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sábado, 12 de diciembre de 2015

Pacientes e impacientes

Cuando estás en una unidad de cuidados paliativos ocurre algo curioso, y es que a pesar de estar en una unidad de hospitalización puedes marcharte un fin de semana (o un puente) y volver la semana siguiente encontrándote con que en casi todas las habitaciones hay pacientes nuevos.

Obviamente no te preguntas qué ha pasado con esos pacientes, ya te haces una idea aproximada, así que te dispones a ir conociendo a los nuevos.
Por lo general cuando hay ingresos conoces más a los familiares que a los pacientes, ya que estos suelen llegar ligeramente inconscientes, y lo único que puedes hacer es mirar para ellos y pensar "llegando así poco va a aguantar...".

Pero al cabo de unos días te sorprendes al ver que empiezan a mejorar y cuando van recuperando un poco de vida vas empezando a conocerlos. Algunos son gente realmente amable y simpática, que te agradecen todo lo que haces y siempre tienen una sonrisa para ti. Otros, bueno, no tanto...
A pesar de que cada paciente es un mundo y no he podido diferenciar una gran diversidad voy a hablaros de los tipos de pacientes con los que me he encontrado durante estas 3 semanas de prácticas.

  • El que está, pero no está: dentro de esta categoría se incluyen la mayoría de pacientes que hay en paliativos. Son los que están allí tumbados, casi sin moverse. Ya los reconoces por el número de habitación en el que están desde que tú llegaste. Nunca has escuchado ninguna palabra, al menos entera y en español, que haya salido de sus bocas. A pesar de ser los pacientes menos activos son los que más actividad exigen. Es sorprendente la capacidad que tiene alguno para absorber chutes de estupefacientes que dejarían en coma a un elefante. Y aunque hay días que parece que están fatal siguen aguantando con toda la fuerza que les queda. Son como esos abuelos que todas las navidades te dicen que esa va a ser su última y al final acabarán enterrándonos a todos...
  • El paciente, paciente: este tipo de paciente suele ingresar con un estado general bastante deteriorado, pero con el paso de los días va mejorando bastante. Son los que cuando pasas por la mañana te saludan, los que te vacilan, y con los que te diviertes. También son esos que siempre que pueden preguntan cuando podrán irse a casa, y tú casi que deseas que puedan irse, pero es muy, muy, muy difícil. El mejor momento es ese en el que finalmente le dan el alta, y tú vas a su habitación a despejarlos de todo lo que tienen enganchado o pinchado. Ahí sufres por si les haces una masacre y les obligas a quedarse allí más tiempo.

  • El paciente, impaciente: este es un grupo exclusivo de pacientes. No están inconscientes, pero en muchos momentos desearías que sí. A veces tú y tu mente perversa planeáis sedarlo para que deje de darte el coñazo. Es el paciente que empieza a pulsar el timbre como si no hubiese un mañana para decirte que los 10 litros de aire que le estás pasando por la mascarilla no le están llegando. Tú, precavido, lo compruebas y descubres que no solo sí le llega el oxígeno sino que tiene más concentración que tú, que tienes 50 años menos. Así que le dices que no se preocupe que no hay ningún problema. Pero te hace volver a la habitación, a ti y a 5 personas más con sus gritos, solo para decirte que sois una pandilla de incompetentes. Tú piensas como puede ser que una persona tan vulnerable tenga tanta fuerza para quejarse, así que sonríes y piensas que en vez de sedarlo vas a meterle un poco de cianuro potásico en el colacao de mañana.
  • El paciente doctor: le han diagnosticado una enfermedad, y para ponerse en situación se ha leído la Wikipedia. Todo perfecto, pero no se ha quedado ahí. También se ha visto enteras House y Anatomía de Grey, y entonces ahora se toma la libertad, no solo de comentar, sino de cuestionar todo lo que se le hace. Sugiere "amablemente" que deberíamos hacer lo que él propone porque ya sabe muy bien todo lo que le pasa y cómo solucionarlo y no necesita que nosotros aportemos ideas con nuestros conocimientos absurdos. Básicamente se ríe de lo que todo el personal ha estudiado y decide que leer 3 páginas de internet es más efectivo. Lo más rápido es darle la razón pero hacer lo que a ti te de la gana.

  • El paciente curioso: este no tuvo tiempo de leer la Wikipedia ni de ver la televisión después de que le diagnosticasen la enfermerdad, así que ahora se preocupa por conocer su estado de salud. Si tiene fiebre, lo quiere saber. Si no, también. Y cada vez que se le enchufa medicación quiere saber qué es y para qué sirve. Esto te pone en un aprieto a ti, que te cargan con bolsas de líquidos diversos y tú sin tener ni idea de qué son vas repartiendo por toda la planta. Cuando te preguntan qué le hace lo que le estás poniendo, tú tiras de genéricos y le sueltas un "esto es <<introducir el primer nombre que leas en la bolsa>>, que va bien 'pá todo', así en general".

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Vuelve a casa por Navidad

Ya estamos en diciembre y poco a poco se van acercando ya las ansiadas vacaciones de Navidad. Después de 3 semanas de prácticas la llegada de unas vacaciones es algo más que apetecible.

La navidad es esa maravillosa época del año en la que las familias se reúnen y disfrutan juntas de unos días de felicidad, regalos, amor y muchas cosas bonitas más, según lo que he podido averiguar en una reciente investigación cinematográfica que he realizado.
Dejando de lado el cine americano, aquí sabemos que ha llegado la navidad porque cada vez hace más frío, aparecen los turrones y las luces de navidad y el esperado anuncio de la lotería sale a la luz. También sabemos que se acerca porque en la comida los entrantes se toman amaneciendo y para los postres ya hay "sol de tarde". Este año además se le suma una espléndida campaña electoral para darle más emoción a unas fiestas que no la necesitaban.

Entrando en el tema en cuestión, a pesar de que aquí no vivamos las navidades con ese entusiasmo y ese empalago norteamericano, sí que es bastante común que en estas fiestas te juntes con la familia después de algo o mucho tiempo, y a pesar del estrés y el agobio es algo que forma parte de nuestra rutina de todos los años. Las navidades están para pasarlas en compañía.


Sin embargo en el hospital esto no ocurre.
Si ya trabajando allí casi ni te enteras de que está llegando la navidad, cuando estás ingresado en un hospital pierdes totalmente la noción del paso de los días y los meses. Allí todos los días siguen la misma rutina, con un nivel de alegría más bien justo.

Puede ser que en unidades de pediatría o en oncología pediátrica tengan la humanidad de alegrar los pasillos y poner adornos y regalos para hacer a los niños más ameno el horror de estar ingresados en navidades. Es normal, ya bastante horrible es para un niño.

Inundación de navidad en paliativos.

Pero para los demás, sobre todo en una unidad de cuidados paliativos, pasar las navidades en un hospital no es agradable. Ni para los enfermos que están (más o menos) conscientes, ni para las familias.
Porque esos familiares que están acompañando a pacientes casi en coma están solos, no tienen ningún tipo de compañía, y hay muchos que vienen desde varios puntos de la provincia dejando allí al resto de sus familias.

Puede ser que mientras estén allí coincidan con otro familiar del tipo "abuelita visitadora" (de esta aún no os he hablado) y así se entretengan algo, pero a pesar de eso siguen estando solos. Y son los hijos, hermanos, cónyuges de personas que, nos guste o no, ya no van a estar ahí dentro de unas semanas.
Así que ante la llegada de las festividades navideñas cada vez que entras en una habitación, ves como se te acerca un familiar, tímido, receloso, esperanzado, que te dice así como quien no quiere la cosa... "Mira, y para cuando sería posible que volviese a casa...?".
Tú, con toda la humanidad que te cabe en el cuerpo les dices que en el estado en el que se encuentra el paciente difícilmente puede salir al pasillo, ya no digamos irse a casa.
Y cada día que pasa deseas que los pacientes mejoren para poder echarlos de allí y que se vayan a pasar la que puede ser su última navidad con sus familias.


domingo, 6 de diciembre de 2015

Si no lo veo, no lo creo.

Estamos de vacaciones!! (sólo son 4 días de puente, pero cómo se agradecen).

Es curioso cómo algo empieza a formar parte de tu vida en tan poco tiempo. Llevamos solamente 3 semanas de prácticas y se ha convertido en rutina, y no lo digo en el mal sentido de la palabra, sino en que es muy fácil acostumbrarse. Hay que hacer ciertos sacrificios, acostarse temprano, madrugar... Los jueves han pasado de ser los días de fiesta a ser los días de cena tranquilita hasta las 12, creo que podréis haceros una idea con esta conversación en la que invitábamos a unos amigos a cenar:



Sí, bastante triste, lo sé.

En fin, yo os iba a hablar de lo mucho que me impactó un caso que he vivido, en el que los médicos descubrieron un tumor cerebral con el TAC de un paciente que se había caído y se había dado un golpe en la cabeza. El TAC se hizo para ver si el golpe había causado algún daño cerebral, pero las casualidades de la vida hicieron que gracias a ese golpe se descubriera ese tumor. Tal vez en otras circunstancias no se habría descubierto hasta mucho tiempo después, cuando comenzasen a aparecer los síntomas y puede que fuese ya demasiado tarde.
A mí estas cosas personalmente me asustan, el pensar que estás sano y que de repente descubras que no lo estás, y que lo averigües no por tener los síntomas de la enfermedad, que dándose así el caso aún puedes esperarte algo, sino porque estés buscando otra cosa...
Con este tipo de casos, no me extraña que haya tanta gente hipocondríaca en el mundo.