que era de 2º y era la primera vez que realizaba tales prácticas hospitalarias, lo que hizo fue irse. Yo, sin saber exactamente qué hacer, me dijeron que estuviese las primeras horas con un chico muy agradable que, al verlo vestido como yo, supe que estaba en prácticas. Era de tercero y fue como mi guía ese primer día, enseñándome a purgar sueros, diluir medicación, etc. Lo que más me costó de ese primer día fue localizarme. Para empezar, mi sentido de la orientación es nulo y en descenso... Cuenta la leyenda que si lo deseas con mucha mucha fuerza, puedes hacer que un pasillo de hospital no te parezca igual al anterior. Se vio que yo no tuve fuerza suficiente (normal, a esas horas). Cuando fueron las 10am nos dejaron bajar a desayunar. Era como nuestro pequeño descanso de media horita. Al volver arriba, una enfermera me cogió y me llevo con ella a administrar las diferentes medicaciones a sus pacientes. La verdad es que, si ya antes me parecía difícil farmacología, ahora más. Aparte de administrar la medicación por vía intravenosa, también me permitió pinchar en la barriga el clexane, fármaco que se inyecta subcutáneamente tomando como referencia el ombligo y a la altura de la cresta ilíaca, cogiendo un pellizco de piel y pinchar, administrar y retirar. "Cuanto más rápido inyectemos y retiremos la aguja, menos le dolerá" recuerdo que me dijera. Fue bastante fácil y los pacientes también por su parte tan amables que hasta te lo agradecían. Después básicamente me fue explicando pequeñas cosas: cómo nebulizar, cómo conectar el oxígeno, fijarse que el lugar donde tengan la vía puesta no esté rojo o inflamado... me habló de algunos fármacos y hasta para qué se utilizaban, pero por más que intentara quedarme con toda la información que me daban, me resultó imposible. Aún así tuve suerte con el equipo de enfermería que me tocó. Mañana, más y (esperemos) mejor.