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domingo, 20 de diciembre de 2015

Últimos días ajetreados (parte 2)

Una de las cosas que más me han gustado de las prácticas es que cada día, a pesar de tener planificado lo que tienes que hacer, siempre ocurre algo inesperado. Nunca un día es igual al anterior. A veces crees que te toca una enfermera y resulta que se cambia el turno con otra, y puede parecer una tontería, pero la enfermera que te toque influye mucho en cómo pasas la mañana, os lo puedo asegurar... Un día pasas los controles sin ninguna incidencia, pero al siguiente han desaparecido los termómetros, el tensiómetro se te queda sin batería y tienes a tres personas aisladas a las que hay que pasar los controles a la antigua usanza, como nos enseñan en clase, midiendo la sistólica y la diastólica con un fonendo...
Tampoco sabes si un paciente va a estar tranquilo o te va a dar un poco la lata, a veces timbran por todo y acabas saturado, pero otras veces no es culpa suya si la vía periférica no va bien o si no consiguen orinar y hay que sondarlos, aunque a algunas enfermeras parece que les molesta. Yo la verdad no entiendo porqué, si es lo más divertido que se hace en toda la mañana, pero bueno, supongo que después de 20 años se divierten más tomando un café.

Sinceramente creo que podría enumerar todas y cada una de las cosas que hago por la mañana y decir que son interesantes. Incluso escribir los comentarios en el GACELA es interesante. Creo que no os he hablado de esto cuando hablé del GACELA: los comentarios se escriben hacia el final de la mañana y se anota cómo ha pasado la mañana cada paciente, en la mayoría no hay incidencias y se escribe más o menos esto: "Afebril, constantes normales, PBA negativa (la PBA es la afección pseudobulbar, que es cuando un paciente rie o llora involuntaria e incontrolablemente; nunca la he visto positiva), neurológicamente igual, se le da la medicación pautada, pasa bien la mañana, paseando". A mayores pueden ocurrir incidencias que también hay que dejar reflejadas aquí: "Baja a realizar un TAC; se le retira sonda vesical, pendiente de orinar; refiere mucho dolor; se le realiza hemocultivo y muestra de orina, pendientes de resultado de laboratorio; etc."
Normalmente los escribimos nosotras mientras ellas nos dictan porque solemos escribir algo más rápido, pero tan ocupada estuve estos últimos días que lo hizo mi enfermera sola mientras yo andaba por ahí dando vueltas.

(Soy fan de este GIF)
En definitiva, un consejo que os puedo dar es que aprovechéis las prácticas al máximo.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Frenesí hematológico

Hay muchos días que cuando estás en las prácticas tienes la impresión de que lo que haces en las 7 horas que te pasas en el hospital podrías hacerlo en 5.
Otros días sin embargo te preguntas cómo es posible haber hecho tantas cosas en tan poco tiempo. Hoy fue uno de esos días.

Puede ser que esté debido en parte a la persona a la que tuve que seguir hoy. Y con seguir, me refiero a la enfermera. Y con enfermera me refiero obviamente al tipo de enfermera. Hace unos días expliqué con bastante acierto qué tipos de enfermeras hay en el hospital, algunas en mi unidad y otras no.
Hay una que sí está, que hoy estuvo y que acabó conmigo.
Me refiero, como no podía ser de otra manera, a la enfermera frenética.

Cuando tú llegas con los ojos todavía a medio abrir vas a firmar y estás más o menos así:

Y ella aparece y empieza a trabajar con tanta energía que desde tu punto de vista está tal que así:



Y claro, te notas cansado ya a mitad de semana, dando gracias una vez más por los pocos pacientes que tienes.
Pero poco a poco esa energía extra de la enfermera que no sabes muy bien de dónde sale se te va contagiando. Y allá vais los dos corriendo por el pasillo de una habitación a otra, entrando con sueros, saliendo con vías. No hay tiempo ni para entrar en boxes.
Tus compañeros se te quedan mirando asustados mientras vas sumando kilómetros a tus piernas sin apenas notarlo. El deber te llama y tu cerebro no tiene tiempo de decirte que estás destrozado.
Tienes 7 pacientes pero estás trabajando más que cuando hay 15. Porque casualmente TODO toca hacerse hoy. Todo lo pinchable tiene que pincharse hoy. Todas las pruebas tienen que hacerse hoy. Todo.

Una de las muchas cosas que tuvimos que hacer fue un análisis de sangre y una prueba cruzada. El análisis de sangre es sacar sangre. Sorpresa.
Pero en la unidad de cuidados paliativos cualquier prueba, por simple que sea, puede convertirse en una aventura. Hasta pinchar una glucemia.
Y para pinchar una vena a un paciente paliativo necesitas muchas cosas: pulso, suerte, sangre (en tu cerebro y en su cuerpo), el poder de la fuerza... Hace un mes tuvimos que sacar una vía y aún recuerdo el dulce chorrito de sangre que le salía. Debió de ser el único enfermo con sangre en toda la historia de paliativos.
Hoy nos dispusimos a sacar sangre al paciente, pero empiezas a mirarle los brazos y ya te vas dando cuenta de que no va a salir bien, así que miras a la enfermera con cara de "error 404, venas not found".



Un brazo está casi inutilizado. Vías, flebitis, venas endurecidas... Te da pena pincharle visto el mosaico que tiene, pero te pasas al otro brazo a ver si tienes más suerte. Y encuentras una vena/hilo. Miras al cielo pidiendo ayuda (al piso de arriba) y le pinchas.
Refluye sangre, pero nada más. Probablemente en esas venas hubiese 4 glóbulos rojos contados:
Remueves un poco la aguja (te duele solo de verlo) y parece que el chorro de sangre se intensifica. Pero era una falsa alarma. Vuelve a perder fuerza y se queda al nivel de fuente de parque atascada. No sabes si llamar a un médico o a un fontanero, pero allí sigues, ya sentado, mientras ves como los tubos se llenan con una lentitud asombrosa. Pero más asombroso es que alguien con tan poca vitalidad cardíaca se mantenga al pie del cañón.
Tras muchos, muchos (muchos) minutos terminamos de llenar los tubos. Con lo que sufrí yo cuando me pincharon si tengo que pasarme tanto tiempo así prefiero que me pinchen la anestesia y ya luego que me hagan lo que quieran.
Después se hace una prueba cruzada, que es básicamente mezclar la sangre del paciente con anticuerpos A y B y observar si estos se aglutinan o no. También se puede mezclar plasma del paciente con sangre de tipo A y B para ver la reacción. La sangre tipo A tiene anticuerpos anti-B y la sangre de tipo B tiene anticuerpos anti-A. La sangre AB no tiene anticuerpos de ese tipo y la tipo 0 tiene de los dos tipos. Tiene bastante sentido.

Tras pasar mucho tiempo recolectando sangre continuamos recorriendo el hospital.
Es uno de esos días en los que acabas agotado, pero a la vez contento de haber pasado la mañana trabajando.

Fuente: http://www.doctoralia.es/pruebamedica/pruebas+cruzadas-1118

martes, 15 de diciembre de 2015

Higiene bucal y aspiración de secreciones

Como os comentaba antes, hay cosas de nuestro trabajo que no son agradables. A lo largo de las prácticas, y de tu vida laboral si te dedicas a esto, verás a multitud de enfermeras de todo tipo: aquellas que evitan a toda costa realizar este tipo de cuidados a no ser que sea totalmente necesario, aquellas que disfrutan con su trabajo y se esmeran en todo lo que hacen, aquellas que aunque en la vida diaria no son demasiado agradables tratan muy bien a los pacientes, y al contrario, aquellas que son muy agradables pero pasan un poco en algunas cosas... de todo, vamos.
Hago esta introducción porque hay días que realizo ciertos cuidados y días en los que no, dependiendo de la enfermera que me toque o de si es necesario.

Una de las cosas que hacemos casi diariamente es limpiarles la boca y aspirar las secreciones a los pacientes en coma o que no se pueden valer por sí mismos, porque las secreciones se acumulan y ellos no son capaces de eliminarlas mediante tos o expectoración. En este momento en realidad sólo tengo a dos pacientes así. 

Para limpiarles la boca se utilizan gasas, una pinzas Kocher de plástico y clorhexidina especial para la boca, que viene siendo un enjuague bucal. Con las tijeras se sujeta la gasa previamente empapada en este líquido rojo y se pasa por los dientes, el paladar, la lengua... incluso en los labios, porque en los pacientes que tienen respirador estos se secan mucho y se forman pieles que quedan sueltas. A estos pacientes también se les echa vaselina para hidratar los labios y que no se resequen tanto.














La aspiración se hace a través de una máquina de aspiración que tienen los pacientes al lado de la cama. Este equipo está formado por un compresor que hace vacío, y que succiona hacia una botella de recogida. Tiene un manómetro con un regulador que indica la presión a la que succiona, y un tubo que se acopla al catéter de succión. Este catéter tiene un orificio de ventilación que se tiene que tapar con el dedo para que succione (sería más o menos como una aspiradora).


Si antes decíamos que poner un enema era desagradable por el olor, este proceso es desagradable por el sonido. Además de que muchas veces a estos pacientes les dan arcadas por la presencia del tubo en la garganta. 


Este es el catéter que se uniría a la máquina, con su orificio de ventilación
Imagen del Hospital Meixoeiro de Vigo
Imagen del Hospital Meixoeiro de Vigo

Solo ante el peligro

Comenzando ya la que podemos considerar como última semana de prácticas con un cansancio acumulado que empieza a alcanzar niveles preocupantes.
Aún habiéndonos acostumbrado a la rutina de todos los días el lunes sigue siendo lunes, con todo lo malo que ello conlleva.
Hoy descubrimos que el fin de semana fue de gran actividad en lo que a altas se refiere. Todo tipo de altas, claro. Vas analizando paciente por paciente para saber si se han ido a su casa... o si no.

Así que con un pasillo bastante más vacío de lo normal empezamos la jornada. A pesar de todo se agradece que se vacíen un poco las habitaciones (sí, aún sabiendo lo que significa que se vacíen) para no estar toda la mañana al límite. Al menos no hay retenciones de familiares en el pasillo ni tropiezos mientras vas cargado con medicación.



Tras la rutina de primera hora me entero de que mi enfermera (que hoy resultó ser la profesora tras muchas semanas sin saber nada de ella) iba a marcharse y me dejaba solo, indefenso, desprotegido, teniendo al cargo a sus pacientes.

Al preparar la medicación no supone un problema estar solo. Básicamente es jugar con un ordenador y sacar lo que haya que sacar. El programa no es precisamente el Super Mario, más bien diría que se quedó en un nivel de complejidad similar al snake.
Aún así hay que estar atentos, cualquier error en la medicación puede (aunque no suele) tener consecuencias catastróficas. Tanto para el paciente como para ti. Aunque mirándolo desde un lado positivo, de la cárcel se sale. Del cementerio no.

Ya una vez listas las drogas, pasas la visita. Solo. Siendo constantemente atacado con preguntas sobre los pacientes que por lo general, no sabes responder. Y claro, eso supone un problema. Así que tiramos de inventiva y aquí no pasa nada.
También tienes que acordarte de todo lo que se diga. Porque luego confundes el paciente al que se le va a poner una vía central con el del enema y no sé yo quién sale más perjudicado. Y ya si entramos en temas de fármacos sí que nos perdemos... "al paciente de la 24 se le quita la brfsffr...".

Luego deberías tener un momento para poder respirar y escabullirte a la sala de descanso a picar lo primero que te encuentres. Y lo segundo también. Pero empiezan a llamar para hacer curas y repartir apósitos a punta pala. Yo no me explico qué leches hace la gente con sus familiares en sus casas para que tengan una úlcera del tamaño de una tartera y no se hayan enterado. Prefiero no pensarlo.
Así que ahí tienes que ir tú a meter la mano (el brazo y el hombro) dentro de un paciente sin tener ni idea de qué le vas a echar. Porque mira que hay geles. Si por mi fuera echaba una cremita hidratante, que eso va bien para todo. Pero hay que ser serios y echar los hidrogeles, los aquageles, los geles tipo planta y los pikachu-geles. Y luego los apósitos, que eso ya es otra historia, porque entre apósitos de plata y de cobre ya no sabes si estás curando a un paciente o gestionando la economía de un poblado chabolista.

Después de todo eso, casi puedes dar por terminada tu jornada. En parte porque tienes casi la mitad de pacientes que la semana pasada, y eso se nota.
A pesar de todo, el ver que te dejan solo y que tienen la confianza para hacerlo, y sobre todo, que sobrevives a quedarte solo te hace sentirte realizado, además de que por primera vez en muchos meses sientes que sí, que por fin has aprendido cosas sin que se te hayan olvidado en dos días.

lunes, 14 de diciembre de 2015

Drenajes ventriculares

¡Último lunes por fin! 
Hoy os voy a hablar un poco acerca de los drenajes ventriculares. Varios de los pacientes a los que atiendo tienen un drenaje ventricular, y el otro día, nos contó una enfermera porque nosotras no estábamos, tuvieron que cambiar uno de urgencia en la propia habitación porque el drenaje estaba fallando y el paciente estaba a punto de entrar en coma.

Los drenajes ventriculares externos se utilizan para monitorizar la PIC (presión intracraneal), es decir, conocer de manera continua su valor, estimar el estado cerebral... y para el drenaje de líquido cefalorraquídeo (LCR).
Un aumento del LCR provoca un aumento de la presión intracraneal, por eso es importante drenarlo, ya que supone una gran amenaza para pacientes con este tipo de problemas. La derivación externa es una solución temporal, hasta que se pueda retirar o colocar una derivación interna definitiva.


Lo que tenemos que tener en cuenta en los cuidados de enfermería de este tipo de sistemas es:
  • Mantener al paciente en decúbito supino (boca arriba) con la cabecera de la cama a 25-30º (excepto que esté contraindicado), evitando flexiones laterales del cuello para mejorar el retorno venoso.
  • Mantener el cero del depósito colector a la altura de la oreja (esto es algo en lo que inciden mucho).
  • Manipular el dispositivo lo menos posible y de la manera más aséptica posible.
  • Cerrar el drenaje cuando el paciente se quiera incorporar o cambie de posición (para comer, sentarse...) y volver a conectarlo después y colocarlo de nuevo a la altura del pabellón auditivo (sin embargo, el consejo que te dan todas las enfermeras es: si no estás segura, mejor no lo toques y llama a alguien que sepa).
  • Vigilar el drenaje y hacer las curas que precise.


miércoles, 9 de diciembre de 2015

El trabajo y la experiencia

Cualquier experiencia en la vida te aporta algo. Y la mayoría de las veces es bueno, porque hasta de las malas experiencias se aprende.
Cada paciente que pasa por ti te enseña algo: que hay gente muy rara, pero inofensiva; que hay gente muy egoísta; gente muy resentida, que lo paga con el mundo; gente muy reservada; y muy buenas personas, por supuesto. 

Un trabajo como este te da la experiencia de tratar con todo tipo de personalidades. Aprendes que muchas veces es mejor dar la razón, porque no ganas nada discutiendo, aunque sepas que estás en lo cierto, o como alegrarle el día a alguien que lo está pasando mal... Son habilidades que un trabajo como este te otorga sin pedírselo.

Con el tiempo vas sabiendo cómo actuar ante cada uno. Cuando llevan bastante tiempo ingresados ya sabes cómo hacer para ponerte de acuerdo con ellos, y cuando son nuevos vas estudiándolos poco a poco a través de sus acciones para tener una idea de cómo van a actuar. Todo un auténtico trabajo de investigación, sí señor. 
Pero ante todo no se debe caer en la rutina. Con esto me refiero, por ejemplo, a que siempre hay el típico paciente pesado que se queja por todo, y lo normal es que te sature y termines por pasar de él. Pero por culpa de este tipo de pacientes, cuando alguno de los que nunca protestan se queja por un dolor, que es totalmente real, es tratado como si en realidad no lo tuviese. Como se suele decir "pagan justos por pecadores".

Hay de todo un poco, y esto también se aplica a los acompañantes, como no (en realidad esto que os digo de ser pesado y estar pidiendo cosas todo el rato, suele ser más manifestado por los acompañantes que por los propios pacientes, por ese afán de protección que tienen).

Conoces a gente feliz, y a gente desamparada. 
Es triste ver a personas que pierden la esperanza, o a personas que están enfadadas con la vida y lo pagan contigo. Entiendo que puedes no darte cuenta de tus actos cuando estás mal, pero hay gente que simplemente es así. Son ese tipo de gente que no valora que lo que tú haces por ellos es ayudarlos, o por lo menos eso intentas. No somos superhéroes, no les vamos a salvar la vida (bueno, a lo mejor sí, quién sabe), pero tratamos de hacerla lo más llevadera posible, y duele ver como hay personas que creen que quieres hacerles daño, o no lo sé. En realidad no entiendo el por qué de ese desprecio por el trabajo que hacemos. Supongo que es nos pasa muchas veces, que no sabemos valorar las cosas.


sábado, 5 de diciembre de 2015

Vías imposibles, corrección de fármacos y curas.

Bueno, si en mi anterior entrada os hablaba de una enfermera que no era muy cariñosa conmigo, la que tuve hoy es que vive enamorada de mí. No solo por cómo me trata, sino hasta por cómo me mira. A veces creo que piensa que soy como su hija o su nieta o yo qué sé. Pero no es normal... "Qué pelo tan bonito tienes", "qué guapiña me eres" o "mira que eres lista, eh" son de las frases que más me suele decir y yo creo que a veces llega un punto tal que hasta  me debo sonrojar, porque las dice y se queda mirándome con esos ojitos de aprobación o de orgullo que me pueden. Cada día me esfuerzo por hacer bien todo lo que hago, pero con esa enfermera da igual si me equivoco en algo porque sé que me va a seguir queriendo. Es increíble su actitud. 


La principal dificultad del día fue poner una vía a una señora, ya que la que tenía se encontraba en la flexura del brazo izquierdo (lugar horrible para colocar una vía, ya que si la persona dobla el brazo, ya se estropea la vía). Mientras yo se la quitaba, la enfermera iba viendo dónde se le podría poner la otra. La única opción era en el otro brazo y la zona de la flexura estaba descartada. También la mano izquierda estaba descartada ya que tenía un parche allí (debía tener una herida o algo). Ya que la señora tampoco es que fuera muy delgada, la única zona viable era la mano derecha. Tras diez minutos, sin exagerar, intentando buscarle una buena vena (referible a que no fuese muy fina para que no rompiese, ni muy curva ya que entonces la vía no continuaría a la vena), nos rendimos y llamamos a la supervisora, la cual se encontraba en el control atendiendo a todas las llamadas, y también tras varios minutos, ya sea por experiencia o por suerte, ella fue capaz de ponerle la dichosa vía en la mano. Acabamos tardísimo de repartir la medicación por ese incidente, lo que también supuso salir bastante tarde. Realmente, si no fuera porque fui haciendo yo sola los cartones de medicación, seguramente no hubiese salido de allí hasta las 15h o más. Que también... ojo a cómo estaban los cartones. Encontré como 3 errores de la enfermera del turno anterior, ya que había medicamentos que estaban pautados por el médico y que la enfermera no los había puesto a la hora que les correspondía, la mayor  parte de ellos correspondían a la medicación de las 12h, por lo que mientras yo iba haciendo los cartones y descubriendo los errores, mi enfermera fue dando la medicación esa que no había sido dada ya que no estaba marcada. Seguramente si hubiese sido yo la que hubiera cometido esos fallos ya me habrían crucificado... pero bueno, hay que aguantarse, somos humanos y todos cometemos errores. Tampoco es que fueran fármacos super importantes de administrar, por eso no hubo mayor problema. 



Por último, me tocó hacer una cura en un tobillo, la cual consistía en lavar la herida con sulfato de cobre y luego ponerle iruxol mono, una pomada que se utiliza para el desbridamiento de los tejidos necrosados en úlceras cutáneas. Un par de compresas por encima cubriendo la zona y un vendaje para que quedasen sujetas y no rozase con las sábanas. Para que os hagáis una idea, os dejo una imagen, que sé que os gustan.



"He aquí el bello arte de las úlceras por presión".

jueves, 3 de diciembre de 2015

Pase de modelos

Ya es jueves y estamos a muy poco de terminar nuestra tercera semana de prácticas. Se está convirtiendo en una experiencia bastante interesante. Dejando de lado claro, que la falta de sueño perjudica gravemente a nuestro humor diario.

Mi presencia en el hospital ya se ha asimilado hasta el punto de que los familiares ya me saludan con confianza y una sonrisa. Esto puede parecer absurdo, pero es que para ellos ya no eres ese "muchacho" que va paseando por el pasillo haciendo cosas aquí y allá.
Ahora eres aquel alma caritativa que no perdió ni un minuto (o eso creen ellos) en atenderles cuando el paciente al que acompañan tenía dolor, fiebre, náuseas... y tú les llevaste la solución. Tú y solo tú eres la imagen del ángel de la salud.
Aproximación gráfica
Pero no solo con los familiares ya tienes confianza. También con el personal del hospital. Por supuesto con los enfermeros (mal iríamos si a estas alturas no tienes confianza con ellos). Pero también con los médicos, ya que con ellos tienes bastante contacto.
Empiezas a sentirte importante cuando los de prácticas somos los únicos que repetimos turno todos los días, por lo que también somos los que (en teoría) sabemos todo lo que se hace, a quién se hace, y cómo se hace durante esas 7 horas. Así que al final te acaban preguntando las cosas a ti. Luego no tienes ni idea y te sientes fatal pero ese ya es otro tema.

Una de las prácticas fundamentales que se realizan todas las mañanas son los pases de visita médico. Los pases de visita se hacen todas las mañanas sin excepción (normalmente, claro) y consiste básicamente en que el médico va visitando a todos los pacientes que le corresponden. Era obvio.

Lo más interesante de esto es que según con quién te toque puede ser fugaz, corto o interminable. Pero siempre es instructivo, y eso es lo importante en unas prácticas, digo yo. Porque te van enseñando y tu vas escribiendo en tu bloc de notas como un alumno aplicado.

Para mí resulta divertido porque es como una excursión en la que nos juntamos médicos, enfermeros y proyectos de ambos bandos. Según el día pueden faltar los proyectos (sobre todo si es viernes), y cuando hay mucha carga de trabajo son los enfermeros los que no aparecen, y entonces te quedas tú en representación teniendo que atender a todo lo que pase y se diga. Y si preguntan sobre el paciente, te lo preguntan a ti. Te sorprendes a ti mismo conociendo un montón de detalles sobre otras personas que ni siquiera tú sabías que estaban en tú cerebro, y por primera vez sientes que el nivel de tu ego baja (ligeramente) para dar paso a algo llamado empatía. No, no se come.
Según el día también puede ser que el médico tenga mucho trabajo, o pocas ganas de hacer del pase de visita una ruta turística. En esos días despista a los proyectos entre cruces de habitaciones y despachos y se pone a pasar visita express él solo. A ti te da pena porque te gusta saber qué va pasando con los pacientes, pero es lo que hay.
Otros días eres tú el que gracias a una serie de órdenes continuas de tu enfermera tienes que ponerte a trabajar (seguramente sea algo que no te gusta) y te pierdes las visitas. Suele ser también esos días cuando menos caso haces a tu enfermera. Y ya no te pierdes la visita.

Algunas veces el médico se enrolla. Porque le gusta. Porque le importan los pacientes. Porque sí. Y entonces la visita a unas 6 habitaciones que no debería durar más de 20 minutos se convierte en una interminable tertulia de más de una hora en la que tú intentas mantener el equilibrio y la dignidad con un impresionante dolor de piernas y picor en todo el cuerpo.
De repente te das cuenta de que estás con la mirada perdida (la tuya), mientras el resto de miradas apuntan precisamente hacia ti esperando la respuesta a una pregunta que tu cerebro estaba demasiado cansado para escuchar (otro efecto secundario de dormir poco).
Ves como las no-agujas de la hora de tu móvil van avanzando mientras tu tiempo de descanso se va haciendo más y más breve, hasta que se vuelve negativo y te das cuenta de que probablemente deberías estar haciendo otras mil cosas. Pero claro, no te vas a ir ahora que solo le queda una habitación. Como no podía ser de otra forma, tú, inocente, iluso, tonto, no sabes que en esa última habitación se encuentra un paciente y una familia con la que el médico tiene una confianza digna de una charlita de unos 15 minutos más...

En el fondo es una actividad divertida, otra más, que te marca el corte de la acción de primera hora de la mañana al relax de segunda hora. Y así también compartes tu sufrimiento con los proyectos (porque allí nos juntamos to-dos).
Lo mejor de todo es esa mirada entre infantil y a la vez muy madura con un toque travieso de los pacientes cuando el médico les pregunta que quieren, y ellos simplemente responden:
"Ir a casa".


miércoles, 2 de diciembre de 2015

Criadas y señoras

Tras casi 3 semanas trabajando en el hospital he podido entrar en contacto con muchas personas, como el personal sanitario, y más importante, con los enfermos y sus familias.
A ellos les enseñas muchas cosas, pero de ellos también se aprende, y no poco precisamente. Lo que más aprendes es a valorar la salud. Porque siempre pensamos que somos imbatibles, y cualquier día puede tocarnos a nosotros.


Sin embargo, al ser unas prácticas tengo que aprender, sobre todo de enfermería. Es por eso que con quien más contacto he tenido es con ellos, los enfermeros.
Me he infiltrado en su hábitat natural, y tratando de pasar inadvertido la mayor parte del tiempo (no por librarme de trabajo malpensados) he llegado a conocer muchos aspectos y detalles sobre cada uno de ellos.
Cada persona es un mundo, pero cada enfermero es un brazo (tuerto) de una galaxia. Porque una persona normal tiene sus más y sus menos. Pero un enfermero vive en un ambiente no apto para seres vivos normales. El estrés, la tristeza del lugar y el cansancio van haciéndose notar en la experiencia de estos valientes y tras muchos años al servicio de la comunidad empiezan a sufrir numerosos efectos secundarios.

Lo que quiero decir es básicamente que si os gustó la entrada sobre los tipos de familiares (http://cronicasdeenfermeras.blogspot.com.es/2015/11/love-actually.html), espero que disfrutéis leyendo esta aproximación desde el punto de vista que me ha tocado a los tipos de enfermeros:
  • Profesora: es la profesora asociada de la unidad, que se encarga de dirigir y evaluar a los alumnos en prácticas durante su primer mes y medio de experiencia hospitalaria. Pero nunca está. Nunca. Te la han presentado un día en el que los astros se alinearon y apareció en tu turno, pero eso no ha vuelto a pasar. Apenas te acuerdas de ella, es solo una imagen borrosa en tu mente, pero una imagen borrosa que te va a poner la nota sin saber lo que has hecho y sin conocerte. Y tú te mueres de miedo.
  • Supervisora: es la supervisora de la unidad en la que trabajas o haces prácticas. Si aparece es que hay malas noticias, porque cuando todo va bien probablemente no aparezca. Y los problemas suponen más estrés y mala leche para todos los que te mandan a ti. Así que mal. Además de vez en cuando te recuerda que hay que gastar menos batas con las decenas de pacientes aislados que tienes. A jugarse la vida.
Cuanta sangre ji ji ji
  • Cachonda: esta enfermera se lo toma todo a broma. Todo. Y eso está bien, ¿no? Es menos agobiante y ayuda bastante. Pero cuando tú le estás haciendo una sangría a un paciente y ella se ríe no sabes si es que tú eres un inútil, si a ella le da igual que se te muera o si tu supuesta metida de pata es normal. Y al final se te contagia ese "buen-rollismo" y tú también te lo empiezas a tomar todo a coña. A veces demasiado.
  • Lista: es la enfermera lista. La que sabe. Pero que no solo se sabe los cientos de nombres que le dan a cada medicamento (¿Por qué?¿No nos llega con un maldito nombre sin sentido?), además sabe su función, vía de administración, compatibilidad con otros medicamentos, sabor... Es de suponer que es la "una entre un millón" que se volvió a leer los apuntes del primer año de carrera después de acabarla. El problema es que a veces te hace sentir un poco idiota. Pero tú eres feliz sabiendo que con ella cerca todo está solucionado.
No hagas ahora lo que puedes dejar para el turno siguiente.
  • Relajada: es la enfermera que vive en un sospechoso estado de relax crónico. Te planteas seriamente si consume algún tipo de droga (de ser cierto que la comparta, que parece que funciona bien). Si hay que hacer algo no pasa nada, puede hacerse luego, o no hacerse. Lo importante es ser feliz, así que tú copias su relajación. Sigue una filosofía de vida interesante, pero como filosofía de trabajo es más bien mala. Porque a primera hora te parece la mejor enfermera del mundo pero luego allí estás tú mirando el reloj desesperado a una hora de que se acabe tu turno y con todo todavía por hacer.
  • Frenética: la enfermera física y psicológicamente opuesta a la relajada. Cuando te toque con ella más te vale haber calentado antes del turno o llevar un Aquarius de bolsillo, porque lo vas a necesitar antes siquiera de haber pasado los controles de primera hora. La realidad es que no te toca con ella, te toca con su sombra. No persigues a la enfermera, persigues al rastro de polvo que dejó detrás cuando salió disparada hace 10 minutos. A veces vislumbras destellos de esta enfermera pero para cuando la alcanzas ya pasó a la siguiente habitación. Te hace sentir un poco solo. Y además lento. El problema es que aunque acabes tu trabajo se inventa nuevo trabajo para no parar. Seguramente el mundo iría mejor con más trabajadores como ella, pero tú te quedas con agujetas para toda la semana.
  • Desaparecida: se parece ligeramente a la enfermera frenética en el sentido de que aunque te haya tocado con ella probablemente pases más de la mitad del turno solo. Sin embargo no persigues su sombra, porque ni siquiera hay sombra. Se le ve de vez en cuando cruzar el pasillo entre dos puertas pero al segundo desaparece por periodos de tiempo sospechosamente largos. Aunque la sigas, ya no está. Se ha planteado la existencia de una sala de descanso secreta a donde va a tirarse en el sofá. Básicamente lo que hacemos nosotros pero en secreto.
  • Temporal: es la enfermera que está cubriendo alguna plaza por baja o similares, pero por alguna extraña razón va cambiando cada día. Con lo cual existe un componente de emoción sobre como será la que venga. Lo interesante es que no tiene ni idea de como funciona la unidad, con lo cual te compadeces de ella por recordarte a ti en tu primer día. Al principio te pide ayuda a ti para saber como trabajaban los últimos días y que hacían. Lo bueno es que en cuanto se estabiliza te empieza a explicar todo lo que hace, más que nada por asegurarse de que ella también sabe lo que hay que hacer. Suelen caerte bien así que te da pena que solo duren un día.
  • Presidenta: nada (y a la vez todo) que ver con el cargo del mismo nombre. Tiene una habilidad sobrehumana para delegar responsabilidades y tareas en cualquier otra persona. Está claro que esa otra persona vas a ser tú, justo cuando llega el medio día y te mueres por irte a tu casa. Y las tareas que te manda suelen ser aburridas o algo que vayas a hacer mal. Supone un problema, así que mejor pedir elecciones anticipadas y que te toque otra.
  • Borde: es un caso muy curioso de enfermera. Ella vive totalmente al margen de la idea de explicar a los alumnos de prácticas. Que te toque con ella es como que te toque con un bastoncillo. Tendrás suerte si te da los buenos días, eso significa que al menos reconoce tu existencia (pero no la valora). Va a pasar olímpica y paralímpicamente de ti, y cuando te des cuenta ya habrá hecho todas las cosas interesantes mientras tú marcabas la fecha de unos apósitos. Y no te va a avisar, así que si quieres ver algo espabila. Lo bueno es que si buscas tener un día relajado te viene bien porque ya lo va a hacer todo ella.
Hay muchos tipos de enfermeras, cada cual más extraña, pero divertida (casi siempre).
A pesar de todo comparten el deber de cuidar a los pacientes en sus peores momentos y mantenerlos lo más cómodos posibles durante su estancia. Bueno, también están todas muy un poco quemadas.